martes, 30 de marzo de 2021


 

“ESENCIALES”
(“Sildrimis mijiris”)

Me había propuesto hablar lo menos posible del aniversario del confinamiento pero es que hay un tema que ya me está tocando mucho las narices, y es el de la vacunación de los que hace un año fuimos “trabajadores esenciales”

Yo no sé cómo lo llevarán los agricultores o los camioneros y me consta que, como ha de ser, los sanitarios están siendo vacunados. O por lo menos los que yo conozco. Y en cuanto a las cajeras, que es el sector al que pertenezco, la vacuna ni está ni se la espera. Como tampoco estuvieron, ni se las espera ya, las PCRs. Pero sí que llegaron, una mañana fría y gris de ánimos, unas pantallas que nos trajo Protección Civil y que sólo un tiempo más tarde supe quién donó. Y los aplausos. Y que de repente todas éramos como Agustina de Aragón pero con zuecos. Claro que pare entonces ya habíamos superado la crisis mundial del papel higiénico, con esas colas kilométricas, la gente amontonada, los repartidores a domicilio que no daban más de sí, las tiras de cierre de turno con cifras récord de clientes… una mano, dos manos, tres manos… y así hasta doscientas, trescientas… sin guantes ni mascarillas, los primeros porque se habían agotado y las segundas porque aún no las había. Y cuando se dictaron las medidas de profilaxis y el material llegó, ir contando mentalmente los días hasta el 15, y ese mensaje que yo mandé al grupo de whatsappp de la tienda, “chicas, han pasado dos semanas y estamos todas bien”. Llegar a casa y ya no saber con qué lavarte. Aguantar el tipo y el estrés sin preparación alguna. Y las malas caras del cliente que no se quiere poner la mascarilla porque dice que todo esto es un invento. Y al final la vuelta a la “normalidad” sin una mala prueba que te confirme si lo has pasado o no. Y la ampliación del horario de apertura. Y de nuevo la mala educación, que nunca se había ido. Y las exigencias y las faltas de respeto y los insultos. Y el dejar de ser esencial para ser la pobre chica sin estudios a la que se puede ningunear porque con el uniforme sabemos que no se ha de atrever a defenderse.

Confieso que, personalmente, lo de las vacunas me preocupa pero no me quita el sueño... A lo mejor porque después de todo lo que ha caído me da que sí que somos una especie de superwomans con tarjeta de identificación. Al menos yo y mis compañeras de garito. Me preocupa más que al final acabemos por volver al “antes”. Me preocupa que la gente siga tomando el consumir como un deporte. Que las familias se vayan a pasar la tarde al centro comercial y suelten por los pasillos a los niños, dejando que se comporten como salvajes. Me preocupa que los horarios de apertura se vayan prolongando más y más (para alguna de mis compañeras esa “media horita”-la puñeta siempre te la hacen en diminutivo, que así parece que va a dolerte menos- es la diferencia entre encontrar a sus peques despiertos o dormidos). Llevamos meses con el cierre establecido a las nueve de la noche y no ha pasado nada. Quiero decir que ningún hogar ha quedado desabastecido y nadie ha muerto de hambre por ello. Me preocupa, cada vez que voy a Madrid, comprobar que van siendo más las cafeterías que ya no cierran por la noche. Me preocupa que a nadie parezca preocuparle esta liberalización de aperturas de lunes a domingo (y ojo, no sólo en el comercio) que nos lleva, de culo y cuesta abajo, hacia la esclavitud. Me preocupa que se pongan limitaciones horarias al ocio pero no a la productividad. Me preocupa en qué nos estábamos convirtiendo antes del Covid. Y me preocupa que el Covid no nos haya cambiado para mejor sino al contrario.

Y, sobre todo, me preocupa que nadie esté trabajando en la vacuna contra esto.

#SafeCreative Mina Cb

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