NO SABES CUÁNTO TE NECESITÉ
¿Crees que soy de hierro? No lo soy.
¿Crees que nunca espero lo que doy?
¿Crees que yo no tengo corazón?
Puse toda mi confianza en ti,
todos mis sueños los tendí a tus pies,
mi compañía y mi amistad te di
y, cuando estabas triste, te escuché,
Intenté hacerlo bien, pero al sentir
el frío de tu indiferencia ayer
me dije: “Algo ha tenido que fallar aquí;
o no me entiende, o yo no me expliqué”.
Tuviste entre las manos conseguir
que no estuviera sola, y hoy no sé
si de verdad puedo creer en ti…
¡No sabes cuánto te necesité!
#SafeCreative Mina Cb
03/03/86
Los cuentos de Minina
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
domingo, 20 de septiembre de 2026
sábado, 19 de septiembre de 2026
SIGO SIENDO LA MISMA
Sigo siendo la misma.
No hay mucho que contar:
No estudié periodismo,
tampoco fui mamá.
Sigo siendo la misma:
Me pongo ante el espejo
y día a día apenas
siento pasar el tiempo.
Sigo siendo la misma:
Gasto idéntica talla
y es algo prodigioso
pues mi cuerpo se ensancha.
Sigo siendo la misma:
Soy fiel a mis raíces
aunque lleve ya el alma
llena de cicatrices.
Sigo siendo la misma:
Me leo adolescente
y son míos los versos
que hice a los diecisiete.
Sigo siendo la misma:
Nunca he bajado el puño
y trato, en lo posible,
de mejorar el mundo.
Sigo siendo la misma.
Si tú me ves cambiada
no es porque me haga vieja:
Es porque soy más sabia.
#SafeCreative Mina Cb
viernes, 18 de septiembre de 2026
MARIANO, EL GATO VEGETARIANO
Era Mariano un gato feliz, rechoncho y madurito. Un gato de campo, libre y despreocupado que espantaba ratones y perseguía gatitas. Un gato de finca de ocio que dormía al abrigo, recibía mimos y pienso y hasta de vez en cuando era obsequiado por el propietario del huerto vecino con las sobras del asado de alguno de los festines que a menudo preparaba. Tan plácida era su vida que incluso se había vuelto algo diabético y como consecuencia bastante cegatón.
Era feliz, decía, hasta el momento en que lo tocaron las flechas del amor. A la vejez viruelas, se diría, de un felino que fue en su juventud gallardo y pendenciero y que no pocas veces desojó a algún rival de un buen zarpazo, llevándose a la hembra a su terreno para luego volver a su guarida a llenar la panza y a dormir tranquilo mientras la zona se llenaba de mininos de mirada gris como la suya.
Pero apareció ella y ya no pudo pensar en nada más. Era rara, eso sí: de patas largas y algo grande incluso para un bicho de su envergadura. Pero a él le gustó desde el principio. Algo tenían esos ojos mansos y tristones que le hicieron caer perdidamente enamorado. Pertenecía al vecino, que la mantenía atada a la verja de una de las ventanas de la casa mediante una cuerda lo bastante larga como para que pudiera pasear sin escaparse. Mariano traspasaba la cerca y se quedaba horas contemplándola, su rizada pelambre y sus esbeltas patas, y ese hocico rosado y prominente, y ese tono nasal y seductor en que maullaba: “Beeee”, le respondió cuando por fin se decidió a acercarse y saludarla. Extranjera, se dijo. Pero no le importó. Ni eso ni el profundo corte que marcaba una de sus orejas. Tan prendado se hallaba de la vecinita que mordisqueó la cuerda hasta romperla y la invitó a seguirle. Quería sacarla de ese encierro, escapar con ella y vivir los dos en libertad, lejos de aquellos campos que tanto le aburrían.
Mas no logró convencerla para que lo siguiera. Ella se acurrucó bajo la ventana, temblorosa, y al fin Mariano hubo de huir al escuchar la puerta que se abría. El propietario de la casa se quedó atónito al descubrir la soga rota y la volvió a amarrar con uno de los trozos.
A la mañana siguiente su amada ya no estaba. Intentó rastrearla pero nada vio. Ni una huella. Nada. Era como si hubiese levantado el vuelo. La buscó por todas partes sin hallarla. Sin cesar. Ni de día ni de noche. Al cabo de casi una semana regresó al redil. Ella seguía ausente y en su rincón halló, todavía humeantes y en un plato, los restos de lo que debía haber sido el último festín del huerto del vecino. Se le erizaron los bigotes al acercarse y ver el afilado corte de la oreja de la res. Lanzó un escalofriante maullido inacabable y escapó de allí para nunca más volver.
