miércoles, 1 de julio de 2020




MARIDO Y MUJER

Te has casado, Joaquín, sin avisarme,
con las ganas que yo tenía de boda,
sumándote con tal gesto a la moda
que Clooney inició, de no invitarme.

Te has perdido, tal vez, que recitase
algún verso mordaz e inapropiado,
tal vez no del nivel de los de Prado,
pero tampoco de tercera clase.

Con lo que yo pené con tu accidente,
que me tuvo en un ay durante días,
dudando entre si te recobrarías
o la ibas a palmar tan tontamente.

Y ahora ya ves, al fin recuperado
le pones un alianza a tu andadura
(que es ya más de durar que de estar dura)
con Jimena, tu amor más señalado.

Que el cielo arme a la Jime de paciencia,
porque me da que no has de ser buen viejo.
Con tu fama de golfo y de pendejo
bien ganada se va a tener la herencia.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 30 de junio de 2020




EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Se conocieron en el supermercado. El la confundió con otra y ella le siguió el juego hasta que cayó en la cuenta, momento en que iniciaron una divertida conversación que terminó con un intercambio de teléfonos y qué continuo después, cada cual en su casa, durante horas. Hablaron de quedar para tomar un café pero aquella semana llevaban turnos cruzados y no pudieron verse, de modo que el primer día en que ambos estuvieron libres, y tras haber estado intercambiando mensajes todo el tiempo hasta el punto de acabar perdidamente enamorados, se quisieron citar en un bar que tenía una terraza poco concurrida. Se encontraron dentro del mismo. El pidió una cerveza fuerte, que dio la casualidad de que también era la favorita de ella. Y cuando al fin salieron al exterior, se sentaron frente a frente y se quitaron las máscaras, los dos se dieron cuenta de que el otro no era su tipo precisamente.

Pero ya era tarde...

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Street Artist Pony Wave

lunes, 29 de junio de 2020





“DÉJÀ VUE”

Me despierto fatigada y con ojeras. Me da que hoy va a ser uno de esos días de mierda. Abro la nevera y pienso que en vez de desayunar me tomaría una cerveza y otra y otra hasta caer rendida. Empiezo a llorar tontamente. Intento controlarlo pero no puedo parar y al final en vez de desayunar me derrumbo en el sofá. Me ha escrito una amiga que sabe que estos días ando chunga. Menos mal que existen los amigos en estas situaciones. Me dice lo de siempre, que me anime, que tampoco es para tanto, que me haga algo rico de comer... Pero yo lo único que quiero es ver de sol. Y escuchar a los pájaros. Y al fin me pongo música. Cuando el confinamiento comenzó decidí bailar para sustituir el ejercicio de los paseos. Hay días que me anima y otras que no, que lo hago mecánicamente esperando a que se pase el tiempo estipulado. No es como salir pero al menos ocupo un par de horas de la jornada. Eso, escribir, leer y ver la tele, que siempre es una mierda, incluso la de pago. Llega la hora de preparar la comida y de comer y después al trabajo. Desde hace días hago trampas y doy un pequeño rodeo. A cambio, si tengo que tirar la basura lo hago al mismo tiempo para no salir más que una vez. Cuando llego al curro toca el ritual de siempre. Tirar de las manillas protegiéndome los dedos con la ropa, encender los interruptores con el codo y al llegar a los vestuarios lavarme las manos antes de cambiarme. Uniforme y mascarilla y otra vez a lavarme las manos. Guantes y desinfectante a todas horas. Y la pantalla, que no sé quién fue el alma caritativa que la hizo. Una mañana las trajeron los de Protección Civil, son una donación de alguien que le robó horas al descanso para hacerlas. Que, por cierto, si me lee, le quiero dar las gracias desde aquí, ya que gracias a ella me enfrento más tranquila con esta pesadilla: irresponsables que vienen veinte veces a por veinte, inmortales que se niegan a utilizar el gel, gente que está cuidando de sus mayores y les hace la compra... Pocos clientes, en general ataviados como para una catástrofe nuclear y con rostros siempre graves. Cómo echo de menos las sonrisas. Distancias de seguridad que todo el mundo cumple escrupulosamente porque sabe lo que nos jugamos. A la hora del descanso no hay un bar para echar un café. Y no puedo salir a la calle a respirar porque siempre hay un vecino que llama a los munipas. Eso sí, a las ocho, cuando saco la basura al cierre, están todos aplaudiendo en el balcón. Y luego de vuelta a casa en vez de por lo viejo me voy por Ribotas y así por lo menos veo naturaleza. El otro día vi una mariposa y fue genial. Hoy el río está tranquilo y la isleta llena de pájaros. El atardecer es precioso y rompo a llorar una vez más. Cuando voy llegando al puente una moto se detiene tras de mí. Es un municipal que me da el alto. Me conoce, y al ver que voy llorando como una magdalena (me he de girar de golpe y no tengo tiempo de recomponerme) se enrolla e intenta darme ánimos. Yo le digo que me parte el alma ver ese paisaje y no poder disfrutarlo y él me dice que me entiende, pero que si se permitiera el deporte la gente se tomaría la parte por el todo. Al llegar a casa afronto la operación de limpieza nuevamente: agarro la manilla exterior de la puerta ayudándome con el jersey para no tocarla con los dedos, me desprendo de las botas y voy directa al lavabo. Luego saco el móvil del bolso y lo desinfecto con alcohol. Antes de salir del trabajo y ya me he había lavado y desinfectado pero no me fío. Creo que me estoy volviendo un poco paranoica. Hay quien me dice que tengo suerte porque salgo un rato pero no sé si es bueno o malo, porque llevas el miedo continuamente encima. Después de la desinfección me ducho, me pongo la ropa de casa y me considero al fin a salvo. Mi casa se ha convertido en el único lugar seguro que conozco. Seguro y tranquilo. Me siento con una cerveza y empiezo una videollamada. Los solitarios hemos cogido esa costumbre. Cada noche nos sentamos en el sofá de nuestra casa y echamos un rato, como lo echaríamos en la terraza del bar. Aunque no sea lo mismo. Hablamos de lo que hacíamos y de lo que haremos. Y de las cifras de la pandemia, por supuesto, aunque eso poco. La verdad es que al principio me gustaba pero ahora se ha convertido ya en rutina y a días me aburre y no tengo ganas ni de eso. Solo de, tras la ducha, hacerme un ovillo en el sofá y llorar hasta quedarme seca para luego acostarme...

