¿Y SI FUERA LA ÚLTIMA?
(el corazón de Estaciones)
Desde luego que hay muchos. Y muy importantes. Y multitudinarios. Y legendarios, además.
Un montón. Hay un montón. Tantos que toca a más de uno por día. Alrededor de mil, que ya se dice pronto. Y por todo, además. Los hay en pueblos grandes y pequeños, en ciudades de todos los tamaños, en secarrales, en orillas de playas, en valles, en desiertos, en plazas mayores, en ruinas, en polideportivos...
Los hay grandes y chicos, brutales y modestos. Los hay de rock, de pop, de indie, de jazz, de blues, de folk, de heavy metal, de músicas locales. Los hay organizados por las grandes productoras, por la administración o hasta por pequeños grupos de chalados que convencieron a alguien para invertir en ello.
Como Estaciones.
“¿Oye? ¿Y si hacemos uno de estos en el pueblo?”
Con frases parecidas es como empiezan todas las grandes aventuras. Con quimeras paridas en la barra de un bar que se ponen después sobre una mesa y se valoran. Y convenciendo a gente para que se implique. Y luego, bueno, ya se sabe, buen rollo y muchas ganas de echar horas y de negociar. Porque estas cosas no salen porque sí. Salen porque todo el mundo aporta y hay algunas ideas que prosperan y otras que no. Y ahí entra la generosidad de decir que el proyecto es común y el resultado es lo que importa. Y al final ya ves: trece ediciones en cartel por las que han pasado los mejores. Y no es por el guarismo de este año sino por el riesgo que conllevan todas las burbujas (y la de los festivales es una) de convertirse en nada que los organizadores lanzan un SOS.
¿Y si fuera la última?
¿Y si el pequeño festival acabase devorado por el dragón de las grandes productoras? ¿Y si el presupuesto no diera para cabezas de cartel potentes? ¿Y si la falta de interés de las propuestas acarrease una importante disminución de la asistencia que a su vez motivase una oferta aún menos atractiva? ¿Y si esta situación hiciera mella en el ánimo de un equipo que lleva tantos años trabajando en el proyecto?
¿Hace falta que te diga lo que pasaría entonces?
Vale. Aun así, te lo digo. Pasaría que las financiaciones no se gestionan con entusiasmo sino con dinero. Y que nuestro querido festival local, ese del que nos sentimos tan orgullosos cuando viene alguien de fuera, se convertiría en un bonito recuerdo. Y que ya sé que los hay más importantes, y más grandes, y más chupis. Y donde va gente más guay y más moderna. Y puedes ver en una tarde a un montón de grupos tocho. Pero tienes que irte hasta atomatrporculo y si no dispones de una furgo donde pasar la noche la broma te cuesta un pastizal. Y además no conoces a los camareros ni te puedes echar una caña con el organizador y luego, a las tantas y cuando ya no aguantas ni un segundo más en pie, pillar el bus y caer en tu cama como un fardo.
Eso no tiene precio y lo sabemos. Así que enróllate y compra ya tu entrada. Porque el corazón de Estaciones eres tú.
Y eso también lo sabes.
#SafeCreative Mina Cb
Los cuentos de Minina
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
jueves, 24 de septiembre de 2026
miércoles, 23 de septiembre de 2026
LA I.A.
¡Nos va a matar la IA!
Horror de los horrores.
Quienes quieran salvarse
que tomen precauciones.
No vale, como en caso
de que haya un terremoto
estar bajo la cama
hasta que pase todo.
No vale, como en caso
de lluvia torrencial
con cerrar las ventanas
y subirse al desván.
No vale, como en caso
de un incendio dantesco
agarrar a los críos
y largarse corriendo.
No vale, como en caso
de haber un dictador
con cantar si hace falta
incluso el Cara al sol.
No vale, pues la IA,
como es inteligente
se introduce en tu casa
sin que seas consciente:
Ese Roomba que limpia
la casa mientras curras
se alimenta de datos,
no sólo de basura.
El horno pirolítico
(o como hostias se escriba)
se guarda en la memoria
todo lo que cocinas.
El Netflix, que consume
todas tus horas muertas
sabe lo que te gusta,
también lo que detestas.
La central que regula
alarmas y persianas
sabe mejor que nadie
cuándo faltas de casa.
