EL CONTADOR
Viví esclava de sus datos,
sus medidas, sus medallas,
sus elogios a mis logros,
sus registros de mis marcas.
Cada noche, al regresar
al refugio de mi casa
consultaba mi registro
por ver si estaba aprobada.
Diez mil era lo esperado:
mejor si lo superaba
porque dicen los galenos
que es la mínima distancia.
Y aunque los más de los días
de sobra la rebasaba
si quedaba por debajo
me notaba algo angustiada
y emprendía en el salón
una feroz caminata
hasta llegar a la cifra
que la medicina avala.
Vamos, que era un sinvivir
y un andar obsesionada
por tener los resultados
que el aparato marcara:
Que si tengo que seguir,
que si ya no tengo ganas…
Vamos, por no defraudar
al chisme, acababa a rastras.
Y es que no sé si sabréis
que el aparato de marras
lleva un conteo mensual
y si por A o por B fallas
el registro se interrumpe
y queda como una mancha
que rompe la trayectoria
de regular caminata.
Y así, poquico a poquico,
al final no sabes si andas,
por deporte, por placer
o por dar gusto a la máquina
y evitar que se amohíne
y, a la menor de tus faltas,
te ponga en el expediente
un cero como una casa.
Así que un día me dije:
“¡A la mierda con la vaina!”
He quitado el contador
y me he quedado tan pancha.
#SafeCreative Mina Cb
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
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