domingo, 7 de diciembre de 2014



ÓBITO

Se ha desatado un temporal violento
y el cielo se desgarra, enfurecido:
un torrente imparable, negra lluvia
y un viento rugidor y destructivo.

Vuelvo la vista atrás envuelta en llanto.
Son mis huesos estacas. Tengo frío.
No me sale la voz. Me sangra el alma.
… Acabo de enterrar a un buen amigo.

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 6 de diciembre de 2014



A OSCURAS

El día que llegó no sabía que ellos acababan de marcharse. Simplemente se coló por entre una de las rendijas de la persiana entrecerrada y empezó a pasearse por la estancia. Le gustó aquel lugar, curvo y metálico, tan próximo a la techumbre de material poroso que el sol calentaba a mediodía y en la que se alojaban toda clase de pequeñas alimañas. Era feliz allí, estirando sus patas peludas, acicalándose, trepando y descendiendo por los hilos de su red blancuzca y pegajosa. Se sabía temida y poderosa, la más grande amenaza del lugar, aquélla a la que todos respetaban y miraban desde lejos, suplicantes y anónimos, sabedores de que éste podía ser el último día de su vida.

Algo turbó la calma de repente: un estruendo de ruedas y chirridos, y un vibrante motor que puso en marcha el mecanismo de apertura de la puerta. Y unos faros redondos y amarillos que agrandaron las sombras del garaje, dibujando al instante las siluetas de arquetas, tableros, bidones y un sinfín de herramientas y cachivaches varios.

Se detuvo el vehículo. El conductor salió del mismo y accionó el interruptor. Y la blanca luz salió a raudales del redondo foco.

Y entonces supo que todo había terminado.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen de Lumina Terris

viernes, 5 de diciembre de 2014



OJALÁ

Ojalá que ese rayo de esperanza
que llegó en un momento inapropiado
y que vuelve a tu vida, sigiloso,
herido por las puntas de otros dardos,
comprensivo, mirándote de frente,
con franqueza… (por fin alguien honrado),
y las manos tendidas… Sin reproches,
abierto, respetuoso, solidario,
sensible a tus anhelos y a tus penas,
poeta y escultor, hombre de llantos
que no se ocultan ya de las miradas
de otros hombres más rudos y más machos…

Ojalá que ese tipo que aparece
de nuevo, tras las grietas de un pasado
enfermo de zozobras y mentiras,
de caricias que al fin fueron zarpazos,
de promesas que nunca se cumplieron,
de flores de papel, de besos falsos,
de meses de vivir siempre en la sombra,
de contemplar el mundo desde el largo,
inacabable túnel del hastío
en el que te instalaste, y el que al cabo
del tiempo recorriste una y mil veces
sin rumbo fijo y con distinto paso…

Ojalá que esta vez sea distinto
y halles con él la paz que vas buscando.
Ojalá que te llene de venturas,
e ilumine tus ojos enturbiados.
Ojalá que te guarde de ti misma
y que el mundo parezca, entre sus brazos
un cursi escaparate navideño
plagado de guirnaldas y regalos…
Ojalá que te quiera con delirio,
como nunca en la vida te han amado:
como tú te mereces... al desnudo.
Sin dudas. Sin cadenas. Sin engaños

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 4 de diciembre de 2014



PEREZA
(meditaciones invernales)

Abro los ojos, ya casi es de noche,
se acabó “Pretty Woman”, y en la tele
una rubia y un tipo con melena
se insultan, o eso al menos me parece…
Se ha instalado ya el gato en su cestita
detrás del radiador, cómodamente
y ha empezado a llover… Miro la ropa
que ayer tendí…¡También es mala suerte!
me digo, mientras pienso que mañana
no sé qué pantalón voy a ponerme
para currar, puesto que ya están todos
mojados, me imagino… Y aunque cueste
me acabo despegando del sofá,
buscando las pantuflas torpemente,
y arrastrando mi cuerpo hasta el balcón,
recogiendo camisas y sostenes,
leotardos, pijamas, camisetas
y un calcetín morado que parece
haber caído desde los alambres
del tenedor de mi vecina Tere…

