sábado, 19 de agosto de 2017

La imagen puede contener: cielo, crepúsculo, naturaleza y exterior 


 ESTRELLA ERRANTE

Qué pereza volver a las andadas;
a sacar una copia de las llaves,
a organizar de nuevo los armarios,
a alternar a los suegros con los padres...

Qué pereza pensar en las comidas,
en dónde ir a cenar en Navidades,
en los amigos bordes, en las siempre
incómodas trifulcas familiares...

Qué pereza tirar de mensajitos
en plan “Acuéstate, llegaré tarde”,
tener que recoger las zapatillas,
cerrar la puerta cuando vas al váter...

Qué pereza buscar almas gemelas
pudiendo seguir siendo estrella errante...
Qué tremenda pereza, a estas alturas
da pensar en volver a enamorarse.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 18 de agosto de 2017

 


ACOSTUMBRARSE

Millones de personas conviven a diario con el terror. Se saben candidatos a morir en cualquier lugar y a cualquier hora, zas, pasar por allí y tener la mala pata de cruzarse con el loco o con la bala. Así es la cosa. Despertarse en la cama, echarse al estómago un café y salir al mundo. A buscarse el currusco. A hacer recados. A llevar a los niños al colegio. Esas cosas que todos hacemos cada día. Y encontrar a la muerte en el camino y no volver. Y la familia esperando con la sopa en el plato. Llamando al móvil sin parar y sin que les respondan. Y olerse lo peor. Porque hay territorios en los que lo peor es lo que más se huele. Y largarse al lugar de la catástrofe buscando pistas entre los escombros. Y correr tras las camillas para ver los rostros de las víctimas. Y desear que no sea uno de los bultos embolsados que yacen en el suelo. Y gritar y sentir que tu garganta no es distinta de decenas de gargantas que gritan por la misma causa y en el mismo sitio. Y vivir tu dolor con el desasosiego de saber que no van escucharte. Que de nada sirve. Que eres solo uno más entre la masa de fantasmas dolientes que lloran a sus muertos sin que nadie haga nada. Y contemplar en torno a ti los rostros de personas habituadas a presenciar esas escenas a diario. Solidarias pero anestesiadas. Así es el ser humano. Instinto de supervivencia lo llaman. Así es como se refieren a la capacidad del cerebro para “normalizar” lo que no debería ser normal. Para habituarse a la tragedia y continuar viviendo. Para que la razón se imponga al sentimiento y la persona sea capaz de acostumbrarse.

Acostumbrarse.

Ahí reside el peligro.

#SafeCreative Mina Cb

No nos acostumbremos.

jueves, 17 de agosto de 2017

No hay texto alternativo automático disponible. 



AS DE CORAZONES

No sé si el devenir del universo
guarda un as en la manga
que pondrá ante mis ojos algún día.

Solo puedo decir que, de momento
no conozco otra magia
que el brillo turbador de tu sonrisa.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 16 de agosto de 2017

No hay texto alternativo automático disponible. 



MATERIALIZAR LO VIRTUAL

Cada cual a lo suyo. Es esa la impresión que saco cuando abro esta ventana y me tropiezo con delirios, devaneos, miserias y pasiones varias. Cada cual a lo suyo y en su nido, pero todos surcando el mismo cielo azul marino con una banda lateral derecha que nos dice a quién le gusta qué. Aunque no nos importe. O mejor dicho, nos importe una mierda. Todos somos artistas: de la vida, del pincel, de la palabra, de la imagen, del deporte… en el mundo virtual todo está permitido. Hasta mentir. Hasta estafar. Hasta fingir ser otro y luego negarse a dar la cara. Hasta mantener interminables charlas con personas conocidas y luego no ser capaces de saludarnos cuando nos vemos por la calle porque, como se dice en las altas esferas, no hemos sido presentados, Y seguir con las confidencias a golpe de chat, protegidos de todo lo dañino, pertrechados tras las teclas y el cristal. En casa quietos. Seguros de que así nada ni nadie podrán hacernos daño.
Claro que a veces se da la circunstancia de que alguien nos llama la atención en medio de esta jungla. Por lo que sea. Porque ha elegido un alias que nos sorprende, porque ha colgado un texto que nos maravilla, porque se he currado una imagen que nos deja ojipláticos, porque ha compartido una canción que nos trae a la memoria un momento inolvidable… o simplemente porque tiene pinta de ser buena persona. Y vamos a su muro y le echamos un vistazo, ratón arriba ratón abajo, y al fin pulsamos sobre “añadir a mis amigos” y ya está. A esperar que nos acepte. O no. Y luego, como en la vida real, nunca se sabe. A veces esa primera impresión permanece bidimensional para los restos y otras se convierte en cafés interminables, asociaciones culturales, quedadas hasta las tantas de la madrugada, iniciativas solidarias, amigos para siempre, oenegés para dar acogida a animales enfermos e incluso abrazos que casi te hacen desaparecer del mundo.

