martes, 27 de octubre de 2026


 

LOS ORÍGENES DE LA TELETRANSPORTACIÓN
(y por qué ya no se practica en nuestros días)

Quienes penséis que lo del amor a distancia es un invento reciente estáis muy equivocados. Y os lo voy a demostrar.

Edad Media. En el transcurso de un torneo, Petronila de Barillas queda encandilada por la belleza y apostura de Ferdinand Prévost, un infante normando bastante resultoncillo al que entregó un pañuelo como prenda al final del festejo. Dicho obsequió permitió al galán, que también había quedado prendado de la más pequeña de las hijas del rey anfitrión, acceder a los aposentos de la misma a través de una dueña bastante sobornable. Por cierto, que quien piense que lo del aquí te pillo aquí te mato es también una práctica reciente anda asaz errado.
Pero a lo que iba. Que Ferdinand y Petronila se juraron aquella noche amor eterno y así lo hicieron saber por la mañana a sus progenitores, que votaron a Tal en señal de enojo puesto que tenían planes diferentes para ellos. De hecho, al doncel lo habían prometido con una escocesa más gélida que un témpano y a la joven infanta con un aspirante a reyezuelo de Aragón. Fernando se llamaba.

Y ahí acabó el romance porque ese mismo día salió el cortejo normando rumbo a las frías costas nórdicas y a la princesa se la encerró en su torreón, a la espera de que la familia de su pretendiente culminase los preparativos del enlace.

Pero Petronila era rebelde y no se resignaba. E hizo llamar a un brujo que, bajo pago de un buen puñado de monedas, preparó un bebedizo que le permitiría algo que nadie creía que fuera posible en esos tiempos:

La teletransportación.

Así pues, a la caída de la tarde la muchacha ingirió el brebaje y experimentó una desagradable sensación al convertirse su cuerpo en una cosquilleante masa de coloridos átomos en movimiento que formaron una espiral que se estiró hasta poder colarse por el ventanuco y atravesó posteriormente el firmamento para aterrizar en los aposentos del mancebo. El problema es que el brujo debía ser un poco chapucero y, al reorganizarse los átomos, la nariz apareció en el tobillo, un ojo en la palma de la mano derecha y el otro en la rodilla izquierda, la boca junto a una axila, los pechos uno en la frente y otro entre los glúteos y en fin… un desastre. Tanto que el infante la confundió con un engendro demoniaco y la ensartó cual banderilla en su tizona.

Tan cruel acción desencadenó una cruenta guerra entre ambos reinos y acabó para siempre con cualquier intento de investigar sobre la teletransportación.

Pero hacerse, se hizo.

#SafeCreative Mina Cb

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