miércoles, 22 de mayo de 2019




¿QUIÉN SERÁ, SERÁ...?

¡Aaaay! ¡Y yo que pensaba que esto nunca iba a pasarme. Y menos a mi edad, con todo ya medio caído. Pero ahí estaba, en el buzón. Y con mi nombre bien clarito en el espacio del destinatario, para que no cupieran dudas. Espero que no sea del alumno aquel del San Babil de Ablitas, ese que me pidió la dirección cuando le dije que nunca nadie me había escrito una carta de amor. Es que me da que es un poco joven para mí y que sus padres no lo iban a entender. Bueno, ni ellos ni mis sobrinos; que a poco precoz que hubiese sido el mayor podría tener un chiquillo de su edad. En fin, que me da que va a ser de un cliente. Del súper digo, que cuando hablo de clientes el que no me conozca puede pensar que me dedico a cualquier actividad. Aunque mejor que no lo sea, porque los únicos clientes que me da que podrían estar interesados en salir conmigo no van por el tema de los corazoncitos. Que una es inocente pero no tonta del culo. Y en el vecindario no veo yo a nadie que pueda estar por mí. Ni entre mis conocidos. En fin; quizás sí que haya alguno y yo no me dé cuenta, como vivo en la inopia...

Pero el caso es que estoy intrigadísima. Más que nada porque hace cosa de un mes recibí otra. Aunque no llegué a leerla. La encontré a primera hora de la tarde, cuando salía hacia el trabajo, y la dejé en el buzón pero a la vuelta ya no estaba. Igual fue mi vecina, que es una cotilla. Bueno, seguramente. Así que en cuanto la he visto, zas, para casa con ella. La tengo sobre la mesilla del dormitorio, que no me atrevo a abrirla no vaya a ser que conozca al remitente y no sea mi tipo y vaya chasco. Y también para que sufra un poco, que eso creo que me revaloriza. Es más; voy a dejarla ahí hasta el sábado, que tengo la tarde libre. Entonces la abriré y decidiré si acepto o le doy la callada por respuesta.

Por cierto: lo de la flor ha sido cosa mía, que soy súper romántica.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 21 de mayo de 2019




ENTRETIEMPO

Harta estoy de bailar por el pasillo
que media entre el bikini y la bufanda;
hay en mi cuarto tal desbarajuste
que estoy pensando en escapar de casa:
el armario es un totum revolutum
de manga, de sin manga y media manga;
tengo los shorts al lado del abrigo
y las botas detrás de las sandalias.

No sé, cuando me acuesto, si ponerme 
el pijama de felpa y cuatro mantas
o tumbarme tal como vine al mundo
sobre el colchón, abiertas las ventanas.

No sé si acertaré cuando me visto
de verano, al salir por la mañana
con veinte grados y un sol de justicia
y a mediodía caerá una helada,
o cuando salgo con polar, capucha,
mallas, vaqueros y jersey de lana
y de repente el cielo se despeja
y van con cantimplora hasta las ranas.

En fin... que ya no sé cómo enfrentarme
a esta estación sin nombre en donde pasas
del invierno al verano en un suspiro
sin que la predicción sirva de nada:
porque miras el móvil a las ocho
y dice que habrá sol y viento en calma,
lo miras a las nueve y vaticina
rachas del noroeste y nubes bajas,
y cuando sales a las diez te encuentras
a Noé con los bichos en el arca.

¡Hay que joderse con la primavera!
Yo quiero irme a vivir a las Canarias.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 20 de mayo de 2019




EN EQUILIBRIO

Sé que existen la prepotencia,
la injusticia, el egoísmo,
la falta de empatía, la desidia,
la rabia, la impotencia,
los puños apretados,
el piélago de lágrimas...