De todo hay en la viña de Facebook.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 15 de agosto de 2017

 


INCOMBUSTIÓN

Del mismo modo que las llamas se apagan
asfixiadas
al detenerse el viento
y quedar presas las ramas
amontonadas entre las piedras que sirvieron de trinchera

puede ahogarse un corazón
abrumado por el peso del afecto.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 14 de agosto de 2017

La imagen puede contener: cielo 



LUNAR

Ganas de irse del mundo un par de días,
de mandar a la mierda a todo cristo,
de dejar de aguantar a tanto listo,
de partirles la cara a un par de arpías.

Ganas de cometer mil fechorías,
de contratar a sueldo al anticristo,
de preferir no hablar de lo que has visto,
de pensar en tumbarse entre las vías.

Yo prefiero achacarlo al movimiento
de la luna fantástica y remota
que no se queda quieta ni un momento.

Pero a veces confieso que me brota
el negro y recurrente pensamiento
de que sobra en la Tierra mucho idiota.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 13 de agosto de 2017

 


DE CUANDO NOS PERDÍAMOS

Hubo un tiempo en que fuimos felices. En que los viajes eran aventuras. Pero aventuras de verdad. O sea que requerían una planificación, un esfuerzo, un trabajo que convertía su preparación en algo excitante. Empezabas a soñar con las vacaciones un par de meses antes; te pillabas la guía de cámpings de la biblioteca, le chorabas la del trotamundos a un colega, preguntabas a todos tus amigos cuál era el chiringuito donde las birras eran más grandes y más baratas. Y cuando llegaba el día señalado, te echabas a la ruta como quien se echa al monte, sin tener muy claro cuál iba a ser tu destino, muerto de la excitación y del sueño después de haber pasado la noche entera marcando con rotuladores de colores las rutas que tenías que seguir en aquel pedazo de mapa. Que eso no eran mapas de carreteras, eso eran sábanas de hotel de cinco estrellas. Que desplegar aquello sobre el salpicadero en plena ruta tenía más peligro que conducir hasta las trancas de cubatas. Que creo yo que aquellos mapas y el Heraldo de Aragón son los responsables de la deforestación de la Amazonia.

El caso es que, como decía, tú sacabas el armatoste aquél, se lo ponías en las manos al copiloto y pasabais los dos un viaje la mar de entretenido; él intentando seguir la ruta pese al bamboleo ocasionado por los baches y tú discutiendo sus instrucciones porque se daban de bruces con los indicadores de la carretera. La cosa era más o menos animada dependiendo de cuántos tripulantes llevabas a bordo; cuantos más viajeros, más rutas posibles. Todos conocían el camino mejor que tú. De modo que, cuando ya se te erizaba el moño de oír eso de “si condujese yo ya habríamos llegado”, parabas el coche en mitad de la subida de Azpíroz (cuando Azpíroz era Azpíroz y no esa mariconada en que se convirtió con la autovía) y le decías al listillo: “Vale… pues conduce tú”
Y entonces asumías el rol de copiloto tocahuevos. Y te pasabas el resto de la ruta “Mete 4ª”. “Acelera”. “Frena que te vas a tragar el camión a la bajada del puerto”. “Oye, tú el día que explicaron lo de la distancia de seguridad no fuiste a la autoescuela, ¿no?”. Y le discutías la ruta, diciéndole que era la tercera vez que pasabais por el mismo punto, y que a lo mejor, y sólo a lo mejor, os habíais perdido. Y el otro que no, que ibas a saber tú más que SU mapa, que decía que había que seguir esa dirección. Y tú que igual su mapa estaba un poco trasnochado, porque era de cuando todavía existía Castilla la Vieja… Y así hasta que la visión del inconfundible fogonazo de los hombrecitos verdes os dejaba mudos. A 120 en un tramo de 80. Y ya no abríais la boca hasta que llegaba medianoche y no quedaba abierta ni una mala gasolinera donde pararse a preguntar y teníais que aparcar donde fuera y dormir en el coche. Y a la mañana siguiente, entumecidos pero más espabilados, arrancabais el motor y veíais, a plena luz del día, que habíais aparcado justo en frente del puñetero camping que no habíais sido capaces de ver. Y a la vuelta de las vacaciones contabais la aventura a todos vuestros amigos, y a los compañeros de trabajo, y a la familia, y a los de la cola del súper, y al panadero….

