miércoles, 2 de septiembre de 2026


 

EL CONTADOR

Viví esclava de sus datos,
sus medidas, sus medallas,
sus elogios a mis logros,
sus registros de mis marcas.

Cada noche, al regresar
al refugio de mi casa
consultaba mi registro
por ver si estaba aprobada.

Diez mil era lo esperado:
mejor si lo superaba
porque dicen los galenos
que es la mínima distancia.

Y aunque los más de los días
de sobra la rebasaba
si quedaba por debajo
me notaba algo angustiada

y emprendía en el salón
una feroz caminata
hasta llegar a la cifra
que la medicina avala.

Vamos, que era un sinvivir
y un andar obsesionada
por tener los resultados
que el aparato marcara:

Que si tengo que seguir,
que si ya no tengo ganas…
Vamos, por no defraudar
al chisme, acababa a rastras.

Y es que no sé si sabréis
que el aparato de marras
lleva un conteo mensual
y si por A o por B fallas

el registro se interrumpe
y queda como una mancha
que rompe la trayectoria
de regular caminata.

Y así, poquico a poquico,
al final no sabes si andas,
por deporte, por placer
o por dar gusto a la máquina

y evitar que se amohíne
y, a la menor de tus faltas,
te ponga en el expediente
un cero como una casa.

Así que un día me dije:
“¡A la mierda con la vaina!”
He quitado el contador
y me he quedado tan pancha.

#SafeCreative Mina Cb

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