viernes, 25 de diciembre de 2020

 

INCONGRUENCIAS


Es Navidad

y yo deseo la muerte de mi padre.


Se lo dije a mi madre

ayer tarde

que era Nochebuena


y ella me confesó que también la deseaba.


Yo lloraba un poco

sólo por el costado exterior del ojo derecho.


Estábamos en la calle

la gente reía

la música del Olentzero sonaba

las niñas corrían vestidas de caseras


y mi madre me decía

que se puede desear la muerte

de alguien a quien amas.


La abracé

y eso me hizo sentir mejor.


No el abrazo

sino esa complicidad de asesinas

que no tienen coartada.


Aunque sé que ella miente

y que lo dice con la boca pequeña


(lo de que le desea la muerte)


sólo para hacerse la fuerte


y para evitar que yo

me odie a mí misma como lo hago

por desear la muerte de mi padre


lo mismo que deseo

a algunos hombres

a los que no sé si un día llegaré a tener.


Ella, sin embargo

nunca se dejaría poseer por ellos

aunque los desease.


As ahí donde está la diferencia entre ella y yo:


que ella dice desearlo

pero no es cierto


y yo en cambio

lo deseo de verdad.


Anoche estuve sola

porque estaba enfadada con el mundo


que no es lo mismo que estar triste

o que estar nostálgica,


porque cuando uno está triste le viene bien la compañía

aunque sólo sea presencial;

pero cuando uno está enfadado,


como yo anoche

porque me odiaba

por desear la muerte de mi padre,


es mejor estar solo

para que otros no te puedan leer el pensamiento


y te odien también.


Me tumbé en el sofá

y pasada la una me metí en la cama


y esta mañana, 

al despertarme

he escrito tres poemas:


uno sobre el Alzheimer,


otro sobre cómo deseo la muerte de mi padre


y otro acerca de esos hombres a los que quisiera tener

y que han vivido tanto

que creen que pueden mirarme por encima del hombro


tan sólo

porque lo han probado todo.


(25 de diciembre de 2015)


#SafeCreative Mina Cb


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