sábado, 29 de agosto de 2015



ÚLTIMAS VOLUNTADES

En principio
tan sólo era un día más
como los otros;
yo girando la llave de contacto y tú en la acera,
agitando la mano, sonriente:
un hasta pronto más
como los otros
y ese beso anterior tan distraído
que yo te di…
o me diste…
Ni me acuerdo…

Es curiosa la poca importancia que damos a los besos
de no ser que tengamos la certeza
de que son los primeros o los últimos…

Y más tarde la ruta,
y el trabajo
y los mil devenires cotidianos
que nada presagiaban…

Y ese tímido indicio,
ese silencio turbio y persistente,
amargo aperitivo de las dudas
que más tarde o más pronto
conforman un menú
coronado con un postre de adioses.

Y el alma que se encoge,
agostada e incrédula,
y la voz que sacude la garganta
cuando el grito no brota
y el aullido se expande, bestial y cenagoso
por entre las paredes del cerebro
y se va tropezando con los ecos
de ese beso indolente
de antes de introducir la llave de contacto,
de la sonrisa, de la mano agitándose,
del principio del fin…

De la debacle.

Debería existir
(nunca me cansaré de repetirlo)
un tipo de señal,
algún atisbo,
un resplandor azul, un aura, algo…
algo que nos indique que ese beso
es el último beso…
No es justo que el azar nos arrebate
el derecho a una digna despedida.

No es justo…
incluso a un condenado
le otorga la justicia
un último deseo
sin que ello signifique
que su pena ha de serle conmutada.

Exijo, pues,
aunque sé que mi petición no ha de ser atendida
el derecho a saber, en adelante
cuándo he de despedirme
de aquellos a los que amo con locura
y que voy a perder sin remisión.

#SafeCreative Mina Cb

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