Al llegar el invierno lo encontró una señora de esas que viven solas y lo llevó a su casa. Le puso pedacitos de jamón de york pero no hubo manera de que comiese nada. Ni embutidos, ni pienso, ni siquiera trocitos de pescado.
Eso sí, a la buena señora le ha pelado todas las macetas.
#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Etsy
jueves, 17 de septiembre de 2026
PRIMEROS FRÍOS
Yo no quiero que el frío
llegue temprano.
Que se alargue el verano
hasta el estío.
Yo no quiero desnudo
mirar al chopo.
Que no me gusta el copo
gélido y mudo.
Yo no quiero mañanas
hueras de trinos.
Que llenen los caminos
flores tempranas.
Yo no quiero el invierno
sombrío y largo.
Que se me hace el letargo
triste y eterno.
#SafeCreative Mina Cb
miércoles, 16 de septiembre de 2026
SAN MARTÍN
Me dicen que ya no es oro
todo lo que en ti destella,
que se te funde la estrella,
que a rastras te sigue el coro
y te va a pillar el toro.
Me avisan de que por fin
tus socios de camarín
se están poniendo de acuerdo.
Ya sabes: a todo cerdo
le llega su San Martín.
#SafeCreative Mina Cb
martes, 15 de septiembre de 2026
Y SI ALGÚN DÍA REGRESAS
Y si algún día regresas
trae el corazón alegre
y abriremos las ventanas
a ese amor de ayer y siempre.
Y si algún día regresas
trae también mi sonrisa
que se marchó en tu bolsillo
la mañana de ese día.
Y si algún día regresas
trae en la mano un pincel
y le pondremos colores
a este nuevo renacer.
Y si algún día regresas
permíteme recordarte
que me debes dos mil euros
de los pufos que dejaste.
#SafeCreative Mina Cb
lunes, 14 de septiembre de 2026
LO DE LA TEMPERATURA DE LA CERVEZA
Ya estamos otra vez con la tontería. De verdad que aquí se pone de moda cortarse la cabeza y acaba todo dios descabezado. Y es que la última moda de los gurús es que la cerveza se ha de servir fría pero tampoco tanto. Que a mí hace unos meses en una cata se me ocurrió decir que la meto al congelador un rato antes de tomármela y el tío me miró como si fuera la niña del exorcista en plena crisis de levitación. Y eso que no añadí que a veces hasta se me va la mano y tengo que tirar de baño maría y abrelatas con las latas. Que a los amantes de la birra helada os lo recomiendo vivamente, porque un granizado de cerveza en pleno agosto es un placer.
Claro que en casa. Porque en el bar hay que morir al palo. Y oye, como lo dictan los expertos la cosa va derivando en ley. Y al hecho de que en algunos locales tiren la cerveza como el culo hay que añadir que parece que se han puesto de acuerdo para subir las temperaturas de los tiradores, y ahora te tomas la birra templada y sin apenas espuma.
Vamos, en plan pis.
Y eso donde hay cañeros, porque donde no los hay te sacan el botellín que casi puede salir vapor al quitarle la chapa, como si fuera una olla de cocido.
Por eso yo digo:
A ver, señores y señoras hosteleros ¿por qué no hacen ustedes caso a los clientes en vez de a los expertos? Que oye, si al propietario de la cervecera le gusta la cerveza en plan consomé me parece fantástico, pero a mí que me deje el tirador a 14 bajo cero y que ese primer trago me caiga por el esófago como un néctar divino y refrescante y no como una ración se sopinstant. Que si quiero algo caliente ya me pediré un café con la leche en plan lava volcánica, pero la cerveza fría. Y mucho. Aunque el frío mande a paseo sus cualidades organolépticas y se pierdan los matices afrutados en el paladar. A mí me la sirves fría y ya. Y en jarra helada. Aunque se agüe, que también me da lo mismo. Y con una corona de espuma bien montada. Como si fuera el merengue de una tarta. Y si me pones unos cacahuetes o unas patatas fritas aún mejor. Y que le den pomada al cervecero.
Que a dos cincuenta mínimo la caña creo que tengo derecho de exigir.
#SafeCreative Mina Cb






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