miércoles, 9 de enero de 2019




Decir adiós

es como adivinar el golpe:

protegerse la cara con los brazos
y prepararse para lo peor

intentando que el impacto sea
lo más leve posible

pero sabiendo
que va a ser doloroso.

Decir adiós

es adentrarse en lo desconocido:

iniciar un camino tenebroso
y de incierto final

vigilados de cerca por el miedo,
lastrados por la culpa

y acarreando
la vida a las espaldas.

Decir adiós es serio:

No hay que volver atrás.


#SafeCreative Mina Cb

domingo, 6 de enero de 2019




EL FIN DEL AMOR

A veces sé de alguna de esas separaciones repentinas en las que una de las partes agarra sus pertenencias y se larga mientras el otro se queda con dos palmos de narices, la cabeza gacha y preguntándose qué es lo que falló.

Y la respuesta es nada.

Nada falla y al tiempo falla todo. El amor se desgasta, la relación se agota, las discusiones se repiten... o un tercero se cuela por las grietas que han ido formándose en el afecto poco a poco. Y buscamos respuestas y culpables cuando no los hay. Y hacemos una larga lista de los defectos del otro, que de repente sacamos a la luz, exhibiéndolos ante todo el mundo, como si no tuviera cualidades. Y nos olvidamos de que, en el transcurso de los buenos tiempos, cada cual dio lo mejor de sí mismo. Pero aquello se derrumbó. Por la razón que sea. Porque las personas cambian y a menudo quien nos conviene ahora dejará de hacerlo en el futuro. Porque cada cual debe seguir su camino y en ocasiones los componentes de la pareja van adquiriendo diferentes inquietudes. Porque el ser humano evoluciona y no sería justo dejar de hacerlo por sumisión al otro. Porque el amor debe ser libre ya que de lo contrario no es amor. Y porque no ha de ser eterno. Y no se le pueden poner parches. Al menos no continuamente.

Pero tenemos miedo. Miedo a la soledad y al mundo sin el otro. A volver a empezar. A lo incierto de buscar nuevos amigos. De tener que dar explicaciones. De ir al Ikea solos y que nadie opine acerca del color de los sillones. Tenemos tanto miedo que preferimos guardar al otro en una jaula, sin voluntad ni ganas, anestesiado y gris. Y engañarnos a nosotros mismos pensando que solo es una crisis y que va a arreglarse con el tiempo.

Mas no se arreglará. Porque los sentimientos no se recuperan y las emociones escapan a nuestro control. Por mucho que intentemos someterlas se rebelan, y cuando creemos que la paz ha retornado se desata de nuevo el huracán de lo improbable. Y resurgen las dudas el cansancio, y esa constante sensación de ahogo que nos oprime el pecho cuando nos sabemos en el lugar equivocado.



#SafeCreative Mina Cb

sábado, 5 de enero de 2019




CABALGATA

Si todavía no has escrito tu carta reflexiona:

Sé cauto.

No te lances aún al abordaje de los grandes almacenes
que cerrarán sus puertas hoy tardísimo
puesto que lo único que les importa
es tu felicidad.

No peregrines
desesperadamente
en pos de una colonia
de esas bien presentadas
cuyos envases llenan el planeta de residuos.

No compres cualquier cosa

de cualquier modo

apresuradamente.

Más bien espera a que la noche caiga
y échate al centro
(no importa si hace mucho frío)

y míralos.

Míralos un buen rato.
Detenidamente.

Fíjate bien en ellos:
sus caras
sus sonrisas
el brillo de sus ojos

y esa expresión de pasmo,
mitad susto, mitad admiración,
con que reciben el paso de Sus Majestades
los reyes de Oriente.

Contémplalos
y viaja hasta tu infancia:

antes de la hipoteca,
del gobierno,
del seguro del coche...

antes de la vergüenza,
del pudor,
de los complejos...

antes de todas esas cosas que te tienen
atrapado en la rueda

girando como un hámster.

Reflexiona y quizás

ese niño regrese

y te muestre el valor de lo importante.



#SafeCreative Mina Cb

viernes, 4 de enero de 2019




REREGRESO AL FUFUTURO


¡Qué nervios! Estoy súper emocionada. Ya me veo mi barrio lleno de galanes y de chicas vestidas de heroína de cómic. Y de cámaras y de maquilladores y de scripts, que no sé lo que son pero mola el palabro. Y la silla del director en la convergencia de la Plaza Vieja y San Antón, con el realizador gritando “Acción” en inglés por el megáfono. Y el de la claqueta. Y el Delorean rodando a todo gas por los callejones adoquinados brrrmmmmmm... con un gitano al volante, que para manejarse a mil por hora por el casco viejo son los putos amos. Y la ambientación, con las casas que se caen a pedacitos cubiertas con murales de cartón piedra que simulen nigth clubs del 3012, y las calles llenas de gente con vestidos raros, y las cigüeñas ahí, de torre en torre, como un guiño nostálgico al pasado.

