jueves, 20 de diciembre de 2018





DÉJÀ VU

Conozco esa sensación:

la tengo bien grabada en la memoria
para evitar que se repita.

Los ojos se entrecierran
mientras que el oído se prepara para el golpe

y todos los sentidos
se ponen en alerta

y brotan a la vez la ira y el hastío
antes incluso de la tempestad...

de modo preventivo.

Y al fin el grito estalla
y se hace el déjà vu
y el cerebro se encoge,
fatigado,

y se atasca la voz en la garganta...

¿para qué decir nada?
¿para qué responder?

Y ya no hay argumentos,
ni razones,

ni lágrimas siquiera.

Solo un inmenso hartazgo,
unas ganas enormes de que se acabe todo,
de que llegue la calma,

ese bálsamo amargo que es lo único
que al corazón le queda

cuando el resto murió.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 19 de diciembre de 2018





MUJER SOLA

Quiero ser mujer sola. 
Sin miedo. 
Sin navajas.
Porque yo lo decido.

Quiero salir al mudo.
Sin hombres.
Sin amigas.
Sin vigilancia alguna.

Quiero vagar de noche.
Sin ansias.
Sin recelos.
Sin pasos tras mis pasos.

Quiero marchar segura.
Sin bestias.
Sin ataques.
Sin leyes que me insulten.

No me quiero valiente.
Ni osada.
Ni heroína.
Me quiero solo libre.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 18 de diciembre de 2018





NO TENER QUE HUIR
(En memoria de Laura Luelmo)

No quiero salir en grupo a hacer deporte. No quiero obligar a nadie a acompañarme. Ni verme obligada a acompañar a nadie. No quiero escuchar a nadie cuando lo que busco es el silencio. No quiero arrastrar a nadie, haciéndole seguir mi ritmo, ni que nadie me arrastre haciéndome seguir el suyo. No quiero socializar porque ya socializo en otros ámbitos. Porque para socializar me inscribiría en un gimnasio y para mí el contacto con la naturaleza va íntimamente ligado a la palabra libertad.

Quiero desear hacerlo y hacerlo en ese instante. Ya. Sin depender de nadie. Sin tener que esperar. Sin programar una cita diaria en el mismo lugar y a la misma hora. Sin joderme y quedarme en casa si a la otra persona no le viene bien. Sin soportar la cháchara de acompañantes que salen por escapar de casa. Y que son incapaces de apreciar el canto de los pájaros.

Quiero ser libre. Sentir el deseo, ponerme las zapatillas y salir dando un portazo. Dejando atrás mi casa, la cama sin hacer y el gato arañando la colcha, feliz y convencido de que voy a regresar. Quiero hacerlo estando segura de que la señal de mi móvil no va a detenerse. De que nadie va a tener que estar pendiente. De que lo mío no es un deporte de riesgo y alguien tiene que saber por dónde ando por si acaso. Quiero no tener que asustarme al ver aparecer individuos sospechosos. Quiero no tener que esconderme cuando un coche me sigue. Quiero no tener que abordar a un desconocido para pedirle que me acompañe porque tengo miedo. 

Quiero no tener que huir.

Quiero hacer lo que me gusta sola. Porque me gusta hacerlo sola. Pero quiero hacerlo sin temer las consecuencias. Sin que otros se preocupen por las consecuencias. Sin llevar el 112 a la cabeza de mi agenda telefónica. Sin dar un puñetazo a la pared cada vez que sé que ha vuelto a suceder. Y tener que escuchar, de nuevo, lo que me dicen siempre. 

Que por qué lo hago sola.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 17 de diciembre de 2018




VÓTAME

Hace bastante tiempo que dejé de presentarme a concursos. No sé. Me dan mal rollo. Tengo la sensación de que sirven para que te roben las ideas. Y luego que no me gusta eso de dejar una obra rehén que no puedo mostrar durante el tiempo que dura el fallo del jurado. Que menudo nombrecito: fallo para el resultado de un concurso.

Pero a lo que voy: que reconozco que son útiles y esas cosas, y que durante mucho tiempo me presenté a unos cuantos y hasta me llevé algún premio. Y sin trampas, aún habiendo tenido, en una ocasión al menos, la posibilidad de hacerlas. Pero de repente me entró la paranoia. Eso de que tú mandes el texto y hasta que no se decide si ganas o no no lo puedas usar... Y que lo vea tanta gente. Que no es porque lo plagien, pero que mira, a lo mejor tu idea le mola a alguien que lo hace mejor y te la copia. Y se saca unas perras. Y luego lo peor, que es lo que nadie dice pero todo el mundo sabe.

Y es que no hay concurso limpio. 