Spotify, tu banda
sonora favorita
se conoce tus gustos
aún mejor que tu chica.
Alexa, ese robot
al que crees tu esclavo
es una Mata Hari
que recoge tus datos.
La tarjeta del súper
que te regala puntos
a través de tu ticket
saca foto a tus gustos.
¿Y qué decir del móvil,
inseparable y fiel
que sabe dónde vives,
dónde vas y con quién?
Deja de resistirte.
No tienes dónde huir.
La IA está en el aire
y ha venido a por ti.
#SafeCreative Mina Cb
martes, 22 de septiembre de 2026
ABARROTÁO
Es un tren de esos que le gustan al paisano. A tope de peña pa quejarse al perrosánchez. Que me tienta hacer un video y pixelarle las caras al pasaje pero me van a tildar de gilipollas. Por coger un Tudela Logroño el día del chupinazo de San Mateo y quejarme de que el tren iba petao. Que mira, la ida bien pero la vuelta no sé yo. Que es el último y el personal ha apurado la fiesta hasta el final. Y así llegan algunos, que acaba de desplomarse sobre el asiento de al lado un muchachico que dan ganas de pedir el desfibrilador. Yo creo que viene corriendo desde Murcia por lo menos. Claro que lo peor es que cuando recupera el resuello saca un vaso de yatecomo y mete dentro los dedos como si fuera un cuenco de cuscús. Di que la desazón me dura poco porque acaba de entrar Baco por la puerta del vagón. Y un Baco nada velazqueño ¿eh? que por las mollas más parece el primo premillenial de las tres gracias de Rubens. Lleva un trozo de tela marrón en bandolera y una especie de corona en la cabeza. Ah, y pantalones. Gracias al altísimo esto último. Porque en gayumbos ya sería total.
En este viaje los pasajeros ya no van de botellón como a la ida, que de repente se oía un pssssch y te llegaba la esencia de la Seagrams. Ahora lo llevan todo puesto. Por dentro y por encima. Desfilan gorros, pañuelos y camisetas rotas y entintadas. De tinto, no de tinta. Vamos, que esto bien podría ser la calle Rúa el 24 de julio a la hora de la merienda. Pero no, es el tren. Se encarga de recordárnoslo la megafonía al anunciar un parón de diez minutos para que pase el AVE. Hay que joderse, para un día que Renfe estaba cumpliendo los horarios. Pero en fin, seamos solidarios con la alta velocidad. Que si hay que parar porque ellos circulan con retraso pues se para. Y así llegamos todos tarde y la reputación de ADIF no sufre variaciones. En fin, paciencia. Al menos en Calahorra se ha bajado Baco.
Y el vecino no va escuchando reguetón.
#SafeCreative Mina Cb
lunes, 21 de septiembre de 2026
AMIGOS
Amigos:
De los de antes,
de los que apenas quedan.
De conversar,
de compartir el tiempo.
De mirarse a los ojos,
de otorgarse importancia mutuamente.
De no atender al móvil,
de no poner las fotos en el Insta.
De no hacerse reproches.
de mirar siempre el vaso medio lleno.
Amigos:
De los que cuentan,
de los que están presentes
incluso en la distancia.
Amigos de ventrículo,
de aurícula,
de válvula tricúspide
(¿o era mitral. perdona?)
desgastada y anómala
pero viva,
vivísima…
Aún te diré: Más viva
que muchas de las válvulas cercanas.
Amigos: Simplemente.
Amigos: Que no es poco.
Amigos:
Solo amigos.
Que es mucho más que todo.
#SafeCreative Mina Cb
domingo, 20 de septiembre de 2026
NO SABES CUÁNTO TE NECESITÉ
¿Crees que soy de hierro? No lo soy.
¿Crees que nunca espero lo que doy?
¿Crees que yo no tengo corazón?
Puse toda mi confianza en ti,
todos mis sueños los tendí a tus pies,
mi compañía y mi amistad te di
y, cuando estabas triste, te escuché,
Intenté hacerlo bien, pero al sentir
el frío de tu indiferencia ayer
me dije: “Algo ha tenido que fallar aquí;
o no me entiende, o yo no me expliqué”.
Tuviste entre las manos conseguir
que no estuviera sola, y hoy no sé
si de verdad puedo creer en ti…
¡No sabes cuánto te necesité!