Y es que tiene que ser este año. Tiene que ser este año porque el veintiuno de octubre de dos mil quince ya pasó y entonces no lo hicieron. Y entonces era el momento de hacerlo. Por eso tiene que ser ahora. Porque es el año de Blade Runner, que no tiene nada que ver con Regreso al Futuro pero que también la cagó con la recreación del porvenir. Y la verdad es que la última versión del clásico de Scott es todo un trullo. Así que tiene que ser ahora: el deportivo zumbando sobre las piedras desde Pontarrón, asomando como una exhalación por la esquina de la estatua del rey Carlos nosqecuántos, y el Chema de la Osa colgando de la manecilla, y el cable hasta donde viven los Zuazu, y el rayo y la estela de fuego de las ruedas y toda la parafernalia esa que montaron con la excusa de un reloj que llevaba roto desde ni se sabe...

Como le pasa al de la Catedral.



#SafeCreative Mina Cb

jueves, 3 de enero de 2019




Apretar los puños y aguantar la rabia.

Sonreír
y dar los buenos días

mientras las lágrimas brotan para adentro
sin que nadie las vea.

Y al final

no aguantar
y fingir una urgencia fisiológica

y encerrarse en el baño...

maldiciendo las normas

la hipoteca

y esa jodida frase lapidaria:

“El cliente siempre tiene la razón”



#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 2 de enero de 2019




EL VESTIDO DE CRISTINA

Me imagino la escena: los creativos y el consejo de administración ahí, en una sala oscura, dándole al brainstroming para ver cómo hacer caja con el fin de año, que los anunciantes esa noche sueltan una pasta. Y uno: vamos a hacer un especial con lo más sonado en el plano deportivo, y el otro: quita quita, que eso está ya muy visto, y un tercero: vamos a emitir las tomas falsas de la cadena que da mucha risa y de nuevo: quita quieta que eso está muy visto, y alguien desde el otro lado de la mesa: vamos a hacer un concurso para ver en qué familia se atraganta más gente con las uvas, que manden fotos y eso, y el de al lado: qué dices tío, que luego alguno de los que aparecen en las fotos se mosquea y nos mete una querella con lo de los derechos de imagen... y así un montón de rato hasta que se escucha una voz (lo mismo femenina) que clama:

“¡Ya está! ¡Una tía en pelotas!

Y se hace el silencio.

“… Bueno; no del todo”

Y como tras esa puntualización todos están de acuerdo y además les parece súper original, se lanzan al debate de a quién despelotar. Y una vez tomada la determinación (un arduo proceso porque las cadenas de televisión están plagadas de chicas altamente despelotables), le comunican el fallo a la agraciada y ya la niña, pues lo típico, se va a la esteticiene, se hace la manicura, se depila bien las ingles y el sobaco, se busca una buena peluquera que le haga un recogido chachi y se planta delante del reloj un poco antes de las doce, dando saltitos en bikini junto a un chorbo disfrazado de Amundsen en traje de gala y más hueco que un pavo porque sabe que, en este momento, media población masculina babea alcohol delante de la tele. 

Y mira por dónde la cosa cala en la opinión pública. Aunque solo sea porque las feministas ponen a parir a la cadena y porque el día de año nuevo se habla más del vestido de la niña que de lo bueno que está el cordero. Y porque, visto lo visto, la cadena sabe que, si repite, la Nochevieja siguiente los anunciantes van a estirarse más. Así que lo del vestido se convierte en una especie de secreto de confesión que cada año se desvela poco antes de las doce. Ella es como Cenicienta pero en pizpireta. Sale dando saltitos y se destapa, como un bombón helado. Y la audiencia la mira, derritiéndose. Y ella, que se sabe monísima, se presta a la comedia año tras año (a ver quién no, con lo que le tienen que pagar), recitando la misma letanía del manual de tomarse las uvas para torpes junto al atractivo caballero vestido de primera comunión que ni siquiera tiene el detalle de hacer lo que los novios el día de la boda si hace frío, esto es echarle la chaqueta a la pobre chica por encima. Claro que no sería lo mismo. Con la chaqueta digo. Como no sería lo mismo si un año, como decía un amigo mío el otro día, se quitase el caparazón ya apareciera como su madre la trajo al mundo y con la frase “Ni una mujer muerta más” escrita entre pezón y pezón.

Claro que entonces la despedirían.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 1 de enero de 2019




La libertad huele a tomillo 
a botas embarradas 
a cabellos revueltos. 

La libertad huele a pájaros perdidos
a rumores del agua
a flores de colores.

La libertad huele a sol
a mar
a viento
a techumbres de estrellas
a tardes amarillas
a huellas sobre el polvo.

La libertad
huele a danza solitaria.

#SafeCreative Mina Cb