miércoles, 9 de octubre de 2019




EN LA CIUDAD SIN MAR

A veces tengo la impresión de que en estos tiempos de acabóse solo puede salvarnos la poesía. Y me da miedo pensar que esta era de analfabetismo cibernético pueda dejarnos sin relevo. Y entonces me tropiezo con él y con su ciudad sin mar, un poemario que brotó de la distancia y de la pérdida y que, tal vez seguramente, le pudo salvar a Mikel de perderse entre los túneles del metro o dejarse envenenar por ese condenado hábito de comer cualquier cosa por la calle y en marcha, acostumbrado como estaba a los imponentes menús de su madre que, por cierto, es una mujer valiente y generosa que ama la poesía y algo habrá influido en esa manía de Mikel por juntar palabras. Ella y Eduardo, su tío, aquel que le vigila desde el otro lado y que seguro que tuvo que ver con ese viaje a la ciudad más vanguardista del viejo continente. El caso es que este mozo de aire soñador ha conseguido colarse en una colección en la que figuran nombres como los de Angel Guinda, Pepe Alfaro, Angel Petisme o Begoña Abad, entre otros muchos. Y lo ha hecho sin desentonar y, a mi modo de ver, con una calidad que poco tiene que envidiar a la del resto de los autores. Se lo dije el otro día. Y lo repito por aquí porque Minina y yo estamos muy felices. Pero mucho mucho: porque casos como el de Mikel nos demuestran que el relevo está más que asegurado.

Y eso nos deja muy tranquilas.

#SafeCreative Mina Cb

“En la cuidad sin mar”
Mikel Arilla
Papeles de Trasmoz, 2019
Imagen: Jesús Marquina

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