sábado, 19 de agosto de 2017

La imagen puede contener: cielo, crepúsculo, naturaleza y exterior 


 ESTRELLA ERRANTE

Qué pereza volver a las andadas;
a sacar una copia de las llaves,
a organizar de nuevo los armarios,
a alternar a los suegros con los padres...

Qué pereza pensar en las comidas,
en dónde ir a cenar en Navidades,
en los amigos bordes, en las siempre
incómodas trifulcas familiares...

Qué pereza tirar de mensajitos
en plan “Acuéstate, llegaré tarde”,
tener que recoger las zapatillas,
cerrar la puerta cuando vas al váter...

Qué pereza buscar almas gemelas
pudiendo seguir siendo estrella errante...
Qué tremenda pereza, a estas alturas
da pensar en volver a enamorarse.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 18 de agosto de 2017

 


ACOSTUMBRARSE

Millones de personas conviven a diario con el terror. Se saben candidatos a morir en cualquier lugar y a cualquier hora, zas, pasar por allí y tener la mala pata de cruzarse con el loco o con la bala. Así es la cosa. Despertarse en la cama, echarse al estómago un café y salir al mundo. A buscarse el currusco. A hacer recados. A llevar a los niños al colegio. Esas cosas que todos hacemos cada día. Y encontrar a la muerte en el camino y no volver. Y la familia esperando con la sopa en el plato. Llamando al móvil sin parar y sin que les respondan. Y olerse lo peor. Porque hay territorios en los que lo peor es lo que más se huele. Y largarse al lugar de la catástrofe buscando pistas entre los escombros. Y correr tras las camillas para ver los rostros de las víctimas. Y desear que no sea uno de los bultos embolsados que yacen en el suelo. Y gritar y sentir que tu garganta no es distinta de decenas de gargantas que gritan por la misma causa y en el mismo sitio. Y vivir tu dolor con el desasosiego de saber que no van escucharte. Que de nada sirve. Que eres solo uno más entre la masa de fantasmas dolientes que lloran a sus muertos sin que nadie haga nada. Y contemplar en torno a ti los rostros de personas habituadas a presenciar esas escenas a diario. Solidarias pero anestesiadas. Así es el ser humano. Instinto de supervivencia lo llaman. Así es como se refieren a la capacidad del cerebro para “normalizar” lo que no debería ser normal. Para habituarse a la tragedia y continuar viviendo. Para que la razón se imponga al sentimiento y la persona sea capaz de acostumbrarse.

Acostumbrarse.

Ahí reside el peligro.

#SafeCreative Mina Cb

No nos acostumbremos.

jueves, 17 de agosto de 2017

No hay texto alternativo automático disponible. 



AS DE CORAZONES

No sé si el devenir del universo
guarda un as en la manga
que pondrá ante mis ojos algún día.

Solo puedo decir que, de momento
no conozco otra magia
que el brillo turbador de tu sonrisa.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 16 de agosto de 2017

No hay texto alternativo automático disponible. 



MATERIALIZAR LO VIRTUAL

Cada cual a lo suyo. Es esa la impresión que saco cuando abro esta ventana y me tropiezo con delirios, devaneos, miserias y pasiones varias. Cada cual a lo suyo y en su nido, pero todos surcando el mismo cielo azul marino con una banda lateral derecha que nos dice a quién le gusta qué. Aunque no nos importe. O mejor dicho, nos importe una mierda. Todos somos artistas: de la vida, del pincel, de la palabra, de la imagen, del deporte… en el mundo virtual todo está permitido. Hasta mentir. Hasta estafar. Hasta fingir ser otro y luego negarse a dar la cara. Hasta mantener interminables charlas con personas conocidas y luego no ser capaces de saludarnos cuando nos vemos por la calle porque, como se dice en las altas esferas, no hemos sido presentados, Y seguir con las confidencias a golpe de chat, protegidos de todo lo dañino, pertrechados tras las teclas y el cristal. En casa quietos. Seguros de que así nada ni nadie podrán hacernos daño.
Claro que a veces se da la circunstancia de que alguien nos llama la atención en medio de esta jungla. Por lo que sea. Porque ha elegido un alias que nos sorprende, porque ha colgado un texto que nos maravilla, porque se he currado una imagen que nos deja ojipláticos, porque ha compartido una canción que nos trae a la memoria un momento inolvidable… o simplemente porque tiene pinta de ser buena persona. Y vamos a su muro y le echamos un vistazo, ratón arriba ratón abajo, y al fin pulsamos sobre “añadir a mis amigos” y ya está. A esperar que nos acepte. O no. Y luego, como en la vida real, nunca se sabe. A veces esa primera impresión permanece bidimensional para los restos y otras se convierte en cafés interminables, asociaciones culturales, quedadas hasta las tantas de la madrugada, iniciativas solidarias, amigos para siempre, oenegés para dar acogida a animales enfermos e incluso abrazos que casi te hacen desaparecer del mundo.