Pero existen también,
y por fortuna,
el sol y los abrazos,
las flores de colores, las cigüeñas,
las noches de verano,
Sabina, el chocolate...

y hasta amigos que te hacen sentir bien

sin decir nada.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 19 de mayo de 2019




PROCRASTINACIÓN

Cuando salió de clase diluviaba. Se cobijó bajo el alero, recreándose en la lluvia y demorando deliberadamente su llegada a la cita. En un momento dado, y puede que por la misma razón por la que el sonido del agua de un grifo produce ganas de ir al baño, rompió a llorar amargamente y el llanto se convirtió en una película borrosa a través de la cual percibió por fin la realidad. Inclinó la cabeza, clavando los ojos en los libros, y emprendió resueltamente el camino hacia su casa, pensando que papá se hubiera sentido muy orgulloso de ella.

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 18 de mayo de 2019




DE BEBÉS, CAMAREROS Y MASCOTAS

Ya de jovenzana detestaba las quedadas con amigas en que toda la conversación se centraba en ramos, menús y vestidos de novia como si en el mundo no existiera nada más. De hecho, en cuanto surgía el tema o bien intentaba cambiar de conversación (cosa harto difícil) o me acercaba a la barra a pedir una cerveza y me quedaba de palique con el camarero. Claro que lo de los bodorrios era temporal, puesto que una vez se llevaban a cabo te bastaba con que nunca te viniera bien ir a visitar a los recién casados para que te metieran por los ojos, sin barman ni anestesia, el video y las ochocientas fotos del evento.

Luego, y tras los casorios, las reuniones de amigos empezaron a convertirse en una exhibición de prácticas neonatales en las que los orgullosos papás explicaban con todo lujo de detalles la composición de las papillas, pañales, vómitos y deposiciones de sus criaturitas, sin importarles si te estabas calzando un solomillo al roquefort o si tenías el estómago hecho un asco porque te había venido la regla esa mañana. Daba igual: todos hablaban a un tiempo, discutiendo si era mejor que el rorró durmiera boca arriba o boca abajo y comentando, orgullosos, que su criaturita se gastaba una talla de dos años a los cinco meses. Que para entonces yo ya andaba de palique con el camarero y comentábamos en voz baja que qué hacía ese bebé que no estaba en el laboratorio de estudios científicos de la Nasa. Eso o que lo de las tallas es una filfa en la que con los niños hacen al revés que con las mujeres, que en vez de trampearlas para que pienses que estás más delgada las trampean para que los padres piensen que están más grandes. 

En fin; lo dicho. Que he pasado media vida huyendo de conversaciones que giran en torno a temas que a mí me interesan un pimiento. Porque después de las papillas y los potitos venían las vacunas, y luego las adaptaciones al colegio, y luego los concursos a ver quién tenía el vástago más inteligente y más brillante y más de todo. Y ahora, que ya tengo unos años y he casado a todas mis amigas (las bodas de segundas no tienen nada que ver con las primeras nupcias) y a una buena parte de sus hijos, me encuentro con una especie omnipresente y en clara tendencia a la expansión: la de los que no saben hablar más que de sus mascotas. Y esto me da que no se pasa, como lo de la consistencia de las heces, sino que es para siempre. Y es que cada vez tengo a mi alrededor más personas que, cuando su animalito está delante, lo convierten en el centro de atención: da igual que sea un perro, un gato, un hámster o una oruga. Y da igual que tú estés hablando de la cría del boniato, de la curación del cáncer o de la consecución de la paz mundial... ellos llegan con su bicharraco y hala, te fusilan la charla. Te lo plantan delante para que le hagas cucamonas y empiezan a contar las últimas gracietas. Que yo a veces me acuerdo de cuando mi madre me hacía imitar a Rocío Jurado en el anuncio de las acciones de Telefónica porque una vez se me ocurrió hacerlo en el salón de casa, miraminiñaquegraciosaes... y claro, yo muerta de vergüenza, como me imagino que van los perros esos con lacito.

Pero a lo que iba: que se juntan dos o tres y son como los padres primerizos. Pero igual igual, ¡eh?... venga hablar de lo que comen y de lo que cagan y de cómo duermen... 

Tanto que yo al final, de puro ir a la barra, me he acabado liando con el camarero.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 16 de mayo de 2019




ALDRAGUEANDO

Soy poco de mirar telediarios:
me aburre la política, y detesto
en show que se despliega cuando toca
renovar a los miembros del congreso.