Aparco el calcetín junto a las pinzas:
mañana se lo doy… hoy no apetece
subir los cuatro pisos, darle al timbre,
que salga a abrirme y luego que me cuente
lo contenta que está de que su Luismi
le apruebe todo con sobresalientes
y me meta al salón, y me atiborre
de moscatel, de charla y de pasteles
mientras suena de fondo la Jurado
y me obliga a cantar el “Si amanece”

Voy poniendo a secar mis pertenencias
más tarde busco el mando de la tele,
me tumbo en el sofá, paso canales…
mierda y más mierda, no hay nada decente.
Desconecto el ingenio del demonio
y enciendo el ordenata… son las siete….
debería escribir alguna cosa
pero es que mi cerebro no se enciende
dándole a un botoncito, o a una llave,
o echándole gasoil, o incluso aceite…
Y hoy se halla en “off”, en “off”, el condenado,
en “off” sin remisión y tercamente
y estoy como Serrat, falta de musas,
de chispa, de intuición y de alicientes…

¡Qué demonios!- me digo, y me levanto,
voy a buscar el calcetín de Tere,
y enfilo la escalera, resignada,
al Luismi, al moscatel y al “Si amanece”…

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: “Pereza”- Denis Berrios

miércoles, 3 de diciembre de 2014



MONTAÑAS DE PALABRAS

Huir…
teclear con fuerza
pertrecharse tras el hermético muro de caracteres en negro y blanco
impersonales trazos,
escondidos lamentos,
gritos en forma de erre,
de equis o de ese…

Impotencia que brota desde el alma,
se escurre por los brazos
y se esparce al final sobre las teclas,
húmeda y corrosiva,
como lágrimas ácidas y curvas,
escuálidos dibujos que salpican la pantalla blanca
y van derramando el dolor y la rabia,
aliviando el alma…
deshaciéndose en trazos puntiagudos,
sinuosos, vibrantes, rectilíneos,
atormentados, punzantes, torvos gritos
que en el espacio inmenso serpentean
como áspides hambrientas que se enlazan
en turbios arabescos,
jeroglíficos, párrafos ocultos,
indescifrables líneas invertidas
redactadas en lenguas jamás interpretadas.
Mudas caligrafías… mudos textos
que se extienden,
anárquicos,
una línea infinita, cordillera de trazos ondulados,
abajo, arriba, abajo…
abajo y luego arriba…

Montañas de palabras:
....Vacíos infinitos.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 2 de diciembre de 2014



EL SOÑADOR

Era diferente. Lo supo enseguida. No de inmediato puesto que ser diferente no es como ser chico o chica. O incluso rubio, inquieto o mal comedor. Quiero decir que no es algo de lo que los padres se den cuenta al cabo de pocos días, sino que más bien lo perciben cuando el niño empieza a tomar contacto con el entorno y descubren que no es como los otros, esto es, que prefiere leer a jugar al fútbol, que pregunta de qué material están hechas las alas de los pájaros en vez de por qué vuelan o que cuando va al cine se dedica a meditar acerca del sistema que hace girar los asientos de las butacas en lugar de hacer caso a la película.
Y un niño así, evidentemente, tiene bien poco que hacer entre el resto de los niños…

Pero el problema fue el de siempre, o sea que los padres pensaron que se trataba de algo transitorio y empezaron a apuntarlo a cursos de judo y de solfeo. Y al niño le aburrían las corcheas y los golpes. Y lo único que hacía todo el tiempo era mirar a las arañas que corrían por el techo, o anudar y desanudar el cinturón de su kimono, tirando con fuerza hasta quedarse sin respiración mientras contaba en silencio, uno… dos… tres… cuatro… los segundos que era capaz de retener el aire en sus pulmones sin perder el conocimiento y caer como un fardo encima del tatami; o inventarse historias donde la clave de sol se fugaba con una semifusa y el pentagrama quedaba convertido en un tendido eléctrico lleno de corcheas y semicorcheas que piaban, girando la cabeza a un lado y otro, mientras el horizonte se oscurecía y una pavorosa tormenta se desataba en el interior del aula de paredes amarillas.