Pero aquello se acabó. La modernidad nos ha fabricado un copiloto mandón, infalible y aburrido que nos da órdenes con su voz metálica, nos riñe si no le hacemos caso, nos advierte si nos aproximamos a un rádar. Y nos reprende si vamos demasiado rápidos, que algunos te pegan un toque de campana que se te ponen los pelos como escarpias. Y creo que hasta tosen cuando fumas.

En cuanto al copiloto, desprovisto ya de función, se pasa el viaje dormitando, tecleando mensajes por el whatsapp, tocando los botones del salpicadero y haciendo aviones de papel con las hojas del mapa de carreteras.
 
Ya va por Castilla la Nueva.
La provincia donde estaba Madrid.

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 12 de agosto de 2017

 



 AÚN ES POSIBLE MORIR DE AMOR

Era atractivo, sensible y romántico. Le gustaban los animales y pasear a la luz de la luna. Y para variar, no era un sinvergüenza sin oficio ni beneficio, tónica habitual en la clase de hombres a los que ella atraía normalmente. De hecho, a cada momento se preguntaba por qué se había fijado en ella, que era tan vulgar, tan modosita… tan poca cosa.
O al menos así es como siempre se había sentido.

Fue un amor a primera vista, o mejor dicho a primera tecla. Un ciberflechazo. Porque el hombre perfecto tenía un pequeño defectillo… Estaba a casi mil kilómetros de distancia.
Pero ni siquiera ese detalle fue un obstáculo para que siguieran adelante con su amor. Y menos en la era del smartphone.

Se hallaban en ese primer periodo de embobamiento en el que se intercambian corazones y en que las conversaciones telefónicas se eternizan en un “Te quiero… cuelga tú; no, yo te quiero más, cuelga tú primero”. Y es que un adulto enamorado es igual de empalagoso que un adolescente con la diferencia de que tiene más pasta para pagar las facturas del teléfono. Y como eran un par de románticos se les iba el día en llamadas, fotos tomadas delante del espejo y mensajitos por el whatsapp.

Tenían proyectada una fecha para verse. Él iría a visitarla en breve. Habían quedado en una plaza céntrica. Ella había buscado un garaje para su coche cerca del lugar. Iba ensimismada, entusiasmada… feliz. El teléfono vibró. Él estaba a punto de llegar, guiado por el gps. Ella le respondió que lo esperaba en el lugar acordado. Le mandó un corazón. Él le envió otro y una cara sonriente. Ella tecleó “te quiero”. Él respondió ”yo a ti más”. Ella “mentira, yo mucho más”. Él “de eso nada, fui yo quien empezó tirándote los tejos”. Y ella “pero yo ya me había fijado en ti, so tonto…”. Y él otra vez “te quiero”. Y ella “yo más”.

No vio el semáforo. Ni el coche que venía de frente haciendo eses porque su conductor iba mandando mensajes por el móvil.
El impacto fue brutal.
La policía llegó unos minutos más tarde. Levantaron los cadáveres y elaboraron un informe que hablaba de imprudencia, de descuido, de pérdida del control del vehículo.

Pero todo es falso.

Murieron de amor.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 11 de agosto de 2017

La imagen puede contener: exterior 



SEQUÍA

La inspiración se pierde a veces
en páramos desiertos

y vaga a pleno sol,
ausente y desnortada,

en dirección contraria a nuestros pasos.

Y no sirve de nada el reclamarle
su inmediata presencia
ni el gritar al espacio
y dejar que el vacío nos devuelva los ecos
de poemas antiguos

y ya deletreados.

