lunes, 28 de marzo de 2022


 

UN BONITO CADÁVER

Hoy me voy a poner un poco moralística, que toca y además yo lo valgo.

El viernes, varios d mis contactos compartieron la noticia de la muerte de un chico joven con una melenita muy Kobain que era, decían, el batería de un grupo de rock de esos que a mí ya me han pillado mayor. Me dio penita, por la edad del chaval y por los comentarios que aseguraban que era un gran músico. Y porque la muerte es algo que siempre te nubla la sonrisa.
Más tarde supe que al chaval la parca lo pilló en Colombia y puesto hasta los ojos. Y me acordé de mi amigo José Luis, al que un tumor cerebral se llevó de este mundo hace diez años, dejando a su mujer con dos niños pequeños y, me consta, después de haberse batido el cobre pero bien contra el gigante que le robó la vida. Era un gran tipo, buena gente, muy opuesto a mí en muchos aspectos pero respetuoso con sus amigos y hasta con sus enemigos. Estaba más sano que una pera y era deportista además. Se dio un golpe en verano, una caída tonta pero un poco aparatosa, y le hicieron un escáner en el que no vieron nada raro. A los pocos meses, en diciembre, un intenso dolor de cabeza lo llevó hasta urgencias y al cabo de catorce meses, para San Blas recuerdo, lo enterramos, como suele suceder en estos casos, lamentando lo injusto de la vida. Ningún medio de difusión, salvo la sección de esquelas de la prensa local, se hizo eco del deceso. Sólo una pequeña y emotiva nota de su cuñado en Plaza Nueva, creo, en la que ponía palabras al pesar y la impotencia que sentíamos todos los que lo conocimos.
Por eso el otro día, cuando supe lo del músico, me acordé de nuevo de mi amigo, como cada vez que algo similar sucede, y pensé que la verdadera desgracia, más que en la muerte en sí, consiste en la incapacidad de valorar la vida.

#SafeCreative Mina Cb

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