lunes, 17 de agosto de 2026


 

PLANETA S.O.S.

Hace semanas que ya no me despiertan los vencejos. De hecho, este año no recuerdo sus chillidos adelantándose a los camiones de limpieza el día de Santa Ana. También las golondrinas han partido y el otro día me sorprendió colgada en el estado de WhatsApp de una amiga la foto de una robameriendas. Tampoco las efímeras proliferan como antaño, se van viendo ya bandadas de cigüeñas camino del Estrecho y ayer alguien me dijo que están adelantando la vendimia.

Todo muy anormal.

Para los que no sois muy de mirar al cielo, los vencejos suelen permanecer en esta zona hasta mitades de agosto. Son los últimos en llegar y los primeros en irse, pero la verdad es que lo de este año ha sido una exageración. En cuanto a las golondrinas y aviones, algunos ejemplares apuran el verano hasta septiembre. Y las robameriendas, esas florecitas lilas que parecen azafrán y cuyo nombre viene de la falta de necesidad de los pastores de llevar merienda cuando la reducción de horas de luz acorta su jornada al recoger al ganado más temprano, se suelen empezar a ver a finales de agosto o principios de septiembre.

El otro día oí que la temperatura de la Tierra va a subir tres grados de aquí a 2060. Que tres grados en el horno es una tontería. Quiero decir que no se chuscarra el pollo. Pero tres grados en el mar es una auténtica barbaridad que puede producir un aumento de las temperaturas que haga imposible la vida humana en el planeta. Y todo esto hablando de calor, porque si hablamos de los efectos de tanta agua evaporada a causa de las altas temperaturas nos vamos directos a las lluvias torrenciales y a las inundaciones que tan dramáticas consecuencias están dejando ya.
Y claro, los incendios que esquilman los bosques y se comen a los árboles, esos imprescindibles generadores de oxígeno.

Que vale, diréis muchos, que esto ha pasado siempre: las altas temperaturas y las tormentas torrenciales y los incendios y las sequías y esas cosas.

Pero ¿y los vencejos, las golondrinas, las cigüeñas? ¿Por qué han adelantado tanto su partida? Aventuran quienes entienden algo de ornitología que esto ha podido deberse a la sequía en el norte de Europa. De hecho, las campiñas escocesas han perdido, dicen, parte de su característico verdor. Y el viejo continente se derrite con niveles térmicos que han dejado de ser una anécdota para convertirse en largos y asfixiantes cada vez menos atípicos veranos.

La verdad es que de los datos no hago mucho caso, pero sí que me fío de las aves y las plantas. Porque el mundo salvaje no se rige por estadísticas ni por decretos ley. La naturaleza obedece a sus propias normas y utiliza sus recursos para regenerarse y así sobrevivir. Y el mensaje que nos están lanzando fauna y flora, unido a esos pavorosos incendios y esas aterradoras lluvias que se llevan por delante bienes materiales y personas, es un grito de alarma que no deberíamos seguir desoyendo por más tiempo.

#SafeCreative Mina Cb

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