viernes, 17 de julio de 2020




FLUVIAL

Creo que con los años estoy pasando de ígnea a a fluvial. Será la madurez, supongo, que va poniendo en calma los instintos y tiende más al flujo que a la chispa, pero el caso es que cada vez me llama más el río, de tal modo que poco a poco se ha ido acentuando la tendencia de acercarme hasta su cauce hasta que, como ahora, ha llegado un momento en que me pasa como al viajero Benjamín, que soñaba con volver para morir en sus orillas. 

Y es que en el agua puedo leer a veces las respuestas que mi cerebro no consigue darme. Y entiendo entonces a mi compadre Juani Bones, que quedó desbordado a su llegada por la grandeza de este río nuestro hasta el punto de hacerle una canción. Es curioso que alguien de tan lejos haya tenido que venir a ponerme ante las narices la belleza de algo que he tenido siempre tan presente. Aunque tal vez sea precisamente eso: la constante presencia y, sobre todo, el miedo que desde la infancia acompañaba a la palabra Ebro al llegar el invierno y las crecidas, lo que me había hecho siempre mirar al hacia el río más con respeto que con admiración. Y ahora, ya entrada en años y desaparecida a la amenaza, he aprendido a contemplar con devoción sus aguas, a entretenerme observando la evolución de los peces y el aleteo de los pájaros en las tardes de verano desde el puente. Ahora sé distinguir los azulados reflejos de las alas de las golondrinas del centelleante turquesa del martín. Veo pasar las estaciones contemplando cómo los cormoranes de los meses fríos dan paso a las zancudas garzas y a todo el despliegue de emplumados veraneantes que llenan de vida la superficie de sus aguas. He quitado kilos de basura de su orilla y realizado conjuros en noches de luna llena, sentada ante su espejo mientras un castor se acercaba hasta el lugar, y he llorado a mares sola frente a él cuando la angustia amenazaba con romperme el pecho y nada me quedaba salvo el consuelo de confiar mis secretos a sus aguas y dejar que la corriente se llevara lejos, muy lejos, mi tristeza, segura como estoy de que me guardará el secreto y de que su líquida presencia me seguirá acompañando hasta el día en que los pies no me sostengan o mi corazón se detenga para siempre.

Lo dicho: Soy fluvial.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 16 de julio de 2020




AL REVÉS TE LO DIGO...

Aunque os parezca que la defiendo mucho a mí también me tiene en un sinvivir esto de la mascarilla, no creáis. Y eso que yo llevo ventaja a la mayoría de la gente, porque me colgué el bozal en marzo y desde entonces cargo con él un mínimo de cuatro horas ininterrumpidas de lunes a sábado. Y me doy con un canto en los piños porque curro a jornada reducida.

Claro que durante el confinamiento, como no andábamos por la calle más que los currelas, pues me quitaba el chisme en cuanto salía del tajo y luego ya, cuando levantaron la barrera, sólo me lo ponía en zonas de mucha concurrencia. Y en espacios cerrados, desde luego. Salvo bares, que allí el virus debe de ser inofensivo porque se puede estar a cara descubierta. Será porque el alcohol mata los gérmenes y a nadie se le ha ocurrido aún llevar a los enfermos a los bares en lugar de al hospital. O a las obras, que creo que inmunizan porque al menos los de la calle donde curro van sin mascarilla y ahí están, tosiendo encima de las vallas que luego toca todo quisque.

Pero a lo que iba: que parece que con lo de la obligatoriedad no voy a poder respirar aire puro, aparte de la terraza del bar, más que desde el balcón de casa.

Porque si me voy, qué se yo, a subir el Aneto por ejemplo, y como no sé si la normativa aragonesa será como la navarra, lo mismo tengo que llevarla porque igual en plena ascensión me cruzo con un octogenario de grupo de riesgo y la liamos parda. Si es que me he infectado en el bar o en el balcón. Le pego la cosa y lo mando al otro barrio. Claro que si subo con la mascarilla a quien la va a dar algo va a ser a mí. Porque si de normal ya se me taponan los oídos cuando enfilo el Carrascal en coche y se me resecan las fosas nasales en verano, ni te cuento lo que puede pasar si voy esnifando el CO2 durante todo el paseo. Que voy derecha a la UCI y a lo mejor entro con una hipoxia y salgo con el Covid de las narices.

Y es que estoy un poco harta de tanta tontería. Que aquí iba todo muy bien hasta que abrieron las fronteras. Y ahora claro, la culpa es de los temporeros, que vienen a doblar el lomo, y no de los guiris cerveceros que son tan dados a los concursos de chupitos boca a boca ni del personal que asiste a fiestas sabiendo que lo tiene y le importa una mierda contagiar a todo el mundo. De modo que el castigo es ir con el cacharro todo el tiempo, que hay a quien le parece la solución perfecta, pero que al final de la jornada acaba siendo como encerrarte en el coche con una goma saliendo del escape.

En fin... que estoy muy cabreada, porque hasta ahora, si quería respirar en condiciones me podía ir al campo, pero ahora ya no tengo claro si te pueden empapelar por ir por la Mejana sin la cosa, y yo ya estoy planteándome lo de la bicicleta estática para el ejercicio y la obra de al lado del trabajo o la terraza del bar para el oxígeno. O ya, yendo al extremo, echarme la petaca de cazalla a la mochila y largarme hasta el Bocal andando. Y si me paran los Forales por no llevar bozal decirles que si es por lo del virus que llevo alcohol encima. 

Y ofrecerles un trago si hace falta.

#SafeCreative Mina Cb

Pd: Mañana ya hablo de otra cosa...

miércoles, 15 de julio de 2020




"NO" ES "NO"

No hagáis novenas ni toros
y de piperos, ni hablar,

que esto se está complicando 
y la vamos a liar.

