DOMINGO Y OTOÑO
Es domingo, y el otoño nos ha obsequiado con una de esas mañanas insultantemente luminosas y cálidas. Haraganeo camino de casa, con la mochila de deporte al hombro y más bien pocas ganas de encerrarme. Paso por delante de un garito en el que se me quiere y busco un rincón al sol donde instalarme con mi radler.
La calle es peatonal y concurrida y un puñado de terrazas acogen al personal a la hora del vermut. De cuando en cuando pasa un coche. Pasean familias que van hacia la plaza. Una niña con una corona de gomaeva verde se pertrecha tras la pierna de su mamá cuando avista al grupo que las está esperando, celosa, imagino, de tener que compartirla. Un chico alto que está tomando un café junto a su madre la levanta para despojarla del abrigo. Lo hace con una delicadeza exquisita, sujetándola apenas, pero con firmeza, ayudado por la anciana, que sin duda confía ciegamente en que no la dejará caer. Un chavalito hace rodar su coche teledirigido, que termina metido en una fuente abandonada. Llegan desde otra calle un grupo de ciclistas que se van despidiendo porque han acabado ya la ruta. Pasan al poco unos chavales, también en bici, con sus anoraks en la cintura. Baja despacio una viejecita apoyada en su andador mientras la camarera del bar de enfrente sale a toda prisa del local buscando algo. Miro hacia el cielo y me parece ver una cigüeña haciendo círculos pero al fijarme más descubro que es un buitre. Solo. Un buitre girando térmicas, planeando en espiral al tiempo que se aleja de mi campo de visión.
Le doy un sorbo a la cerveza mientras pienso, y sé que es una reflexión muy recurrente en mí, en la suerte que tenemos. En la que tengo. Me acuerdo de la exposición sobre las mujeres afganas que vi en el Muñoz Sola el otro día y reconozco que es una puta lotería. Vivir en un lugar donde los ancianos pueden ir despacio y los niños juegan con coronas y coches teledirigidos en vez de contemplar matanzas. Y yo puedo estar sentada sola al sol tomando una cerveza.
Camino a casa me tropiezo con un amigo. Va con su hija y ella me cuenta que vio a la policía repartir madera en una mani de estudiantes. Y le digo lo que se dice siempre: que ahora les toca a ellos batirse el cobre por la libertad.
La libertad: esa cosa tan frágil y valiosa.
#SafeCreative Mina Cb
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
lunes, 26 de octubre de 2026
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