Hasta que un día sus papás se hartaron de gastar el dinero tontamente y lo dejaron con sus libros y sus ideas raras, convencidos de que ya se encargaría la vida de domesticarlo, y siguieron firmándole los boletines de las notas, y las solicitudes de las becas, y todos esos documentos en los que los adultos deben estampar sus rúbricas hasta que llega el momento en que la ley nos autoriza a hacerlo a nosotros mismos. Y así, al hacerse mayor intentó una vez más seguir la ruta establecida: trabajar y casarse, y continuar fingiendo que era como todos, y que le gustaban el fútbol y los bares, y acudir a cenas de parejas donde los hombres se sentaban en un lado y las mujeres en el otro, y hablar mal de la juventud y del gobierno, e ir a comer paella los domingos a casa de los padres…

Y al fin todo estalló, y su genialidad acabó manifestándose, evidente y espléndida aunque llena de complejos. Y mandó a la mierda todo, y gritó a pleno pulmón que era distinto, y que le importaban un pimiento el fútbol, la cerveza y las pelis de Bruce Willis. Y que estaba hasta los huevos de las cenas con parejas, y de la paella, y hasta del trabajo aunque no pudiese dejarlo. Y de ese maldito retrato que le hicieron en la mili y que colgaba de la pared de su habitación de soltero desde hacía casi treinta años. Y tomó la decisión de empezar a ser él mismo, aunque el precio a pagar fueran la soledad y el desamparo.

Y fue entonces cuando supo que durante toda su vida había estado solo. Aunque sin libertad.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen de Mónica Carretero Ilustradora

lunes, 1 de diciembre de 2014



CALOR DE AYER

Fueron las sustitutas de los braseros. Llegaron orgullosas sobre sus cuatro ruedecillas, portátiles, metálicas y envueltas en un halo de misterio, más que por su novedad por la leyenda negra que siempre ha acompañado al uso del butano.

Eran las catalíticas un prisma rectangular con una puertecilla que a los niños nos encantaba abrir y cerrar, clac, clac, tras la que se ocultaba, recia y llamativa, la imponente bombona; esa mole pesada y un tanto maloliente que nos daba miedo hasta tocar porque, se decía, podía explotar en cualquier momento haciendo que la casa saliera despedida hacia arriba desde los cimientos y gravitase hasta traspasar la atmósfera terrestre y escapar de la galaxia, perdiéndose entre las nubes como pasaba con los cohetes de la Nasa. A mi me daba menos miedo sin la cabeza. La bombona digo. A lo mejor es porque en cierta ocasión una amiguita me confesó que había intentado suicidarse colocándose en la boca la goma anaranjada, pero que no se había muerto. Y quizás desde ese instante yo asocié el sistema de conexión con la cara de mi amiga, mutada en cera en el interior del ataúd. O quizá fuera porque el accesorio que servía para dar salida al gas tenía un aire como de casco de guerrero, la espita haciendo las veces de minúsculo penacho y ese collarín ridículo que había que ajustar meticulosamente, como si fuera una armadura de la que dependiera la supervivencia del miliciano. E incluso la mía. Que por eso mi madre nunca me dejaba tocar la anilla negra, advirtiéndome de que si esta se desajustaba el gas saldría al exterior, invadiendo la sala y haciendo tal vez que la casa volase por los aires, atravesando la atmósfera y… en fin, todas esas cosa que he contado un poco más arriba.

Tenían las catalíticas una pantalla frontal de enrejillado que a veces se dividía en tres partes, como los cuadros de las iglesias, de forma que uno podía decidir cuántas placas quería utilizar. Al principio se cebaban con cerillas, arrimando la llama al conducto de salida del gas con mucha precaución. Más tarde inventaron lo del encendido automático, que consistía en un botón que había que presionar durante unos segundos hasta que la llama prendía, desatando un resplandor violáceo que se expandía, flossss, por la pantalla, como un fogonazo galáctico, dejando una estela de chispas amarillas prendidas de los dibujos de la rejilla protectora. Ese era mi momento favorito: esa llamarada azul y maloliente que me hacía sentir al límite, como una navegante del espacio, ingrávida y sin oxígeno, a punto de morir de asfixia y de ansiedad mientras veía cómo la rugosa superficie se iba tiñendo de naranja mientras que la tóxica bocanada de gas se diluía suavemente con el resto de los olores de la estancia.

#SafeCreative Mina Cb