Vacía, como me levanté. 

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Jose Miguel Jiménez Arcos

Después de la salud, la libertad es lo más hermoso que tenemos. 
Sé prudente.

domingo, 28 de junio de 2020




ORGULLO

¿No es verdad, ángel de amor
que, aunque yo me llame Juan
y tú te llames Adán
no hallaré a nadie mejor?

¿No es verdad, mi bella Inés
que, tras mucho meditarlo,
te decidiste a afrontarlo
y ahora te llamas Andrés?

¿No es verdad, dulce bombón,
que, aún sumando cuatro tetas,
nos sentimos bien completas
y no añoramos varón?

¿No es verdad, cariño mío
que a nadie atañe el secreto
de si lo lamo o la meto
fiel a mi libre albedrío?

¿No es verdad, so calamar,
que esto no es asunto tuyo?
Si te molesta el "Orgullo"
vas y te lo haces mirar

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 27 de junio de 2020



EL MICROCHIP

Hace un rato, mientras fregaba la vajilla, pensaba en lo del microchip. Sí ese que van a insertarnos con la vacuna del Covid. Andaba yo ahí dándoles a las meninges, como el Miguel Bosé pero estropajo en mano, no porque esté convencida de que el Bill Gates quiera dominar el mundo, que ya lo domina sin necesidad de meternos chips para saber hasta con qué frecuencia defecamos, sino porque he visto esta mañana, trasteando por las redes, que puede que ya haya por ahí otro virus más mortal al que no le hacemos caso y que mejor que nos vayamos acostumbrando al tema de la mascarilla ya que me da que ésta no va a ser la última plaga bíblica que nos caiga en el sistema inmunológico. Y precisamente de ahí venía esta reflexión mía tan espumosa del microchip, que sí que es un rollo porque nos pueden controlar, pero imaginaos lo que nos beneficiaríamos con las actualizaciones. ¿Que sale una gripe nueva? Pues te descargan el antigripal a través del 5G y asunto concluido. Que además, con lo dados que somos a no acabarnos la medicación en cuanto se nos pasan los dolores íbamos a ahorrar un huevo con lo de las recaídas. ¿Que eres profe de mates y cambia, que se yo, el número Pi? Pues lo mismo, actualización trigonométrica directa a la parte del cerebro que se ocupe de eso y santas pascuas, y se acabaron los engorrosos cursillos de puesta al día. ¿Que sufres de eyaculación precoz? Aplicación eréctil rumbo al miembro viril y tu pareja dando palmas todo el tiempo. ¿Que eres un poco tocahuevos en el curro? Amansamiento por vía cibernética y más sumiso que un perrito. Incluso hasta te pueden bajar el sueldo que no protestarás.