Solo queda tumbarse,
dejar morir los huesos un instante,
dormitar en la sombra a mediodía,

emborracharse casi cada noche

y cabalgar a lomos del desorden
sin silla y sin espuelas
el viento golpeándonos la cara
y el cabello enredado
perdiendo su color a cada instante.

Hasta quedar exhaustos,
vacíos,
derrotados...

ganosos de rutina y anhelantes
de paz y de silencio.

Y solo entonces

ella nos reclama.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 10 de agosto de 2017

La imagen puede contener: una persona 


 LA REALIDAD MÁS PRÓXIMA

Pese a las advertencias de su mujer, Andrés llevaba meses negando la evidencia, mirando hacia otro lado, no queriendo enfrentarse con la realidad, diciéndose que estas cosas les pasaban a los otros pero nunca a él, que era demasiado joven, que había de tratarse de algo transitorio, que seguro que si tenía un poco de paciencia el problema iba a solucionarse solo.
Pero no fue así. Bien al contrario, el asunto acabó tomado un cariz tan dramático que una noche, al acostarse, descubrió que le era imposible entregarse con normalidad a su actividad favorita.

De modo que a la mañana siguiente, por fin, decidió afrontar los hechos y acercarse a la farmacia.

El diagnóstico fue determinante:

Dos dioptrías nada menos.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 9 de agosto de 2017

La imagen puede contener: cielo, planta y exterior 


AÉREO

Un espacio consciente y limitado
donde las emociones se condensen
y el tiempo fluya a sorbos
y el deseo se ajuste a la palabra
y la mente se ensanche y se divida
y el futuro discrurra
en pos de los segundos.

Y no haya previsiones
ni trazos de nostalgia...

No parece mal plan.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 8 de agosto de 2017

 


 LO DEJO TODO...

Si tú me dices ven

aprendo a cocinar
ordeno los armarios
aparto la escritura
desatasco el lavabo
cepillo los sillones
engordo varios kilos
escucho radio tres.

Si tú me dices ven

me arreglo la melena
me olvido de los tacos
me adecento las uñas
me blanqueo las manchas
me visto de señora
me acuesto más temprano
reprimo mis impulsos.

Si tú me dices ven

al margen de mí misma
te aseguro que, al poco,
soy yo la que se va.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 7 de agosto de 2017

La imagen puede contener: una o varias personas 


 EL BAILARÍN

Nos encontramos por primera vez en alguno de los actos que menudeaban a lo largo del inicio de los ochenta, la década prodigiosa en que veníamos de inventar la libertad y las viejas prohibiciones habían caído sin dar aún lugar a que se dictasen las que las sucedieron.

Me sorprendieron su simpatía, su apertura de mente y esa mal disimulada pluma que su raza había tenido a bien admitirle un tanto a medias debido sobre todo a su genialidad. Dicen que su timidez se fundía al subir al escenario, que era un bailarín de una sensibilidad extraordinaria al tiempo que un modestísimo y excelente profesor de flamenco.

Hablábamos en aquellas tertulias de medio artistas de los sueños de cada cual: todos queríamos irnos al Sur, que hacía más calor y estaban el Mediterráneo, la Alhambra y el teatro de Mérida. Y toda la magia de un pasado más romántico que el del adusto Norte.

Se fueron esos tiempos de quimeras y nos sumergimos todos en la triste y prosaica realidad; algunos de aquellos lunáticos tertulianos partieron en busca de sus sueños, otros nos mantuvimos unidos por un tiempo y los más se sumergieron en la vorágine de sus carreras, sus familias y sus segundas viviendas en la playa.

Hace algún tiempo lo vi. Lo hacía lejos; pensé que había sido de los afortunados que escaparon al marasmo de este pueblo con ínfulas de cuidad, de aquellos a quienes sus ilusiones nunca abandonaron. Nos cruzamos cara a cara en una calle estrecha. Lo saludé tímidamente y él me respondió con una triste sonrisa desvaída. Caminaba apoyado en dos muletas, pegado a la pared, calculando trabajosamente cada paso, un pie y el otro y a un tiempo los bastones… los brazos… el cuerpo basculando torpemente.