#SafeCreative Mina Cb
03/03/86
sábado, 19 de septiembre de 2026
SIGO SIENDO LA MISMA
Sigo siendo la misma.
No hay mucho que contar:
No estudié periodismo,
tampoco fui mamá.
Sigo siendo la misma:
Me pongo ante el espejo
y día a día apenas
siento pasar el tiempo.
Sigo siendo la misma:
Gasto idéntica talla
y es algo prodigioso
pues mi cuerpo se ensancha.
Sigo siendo la misma:
Soy fiel a mis raíces
aunque lleve ya el alma
llena de cicatrices.
Sigo siendo la misma:
Me leo adolescente
y son míos los versos
que hice a los diecisiete.
Sigo siendo la misma:
Nunca he bajado el puño
y trato, en lo posible,
de mejorar el mundo.
Sigo siendo la misma.
Si tú me ves cambiada
no es porque me haga vieja:
Es porque soy más sabia.
#SafeCreative Mina Cb
viernes, 18 de septiembre de 2026
MARIANO, EL GATO VEGETARIANO
Era Mariano un gato feliz, rechoncho y madurito. Un gato de campo, libre y despreocupado que espantaba ratones y perseguía gatitas. Un gato de finca de ocio que dormía al abrigo, recibía mimos y pienso y hasta de vez en cuando era obsequiado por el propietario del huerto vecino con las sobras del asado de alguno de los festines que a menudo preparaba. Tan plácida era su vida que incluso se había vuelto algo diabético y como consecuencia bastante cegatón.
Era feliz, decía, hasta el momento en que lo tocaron las flechas del amor. A la vejez viruelas, se diría, de un felino que fue en su juventud gallardo y pendenciero y que no pocas veces desojó a algún rival de un buen zarpazo, llevándose a la hembra a su terreno para luego volver a su guarida a llenar la panza y a dormir tranquilo mientras la zona se llenaba de mininos de mirada gris como la suya.
Pero apareció ella y ya no pudo pensar en nada más. Era rara, eso sí: de patas largas y algo grande incluso para un bicho de su envergadura. Pero a él le gustó desde el principio. Algo tenían esos ojos mansos y tristones que le hicieron caer perdidamente enamorado. Pertenecía al vecino, que la mantenía atada a la verja de una de las ventanas de la casa mediante una cuerda lo bastante larga como para que pudiera pasear sin escaparse. Mariano traspasaba la cerca y se quedaba horas contemplándola, su rizada pelambre y sus esbeltas patas, y ese hocico rosado y prominente, y ese tono nasal y seductor en que maullaba: “Beeee”, le respondió cuando por fin se decidió a acercarse y saludarla. Extranjera, se dijo. Pero no le importó. Ni eso ni el profundo corte que marcaba una de sus orejas. Tan prendado se hallaba de la vecinita que mordisqueó la cuerda hasta romperla y la invitó a seguirle. Quería sacarla de ese encierro, escapar con ella y vivir los dos en libertad, lejos de aquellos campos que tanto le aburrían.
Mas no logró convencerla para que lo siguiera. Ella se acurrucó bajo la ventana, temblorosa, y al fin Mariano hubo de huir al escuchar la puerta que se abría. El propietario de la casa se quedó atónito al descubrir la soga rota y la volvió a amarrar con uno de los trozos.
A la mañana siguiente su amada ya no estaba. Intentó rastrearla pero nada vio. Ni una huella. Nada. Era como si hubiese levantado el vuelo. La buscó por todas partes sin hallarla. Sin cesar. Ni de día ni de noche. Al cabo de casi una semana regresó al redil. Ella seguía ausente y en su rincón halló, todavía humeantes y en un plato, los restos de lo que debía haber sido el último festín del huerto del vecino. Se le erizaron los bigotes al acercarse y ver el afilado corte de la oreja de la res. Lanzó un escalofriante maullido inacabable y escapó de allí para nunca más volver.
Al llegar el invierno lo encontró una señora de esas que viven solas y lo llevó a su casa. Le puso pedacitos de jamón de york pero no hubo manera de que comiese nada. Ni embutidos, ni pienso, ni siquiera trocitos de pescado.
Eso sí, a la buena señora le ha pelado todas las macetas.
#SafeCreative Mina Cb
Imagen: Etsy