Que igual esto último no mola, pero ya se sabe: No hay panacea sin contraindicaciones. 

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 26 de junio de 2020




CUENTOS QUE SE TERMINAN

A lo largo de la existencia, cada persona va conociendo lugares que acaban por conformar su paisaje emocional: las tiendas de ultramarinos de la infancia, las aulas en las que pasó tal o cual curso, los espacios domésticos en los que vivió ciertos momentos...

Y los bares.

Porque los bares son, desde la adolescencia, el lugar en donde lo hemos descubierto todo, donde hemos aprendido a socializar con personas a las que no hubiéramos encontrado en otra parte y donde, afectados a veces por los efectos del alcohol, hemos dejado atrás nuestros complejos y nos hemos atrevido a ser nosotros mismos. Y por eso es tan triste que echen la persiana. Porque cuando eso sucede nos quedamos desvalidos y necesitamos encontrar otro espacio como ese, con esa luz y esa música y esa clientela... y ya nunca lo hay, puesto que la vida es una carrera en la que jamás se retrocede. 

Y así vamos quemando etapas y viendo cómo todo queda atrás y cómo esas calles que en su día fueron zonas de fiesta se convierten en pasillos desiertos salpicados de verjas oxidadas que nos encogen el alma cuando transitamos por ellos. Y el tiempo corre y nos hacemos mayores y ya no vamos encajando en casi ninguna parte, salvo en aquél tugurio de siempre en el que todavía la misma camarera nos mira desde el otro lado de la barra, entre malcarada y sonriente, y nos pone la cerveza sin que se la tengamos que pedir. Y allí echamos las horas, charlando con los pocos renegados que se resisten a integrarse en el ejército de la madurez aburrida y responsable y la rutina de la cena con amigos y el café en una terraza de la plaza. Hasta que llega un día en que la chica del otro lado de la barra te confirma lo que ya esperabas. Y de repente se te caen encima y de golpe los cincuentaytantos, y lo comentas con la gente joven, que también lo siente pero no como tú. Porque para ellos éste sólo será un garito más de los que cierren. Puede que especial, pero uno más. Sin embargo para ti es el último. Ya nada de lo que puedas encontrar será lo mismo porque no estará la misma gente ni te sentirás en casa ni podrás cantar a voz en grito, un viernes a las tantas, casi todo el Rock and Ríos con un amigo que se ha dado cuenta de que estabas depre y te lo está tocando a la guitarra. Ya no te llamarán piojosa ni podrás dejar la chupa nueva tirada en cualquier parte con la seguridad de que nadie te la robará, ni echarás más noches en la calle, de tertulia en esa fila de sillas que se monta enfrente de la puerta, mientras los gatos deambulan por el tejadillo. 

Y es que hay persianas que, al caer, nos dejan como huérfanos.

#SafeCreative Mina Cb

Nota: Tienes hasta mañana para pasar y decirle lo feliz que te ha hecho. Luego ya no se vale. 😜

jueves, 25 de junio de 2020




SANTA MEDICINA

Nos acercamos a julio:
el calor al fin atiza
y me da que al personal
se le empieza a ir ya la pinza.

Primero, con el asunto
de fiestas y romerías
y reuniones sociales
demasiado concurridas,
situación que ha de agravarse
ya que el alcalde autoriza
la inminente reapertura
de los cuartos de cuadrillas.

Otro riesgo del calor
si te pilla sin piscina
municipal es hacerte
con alguna “made in China”
de esas que puedes ponerlas
incluso en la galería
inflarlas, llenarlas de agua
y matar a la vecina
cuando, no aguantando el peso,
tu balcón le caiga encima.

La puedes sacar también,
si te parece, a una esquina
de la calle donde vives
(si ésta no es muy concurrida
y no hay tráfico rodado)
y que toda la mocina
del barrio se meta dentro
y eche allí babas y orina
y en cuatro días estéis
todos hechos una ruina.

Vaya meses nos esperan
sin cohetes ni vaquillas,
sin fuegos artificiales,
sin puestos de artesanía,
sin gaitas y sin verbenas,
sin gigantes ni garitas,
sin podernos meter mano
ni compartir la sangría
bebiendo del mismo vaso
bajo el sol de mediodía.

Tudelanos...
Tudelanas:

¡Viva Santa Medicina!

#SafeCreative Mina Cb