De todo hay en la viña de Facebook.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 15 de agosto de 2017

 


INCOMBUSTIÓN

Del mismo modo que las llamas se apagan
asfixiadas
al detenerse el viento
y quedar presas las ramas
amontonadas entre las piedras que sirvieron de trinchera

puede ahogarse un corazón
abrumado por el peso del afecto.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 14 de agosto de 2017

La imagen puede contener: cielo 



LUNAR

Ganas de irse del mundo un par de días,
de mandar a la mierda a todo cristo,
de dejar de aguantar a tanto listo,
de partirles la cara a un par de arpías.

Ganas de cometer mil fechorías,
de contratar a sueldo al anticristo,
de preferir no hablar de lo que has visto,
de pensar en tumbarse entre las vías.

Yo prefiero achacarlo al movimiento
de la luna fantástica y remota
que no se queda quieta ni un momento.

Pero a veces confieso que me brota
el negro y recurrente pensamiento
de que sobra en la Tierra mucho idiota.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 13 de agosto de 2017

 


DE CUANDO NOS PERDÍAMOS

Hubo un tiempo en que fuimos felices. En que los viajes eran aventuras. Pero aventuras de verdad. O sea que requerían una planificación, un esfuerzo, un trabajo que convertía su preparación en algo excitante. Empezabas a soñar con las vacaciones un par de meses antes; te pillabas la guía de cámpings de la biblioteca, le chorabas la del trotamundos a un colega, preguntabas a todos tus amigos cuál era el chiringuito donde las birras eran más grandes y más baratas. Y cuando llegaba el día señalado, te echabas a la ruta como quien se echa al monte, sin tener muy claro cuál iba a ser tu destino, muerto de la excitación y del sueño después de haber pasado la noche entera marcando con rotuladores de colores las rutas que tenías que seguir en aquel pedazo de mapa. Que eso no eran mapas de carreteras, eso eran sábanas de hotel de cinco estrellas. Que desplegar aquello sobre el salpicadero en plena ruta tenía más peligro que conducir hasta las trancas de cubatas. Que creo yo que aquellos mapas y el Heraldo de Aragón son los responsables de la deforestación de la Amazonia.

El caso es que, como decía, tú sacabas el armatoste aquél, se lo ponías en las manos al copiloto y pasabais los dos un viaje la mar de entretenido; él intentando seguir la ruta pese al bamboleo ocasionado por los baches y tú discutiendo sus instrucciones porque se daban de bruces con los indicadores de la carretera. La cosa era más o menos animada dependiendo de cuántos tripulantes llevabas a bordo; cuantos más viajeros, más rutas posibles. Todos conocían el camino mejor que tú. De modo que, cuando ya se te erizaba el moño de oír eso de “si condujese yo ya habríamos llegado”, parabas el coche en mitad de la subida de Azpíroz (cuando Azpíroz era Azpíroz y no esa mariconada en que se convirtió con la autovía) y le decías al listillo: “Vale… pues conduce tú”
Y entonces asumías el rol de copiloto tocahuevos. Y te pasabas el resto de la ruta “Mete 4ª”. “Acelera”. “Frena que te vas a tragar el camión a la bajada del puerto”. “Oye, tú el día que explicaron lo de la distancia de seguridad no fuiste a la autoescuela, ¿no?”. Y le discutías la ruta, diciéndole que era la tercera vez que pasabais por el mismo punto, y que a lo mejor, y sólo a lo mejor, os habíais perdido. Y el otro que no, que ibas a saber tú más que SU mapa, que decía que había que seguir esa dirección. Y tú que igual su mapa estaba un poco trasnochado, porque era de cuando todavía existía Castilla la Vieja… Y así hasta que la visión del inconfundible fogonazo de los hombrecitos verdes os dejaba mudos. A 120 en un tramo de 80. Y ya no abríais la boca hasta que llegaba medianoche y no quedaba abierta ni una mala gasolinera donde pararse a preguntar y teníais que aparcar donde fuera y dormir en el coche. Y a la mañana siguiente, entumecidos pero más espabilados, arrancabais el motor y veíais, a plena luz del día, que habíais aparcado justo en frente del puñetero camping que no habíais sido capaces de ver. Y a la vuelta de las vacaciones contabais la aventura a todos vuestros amigos, y a los compañeros de trabajo, y a la familia, y a los de la cola del súper, y al panadero….

Pero aquello se acabó. La modernidad nos ha fabricado un copiloto mandón, infalible y aburrido que nos da órdenes con su voz metálica, nos riñe si no le hacemos caso, nos advierte si nos aproximamos a un rádar. Y nos reprende si vamos demasiado rápidos, que algunos te pegan un toque de campana que se te ponen los pelos como escarpias. Y creo que hasta tosen cuando fumas.

En cuanto al copiloto, desprovisto ya de función, se pasa el viaje dormitando, tecleando mensajes por el whatsapp, tocando los botones del salpicadero y haciendo aviones de papel con las hojas del mapa de carreteras.
 
Ya va por Castilla la Nueva.
La provincia donde estaba Madrid.

#SafeCreative Mina Cb