viernes, 17 de abril de 2026


 

ALA ROTA

Ayer me encontré una macaon herida. Me di cuenta enseguida, pues dichos lepidópteros no son muy de quedarse quietos ante la presencia humana. Seguramente un coche, o alguno de esos quads que tan alegremente circulan por los caminos últimamente, la golpeó doblándole una de las alas, que lucía, casi quebrada, impidiendo que levantara el vuelo.

Intenté capturarla para llevarla casa a, inocente de mí, tratar de repararle el mal con algún adhesivo doméstico. Pero claro, una mariposa, a no ser que esté gravemente lesionada, no suele acceder a viajar de pasajera en una mano, por lo que hube de improvisarle una bolsa con la chaqueta. Craso error, porque el insecto, tratando de salir al sol, se empezó a fracturar la extremidad por otro punto.

Lo bueno es que para entonces, o más bien mucho antes, se había dado cuenta de que mis intenciones no eran malas y, la mar de confiada, se empezó a pasear por mis dedos y por mi camiseta sin ningún reparo hasta que, en un momento, desarrolló un corto vuelo y se acomodó sobre unas matas bajas, a resguardo del aire y con las alas extendidas. Y mientras yo aprovechaba para buscar una caja o algún recipiente ancho donde poder llevarla a casa con comodidad, el animalillo debió de decidir que su aventura humana había terminado porque desapareció. Obviamente no alzó el vuelo, pero en algún lugar se ocultó, bien a morir, bien a recuperarse.

Abandoné el lugar lagrimeando un poco, lamentando no haber podido culminar mi hazaña de repararle el ala con un trozo de cinta adhesiva (lo cual seguramente no hubiera servido para nada pues hubiese añadido peso a la estructura dificultando el vuelo) y me acordé de aquella chupaleches que vi tarde una tarde volando alto con media ala rota.

Y quise imaginar que un día, tal vez, me la tropiece, adaptada a su nueva condición, revoloteando, traviesa y libre, entre la vegetación del camino soleado.

#SafeCreative Mina Cb

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