Un montón de contagiados
(alguno en el hospital)
tan sólo por una boda
y eso que no era real

y ahora abren cuartos de fiestas
con su normativa y tal,
que está muy bien, pero dudo
de si alguien la cumplirá.

Que con 20 años te dicen
que te tienes que encerrar
y si no te duele nada
pa la calle que te vas

y entre los no chupinazos
las cañas y el pacharán
cuando te quieres dar cuenta
tienes a media ciudad

haciendo cola en las carpas
que han puesto en el hospital
para que le hagan las pruebas
del bastoncillo nasal.

Y es que ahora que los abuelos
se protegen de verdad
el virus está atacando
fuerte entre la mocedad

y a los mozos y las mozas
les va a beber y ligar
y usar labios y saliva
no tan sólo para hablar.

Que ya sé yo que a tus hijos
los tienes en un altar
y ellos no hacen esas cosas
que te parecen tan mal

pero contagian los besos
y las drogas de liar
cuando van de mano en mano
sobre la mesa de un bar.

Y con que haya en la cuadrilla
una chica o un chaval
que ande con el bicho a cuestas
ya estamos de nuevo igual.

Que tenemos dos opciones:
o mentalizarnos ya
de que las fiestas no pueden
ni se deben celebrar

o actuar como si todo
siguiera siendo normal
y, que de aquí a unas semanas
nos vuelvan a confinar.

Mas me da que si el muylustre
se dedica a programar
espectáculos taurinos,
novenitas y demás

y a autorizar los piperos
cual si fuera un año más
dando así a los tudelanos
señal de “normalidad”

va a haber quien haga negocio
y no me refiero a un bar.
Que serán las funerarias
las que se van a forrar.

#SafeCreative Mina Cb
De verdad, qué hartura...

martes, 14 de julio de 2020




MIS AMIGAS

Mis amigas son faros en mitad del océano; 

luminosas y sólidas, 
presentes todo del tiempo 
aunque la niebla oculte sus figuras, 
el viento las azote 
o la cruel tempestad intente derribarlas. 

Mis amigas no escuchan al desánimo 
cuando silba insistente en sus oídos 
y afrontan el dolor sin una sola queja. 

Mis amigas son sabias porque han vivido a fondo.

No son mujeres fáciles 
y no podrás comprarlas

porque a nadie se venden.

Mis amigas, también,
son como mariposas

coloridas y aéreas,
de frágil apariencia mas capaces

de cambiar los designios del planeta
con solo un aleteo.

Mis amigas son ángeles

que la vida sacó de su chistera.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Ana Jarén

lunes, 13 de julio de 2020





A CALDERADAS

¡Tiene borbones la cosa!
Vaya familia real:
entre el hijo y el emérito
la cosa es un no parar.

Felipe, o sea el monarca
que no se entera de ná,
y que echa balones fuera
sin llegar a reaccionar.

La consorte que no come
y no hace más que gastar
en narices y en vestidos
sólo para aparentar.

Las niñas, un partidazo:
con ese sueldo, a su edad
cuando lleguen a mayores
ya tendrán un pastizal.

La hermana, la del Iñaki,
premio de maternidad,
aunque con tal patrimonio
quién no se pone a engendrar.

El consorte de la tipa
un ratero de flipar
que dejó a su antigua novia
en cuanto se vio el percal.

El vástago de la Elena
y de Juan Marichalar
apuntaba ya maneras
de Borbón desde chaval

atizándole al gatillo
como el papá de mamá
sin que mediase denuncia
por descuido paternal.

¿Y qué decir del patriarca
del encoronado clan?
El motero campechano
que, sin demudar la faz

lo mismo plantaba cara
a Tejero y a Millans
que se llevaba las perras
a un paraíso fiscal.

¡Aaaay, Sofía de mi vida!
Qué mala vida te dan:
entre el marido y la nuera
se te va el tiempo en penar.

“En todas partes se cuecen
las habas”, dice el refrán.
Y en la casa del monarca
la calderada es real.

#SafeCreative Mina Cb


QUE SE LA POOONGA, QUE SE LA POONGA...
(título a leer con la entonación del 
“que se besen” de las bodas)

Se la puesto el masajista.
Se la ha puesto el practicante.

Se la han puesto las cajeras.
Se la han puesto los forales.

Se ha puesto el camarero.
Se la ha puesto el comerciante.

Se la han puesto las maestras.
Se la han puesto los viajantes.

Se la ha puesto el camionero.
Se la ha puesto el vigilante.

Se la han puesto los actores.
Se la han puesto los cantantes.

Se la ha puesto el tudelano.
Se la ha puesto el visitante.

Se la ha puesto el presidente
y otras gentes importantes.

Con cariño se lo digo
para que no se me enfade:

Póngase la mascarilla,
por favor, señor Alcalde.

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 11 de julio de 2020




¡A LA MIERDA!

Sería para reírse
lo del tema de la boda
de no ser porque hay asuntos
que no han de tomarse a broma.

Un grupo de irresponsables
se montaron una juerga
y ahora vamos otra vez
camino a la cuarentena.

Salieron, parece ser,
como si nada pasase,
de bar en bar, festejando
y achuchándose a lo grande

sin acordarse de aplausos,
de sanitarios o abuelos,
de decenas de ataúdes
o de semanas de encierro

y arrojando por la borda
en tan sólo un par de días
lo que en tres meses lograron
médicos y mascarillas.

¿Y aún hay pesados que insisten
en hacer cosas en fiestas?
Yo, de verdad, no lo entiendo:
¡Idos todos a la mierda!

#SafeCreative Mina Cb