Y me cagué un millón de veces en el destino, o en la providencia, o en el todopoderoso, o en aquél o aquéllo que había rellenado de plomo las suelas de ese hombre que un día tuvo alas en los pies.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 6 de agosto de 2017

 



PARADOJAS

A veces la perfección
consiste en asumir lo inacabado,
en dejar de correr tras lo imposible
y mirar al presente
con el entusiasmo de un niño
que todo lo descubre.

A veces la perfección
consiste en escuchar el ritmo de la vida
dormitando en las pausas
con un ojo cerrado solamente
para así no perderse ni un detalle.

A veces
la perfección consiste
en una sucesión de imperfecciones
que conforman el cuento
que nunca hemos dejado de escribir.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Alex Ro

sábado, 5 de agosto de 2017

La imagen puede contener: guitarra 


MESTIZAJE

Creo que no hay mejor escuela que la admiración. Lo he venido constatando a lo largo de este verano un tanto intenso y bastante caluroso, que invita a estar en la terraza de un bar hasta las tantas y te permite así coincidir con la inquieta fauna nocturna que pulula por cierta zona cuyo nombre no voy a mencionar. Hace dos noches pasé la velada boquiabierta: un grupo de músicos de diverso estilo y procedencia coincidieron allí con tres guitarras de las menos malas y en lo que la tarde tarda en convertirse en madrugada le dieron al flamenco, al pop, al blues y al rock and roll... Y una vez más, mientras los contemplaba, silenciosa y feliz, me repetí que lo que nos hace converger no es la edad, ni la raza, ni la posición social, sino las inquietudes. Que poco importa que tu carnet de identidad cuente veinte o setenta mientras tropieces con gente a la que el espíritu se le ilumine con las mismas cosas que a ti.

Pero no es esta mezcolanza de etnias lo que más me flipa. En absoluto. Lo que de verdad me asombra, y hace que ciertas escenas se me graben a fuego en el cerebro, es todo lo que son capaces de aportarse; ese respeto hacia lo ajeno, ese intento de mezclar tendencias, ese desenfado con que la guitarra va de mano en mano, cambiando de sonido al ritmo de otros dedos... y sobre todo las miradas: los ojos hipnotizados ante la presencia del maestro. La admiración que se refleja en el semblante de un chaval de veintipocos que acaba de hacer algo de los Rolling y de pronto se queda como un bobo, fascinado y atónito ante el experto rasgueo de un gitano tocado por la magia de los dioses. Eso es lo que realmente me emociona: más que la música y la mezcla de culturas, más que lo variopinto de los ritmos; más que lo desigual de las edades... Me emociona hasta la lágrima ver esas expresiones en las caras de chiquillos que han pasado media adolescencia en un conservatorio y que se dan cuenta de repente de que no tienen ni idea: de que esos acordes no se los ha enseñado nadie; de que esa forma de tocar no la dan ni el pentagrama ni los métodos; de que probablemente, en el transcurso de toda su puñetera vida, no serán capaces de tocar así. Y no obstante los miran, alelados, y colocan la mano en torno al mástil sin perder de vista al otro, y lo intentan de nuevo mientras el instructor sonríe, paciente y complacido, y les indica cómo hay que poner los dedos... y lo hace honestamente, con generosidad, sin temor de que el otro pueda superarlo y desprovisto del menor atisbo de arrogancia; sabedor de que el arte es un camino a cielo abierto a través del cual los más versados han de guiar, en sus inicios, a los curiosos e infatigables principiantes.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 4 de agosto de 2017

 


 SIN EXCUSA

Atrás quedó ya el tiempo del reproche,
del llanto desbocado a cada instante,
de no poder mirar hacia adelante,
de contar los minutos cada noche.

Ya pasó la estación del desengaño,
de la lanza afilada y el veneno,
de confundir lo malo con lo bueno,
de ensuciar el amor y hacernos daño.

Ha llegado el momento del sosiego,
del perdón que sutura las heridas,
del “adiós” sin complejo de “hasta luego”.

