martes, 17 de agosto de 2021


 

FEMENINO Y SINGULAR

Cae la tarde y el viento, que tras la puesta de sol será un azote, es ahora un regalo tras estos días de calor asfixiante. Llevo unos viejos shorts, unas sandalias de campo que me compré el año pasado, más apropiadas para el verano y que además evitan ese moreno de ciclista que me dejaban los calcetines en las piernas, y una camiseta de esas de sisa desbocada que te dejan los hombros descubiertos y se te ven los tirantes del sujetador, con la vergüenza que nos daba de pequeñas. Claro que entonces la lencería sugerente se consideraba cosa de busconas, y no como ahora, que las niñas llevan esas camisas transparentes encima del sujetador de encaje, que algunos dicen que parecen prostitutas pero a mí me encanta, porque hay cosas que si no te las pones a los veinte años ya me dirás tú a mí cuándo te las vas a poner. He salido de casa con un moño pero me lo he soltado. Hace poco me teñí el pelo de rojo y me gusta llevarlo al viento y ver las mechas carmesí delante de mis ojos cuando el aire las empuja. Camino a campo abierto, sola, por una zona con casetas aunque poco transitada. Perdí el miedo hace tiempo, tras el confinamiento creo, que fue cuando tomé conciencia de la angustia del encierro y decidí que no hay nada más importante que la libertad. Y que malo será, como he pensado siempre, que con toda la gente que hay en el mundo la china del psicópata vaya a tocarme a mí. Apenas hay nubes. La temperatura es agradable y pienso en lo que haré al llegar a casa: editar este texto, música, la ducha, una peli, una cerveza... y tal vez a la noche un paseo por el puente para ver si aparecen las efímeras. El otro día una amiga me preguntó si no me daba miedo ir sola al puente por la noche y le contesté que no, que pasan muchos coches y además por esa zona conozco a todo el mundo. Y que me gusta ir y no estoy dispuesta a renunciar a ello por no tener quien me acompañe. Pienso en ello y celebro, una vez más, mientras disfruto de la caricia del sol y de la visión de la sombra en el suelo de mis cabellos balanceados por el cierzo, la suerte de que la rueda del destino me dejase caer aquí.

Y no en Afganistán.

#SafeCreative Mina Cb

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