Sobre todo desde que internet existe. Antes ya era jodido, pero ahora es el acabóse: la peña se presenta a los concursos y te bombardea con el vótame vótame. Joder, que digo yo que si te consideras lo bastante bueno, igual no hace falta que frías a tus colegas con mensajes. Porque puedes provocar el efecto contrario al que buscas. Yo, de hecho, no voto por sistema a quienes me piden el voto. Es un acto reflejo. Ni me molesto en abrir el enlace. Borro el mensaje y a tomar por saco. De hecho, hace unos años tuve una bronca cósmica con un chaval que me pidió el voto sin apenas conocerme. Era uno de esos concursos de voto popular en los que no se sabe quién es el autor de cada obra. El chico, del que llevaba meses sin tener noticias, me mandó un mensaje aludiendo a mi sensibilidad y otras pamemas. Algo paradójico puesto que en una ocasión habíamos quedado en vernos para hablar de literatura y él no se presentó. Pero en cuanto necesitó votantes se acordó de mí y me mandó un mensaje en plan personalizado. Yo, que soy bastante pánfila, le voté, tonta de mí, y aquella misma noche supe que ese mensaje le había llegado a, al menos, una persona más. Me cabreé bastante y le escribí, diciéndole que me parecía poco ético. Y que si ganaba y eso se sabía le iban a retirar el premio. Y que si estaba tan seguro de la calidad de su trabajo, a ver qué necesidad tenía de hacer trampas. El muchacho se ofendió bastante y a mí me quedó claro que soy tonta perdida, puesto que al cabo de los meses el tema de la petición de votos apareció en un debate relativo al fallo del concurso y todos los participantes del mismo miraron hacia otro lado. Con lo cual supe que esto era como el capítulo de las uvas del Lazarillo de Tormes. 

… Y hasta ahí puedo escribir.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 16 de diciembre de 2018





DESCANSO DOMINICAL

Las colas son interminables
en este domingo 
sin reloj ni ventanas.

Zumba el escáner
y se escucha, incesante, 
el pitido del datáfono validando tarjetas.

Se oyen voces nerviosas
y el público abarrota los pasillos

convertidos en bosques de plásticos reclamos
que atraen la atención de grandes y pequeños
con sus vivos colores.

No hay sol
ni charcos
ni hace falta el abrigo.

Es el mundo ideal
donde todo es posible

y el corazón habita en la cartera.

Aquí baña la estancia un sol irreverente

y la música brota,

bailarina y feliz de entre las cuerdas.

Se me llena el cerebro de verdor
y de pájaros

y de islotes flotando en el azul 
del último verano.

Cierro los ojos y me siento libre.

Se acerca Navidad.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 14 de diciembre de 2018





NI ROMEO NI JULIETA

Molaba mucho al principio eso de la atracción fatal. La pasión y esas cosas. El morbo de lo imposible. O de lo improbable que acaba siendo probable y al hacerse posible se transforma en complicado con vistas al paraíso o la tragedia, según se desarrollen los acontecimientos. Y luego, a ver, que a esas edades en que la vida se vuelve previsible asumir un riesgo te puede quitar de golpe diez años de encima. Y que con tanto pesticida y tanto contaminante en las aguas de los mares y tanta hormona para engordar las vacas el día menos pensado te diagnostican cualquier barbaridad y te vas al otro barrio con lo puesto y sin haberle dado al cuerpo esa alegría. Y con las perras del plan de pensiones en el banco y sin poderlas disfrutar.

Así que se lanzó a lo kamikaze, a ver... y sin pensar en nada. Haciendo de su capa un sayo y pasándose por el arco del triunfo con lucecitas de colores las recomendaciones de sus amigos, las críticas de la familia y esos inquietantes indicios que anuncian lo que, más tarde o más temprano, sabes que va a llegar. Se implicó en esa historia hasta las trancas, sabiendo que para la otra parte la cosa no era más que un devaneo. Y que simplemente se dejaba hacer. Que si en la vida no había necesitado darle un palo al agua a ver por qué ahora sí. Con ese encanto y ese pestañeo y ese no sé qué... Y es que hay personas a quienes la naturaleza les regala un físico imponente y ya no necesitan nada más. Bueno, eso y rostro como para salir a un camino. Lo que pasa es que cuando te enamoras no lo ves. El rostro digo. Se pispan todos menos tú.

Y sucedió al final. Que se dio cuenta. Se le cayó la venda de los ojos cuando empezaron a llamarle del banco cada dos por tres. Se eslomaba a currar y no había manera. Y la atmósfera era cada vez más irrespirable. Así que se lió a lanzarle pedradas. Indirectas. Le insinuaba cosas pero nada. La beldad se sabía al mando de la nave e iba dando largas. Y besos, que es lo más efectivo en estos casos. Sobre todo cuando sentía peligrar su hegemonía. Un beso o un regalo y ya estaba la prórroga. Y si no el papel de víctima en plan rollo Capuletos y Montescos. Y lo del perro del hortelano, que cuando alguien te controla te da por pensar que es porque te quiere y no al contrario, así de gilipollas se vuelve la peña cuando pierde la cabeza. 

Tanto estrés le acabó por pasar factura. El corazón le pegó un susto de los gordos y vio la luz. No la blanca sino la otra. La de la realidad. Y en cuanto le dieron el alta se sentaron frente a frente y le confesó que se había dado cuenta de que no eran ni Romeo ni Julieta.

Y el cuento se acabó.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 13 de diciembre de 2018





DULCE HOGAR

Llego
con una gran sonrisa,
el corazón alborotado
y una agradable sed de soledad.

Abro la puerta

y mi gato espera,
orondo y perezoso
el saludo de siempre.

Ni un ruido.

Ni una voz.

Solo silencio

y una liberadora sensación
de paz en el ambiente.

#SafeCreative Mina Cb