Seamos, pues, dos almas convencidas
de que ya no hay excusa para el juego
y sigamos en paz con nuestras vidas.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 3 de agosto de 2017

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BURBUJAS

Existe un rincón en el fondo del alma donde duermen todas las preguntas que nunca nos hicimos, bien por temor o bien por desconocimiento. Cada una de esas cuestiones se halla encapsulada dentro de un capullo, una pupa protectora en cuyo interior se atrincheran nuestras inseguridades y nuestros miedos, los cuales pueden permanecer ahí, como nidos de golondrinas, amarrados al sitio, molestos parásitos que nos impiden ser felices, incluso hasta el final de nuestras vidas. A no ser que un día, de repente, recibamos la señal y se produzca un terremoto interior que haga moverse la sólida estructura, y las preguntas vayan saliendo al exterior, líquidas y humeantes como pompas de jabón, y floten a nuestro alrededor, suspendidas en el aire hasta colocarse delante de nuestros ojos, momento en el que estallarán una tras otra, e iremos viendo cómo esos elementos que hasta ayer nos atormentaban y nos impedían avanzar se descomponen delante de nuestras narices, plop, plop… y se disipan, atomizados, en la atmósfera, polvo eres y en polvo te convertirás, y cómo todas esas asquerosas pupas que nos oscurecían la razón se van convirtiendo primero en grises gusanos repulsivos y más tarde en coloridas mariposas que alzan el vuelo, juguetonas y bellas, y se pierden, despreocupadas, en pos de las cortinas de luz que el sol del atardecer dibuja entre los árboles en primavera, llevándose prendidos de sus alas los jirones de todos aquellos miedos que dormían pegados a nuestras almas pesarosas y que, poco a poco, habían ido ensombreciendo nuestras vidas hasta casi aniquilarnos y matar nuestra ilusión.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 1 de agosto de 2017

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BREVE TRATADO ACERCA DE LOS BESOS

Creo que una de las cosas que perdemos al iniciar la vida adulta es la afición por los besos. No por los afectuosos, sino por los otros. Por los de verdad. Los besos labio a labio, diente a diente. Y es que parece que una vez que descubrimos otras zonas que besar y que morder se nos olvida la importancia de un beso bien dado. Sobre todo si llevamos en pareja mucho tiempo. Con la misma persona quiero decir. Y ya besamos de cualquier manera. Cuatro lametones y hala, al lío, rumbo al Sur que es donde está la miga.

Yo, no me ruboriza confesarlo, he llegado a extrañar esas sesiones de besos en los reservados de las discotecas, cuando nos pegábamos horas mirándonos y comiéndonos la boca. Y tocando lo que se podía. Que no era demasiado en esas circunstancias de padres severos que jamás nos hubiesen consentido usar la habitación para otra cosa que no fuera dormir. Y solos, desde luego.

Pues eso. Que echo de menos los besos dados con el alma, y no esos actuales, que parecen a veces una mera gestión protocolaria. Y es que en esto del beso hay mucho manazas. O bocazas más bien. Mucho áspid con la túrmix hiperrevolucionada que se cuela casi sin pedir permiso y sin el indispensable requisito de mirar a los ojos de antemano. Que los besos, al menos el primero, tienen que ir con rebote. Quiero decir que han de estar precedidos de un indicio, de un tímido esbozo que nos dé a entender que el otro está dispuesto. Porque hay veces que, por muchas señales que a uno le parezca ver, la otra boca no está por la labor. Y cuanto menos se meta la lengua menos se mete la gamba si hemos de ser claros. Y luego hay bocas que no están hechas la una para la otra. No se sabe por qué pero se siente. Son esos besos raros que no encajan por mucho que nos empeñemos. Que nos resultan ásperos, o muy acelerados, o demasiado torpes. Y luego ya está el tema de los hábitos adquiridos. Cuando cambias de boca tras haber bebido durante mucho tiempo de la misma. Y te cuesta hacerte a la nueva. Es un poco como estrenar zapatos. Aunque sean buenos y no rocen. Que lo notan los pies.

Hay, sin embargo, bocas que se ensamblan a la perfección desde el primer instante. Bocas que parecen llevar toda la vida buscándose. Y que se reconocen en el momento en que se encuentran. Y necesitan besarse de forma natural. Y son estos los besos más bonitos y perfectos, esos que hacen que el mundo se detenga y suenen violines a nuestro alrededor. Los que nos paralizan y tras los cuales podríamos morir plácidamente... aquellos que nos recuerdan a otros besos antiguos, tímidos besos inocentes y mullidos que dimos allá por la prehistoria de la vida, ese tiempo inconsciente en el que aún no habíamos hollado el húmedo terreno al que nos acaban conduciendo los besos con frecuencia.

#SafeCreative Mina Cb