No conozco de nada a los ministros:
ninguno fue mi compi de colegio
ni salimos de cañas, ni coincido
cuando voy a comprar el pan con ellos.

Así que voto un poco como a ciegas,
sin saber quiénes son y sin creerlos
porque me da que aquí, en la piel de toro,
no hay ni uno solo al cien por cien honesto.

Por eso, cuando llegan las locales
en vez de cabrearme lo celebro:
abro los sobres, voy a por las gafas,
me siento con las listas y las leo.

Pero he de confesar que, sobre todo,
disfruto con las fotos, y comento
las mismas con mi gato, que me mira
con interés, pues es mucho aldraguero:

“Mira, Robin, el nieto del Antonio...
qué feo lo han sacáo, menudos pelos
¡Y se presenta por Navarra suma
él que fue batasuno, vaya huevos!

Y luego, la familia Rechorlítez
¡Menudo plan, el hijo con Podemos
la madre en Vox, la hija en el PSOE...
Tiene que estar el padre de los nervios!”

Y mi gato, que se las sabe todas,
y me consta que tiene buen criterio
bufa de vez en cuando y así opina
pese a no figurar en ningún censo...

Ya se ha cargado cuatro papeletas
y de un solo zarpazo, el puñetero:
eso sí, no diré cuáles han sido,
que no quiero que se nos vea el plumero.

#SafeCreative Mina Cb



SOSPECHOSOS HABITUALES

En los últimos meses he sido interceptada en dos ocasiones por la policía.

Reconozco que la primera vez podía haber motivos: era otoño y yo iba por un parque, litrona en mano y alborotando la hojarasca con los pies. Los tipos ya se habían quedado con nuestras caras (no iba sola) cuando cruzamos justo delante de ellos a dos o tres metros de un paso de peatones. Debieron depensar entonces que teníamos pinta de delincuentes porque nos vinieron detrás y nos esperaron al final del parque. Yo no me había enterado de nada porque iba lo mío, con las hojas, y para cuando llegué a donde ellos estaban ya había depositado en una papelera la botella, que saqué vacía de entre la hojarasca y con la que sin duda ellos me habían visto, por lo cual imagino que les sorprendió que no llegase hasta el lugar tambaleándome y rebuscase torpemente en mis bolsillos cuando me pidieron la documentación, que no llevaba. La siguiente ocasión, y también acompañada, fue hace unos días y por una actividad aún más sospechosa: me hallaba en un columpio y a los agentes les dio la impresión de que iba puesta hasta las trancas, de modo que al bajar del mismo y dar media vuelta allí que estaban, pidiendo los papeles y preguntando por las drogas. Yo, que soy un poco bocachanclas, les dije soy así de normal y que no llevaba drogas ni documentación. Uno de ellos me miraba atónito, cavilando quizás acerca de si se puede multar a alguien por parecer una traficante o una loca, o ambas cosas a un tiempo. Yo, la verdad, me puse en su lugar; el hombre solo hacía su trabajo y reconozco que no es muy habitual que unos adultos dediquen su tiempo libre actividades tan impropias de su condición como juguetear con las hojas secas o divertirse en un columpio. Sé de buena tinta que hay ocupaciones más acordes a mi edad como fundir la visa en unos grandes al almacenes o rentabilizar el tiempo libre haciendo cursos de idiomas o de formación laboral. O incluso ponerse los guantes de goma y montar el zafarrancho en casa, limpiando sobre limpio; pero a algunos lo que nos va es hacer el tonto, sin molestar y sin gastar dinero. Y sin papeles además, que ya es el colmo del colmo de los colmos. Bien claro me lo dijo el policía: que si un día voy sola y me sucede algo tengo que llevar un documento para que, quien me encuentre, pueda saber quién soy.
No me molesté en explicarle que lo que nunca olvido cuando salgo sola son el bastón y la navaja. Por si me tropiezo con alguno de esos locos que no levantan hojarasca ni juegan en los columpios pero que más de una vez me han hecho temer que pudiera, como dice el agente, “sucederme algo”.



#SafeCreative Mina Cb