viernes, 31 de octubre de 2014



CUANDO TODO SE CERRABA

Todas las vidas guardan en la memoria de su juventud aquél lugar que aún permanecía abierto cuando todo se cerraba. Aquél lugar en donde convergían, etílicos y cansados, los más impenitentes noctámbulos de la ciudad. Aquél lugar en el que, ya rayando el alba, se podían ver caras de lo más diverso. Aquél lugar donde las chupas negras y los foulards tecnos se mezclaban, fraternales y eclécticos, tiñendo de color la negrura de la noche. Aquél lugar en el que convivían pijos y macarras. Aquél lugar que algunos no pisaban, por miedo a arruinar su reputación de perdedores y malditos, si no era puestos de todo hasta las cejas.

La Tutú era uno de esos lugares. O más bien el lugar. Porque sus giradiscos seguían funcionando incluso después de que las puertas de Cocorico se cerraran. E incluso después de que el Parrys, ese emblemático local moderno y vanguardista, mandase a paseo a los últimos clientes que se quedaban dentro hasta las tantas, vaciando vasos y entregados a quién sabe qué otros vicios. Y hasta después de que los más tenebrosos tugurios del tubo desconectasen a los chicos de Iron Maiden y pusieran en la calle a su parroquia oscura y cervecera, momento en que no les quedaba más remedio que enfilar carretera Zaragoza adelante para ver si había suerte y el discobar había iniciado ya la recta final de la sesión, momento en el que te dejaban entrar por la cara, sabedores de que, a esas horas, con todo cerrado y en las condiciones que iba el personal, poco le importaba a la clientela que le metieran un sablazo de juzgado de guardia por un par de gintónics.

Y así se juntaba allí lo mejor de cada casa: camareros que salían de currar, chavales jóvenes que acababan de dejar a la novia en casa, parejas clandestinas que se escapaban desde pueblos cercanos pensando que aquí no los conocería nadie, modernos con ganas de dejarse ver, casanovas frustrados en busca de una presa a la desesperada, niñas bien con el rímel despintado y unas borracheras de cosacos, punkis perdidos que habían entrado pensando que aquello era otra cosa… En fin; toda una fauna deambulando por el suelo de madera, dormitando en los bancos, besuqueándose en los sillones, discutiendo en la barra, bailando como posesos en mitad de la pista semivacía…

Apurando las horas, en resumen, hasta que el incómodo destello de las luces que iluminaban la sala descubriendo semblantes demacrados y ese absurdo silencio salpicado de voces roncas que se apoderaba del local cuando la música cesaba, nos anunciaban que la fiesta se había terminado. Y era entonces cuando todos salíamos en fila, como la santa compaña, ojerosos y pálidos, rumbo al acogedor y cálido refugio de las sábanas planchadas por mamá.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen de Taxipaul Paúl Corella (Grupo Fototuitribera)

jueves, 30 de octubre de 2014



CITAS

Se conocieron en el colegio y ya en el instituto empezaron a salir juntos. Salir juntos quiere decir que fueron al cine y comieron palomitas abrazados o que se escaparon en el coche de un amigo un fin de semana a Salamanca después de soltarle a la familia una trola que seguramente nadie se creyó. Se les llenaron de amor el espíritu y el cuerpo y no pudieron esperarse más. Y se casaron jóvenes, e hicieron una fiesta a la que invitaron a todos sus amigos, que acabaron borrachos como cubas despidiéndolos en la estación con el “Adiós con el corazón” mientras un diluvio agosteño los calaba a todos como sopas.
A ella le gustaba ir al campo con su cámara y su cuaderno de notas, una especie de Félix Rodríguez de la Fuente con melenas, y más tarde, y si esto era posible, exponer sus trabajos en los centros culturales. Tan bien lo hacía que se acabó interesando por ella una revista de aventura y el director le hizo una interesante oferta de trabajo. Él estaba delante cuando llegó la carta (hace mucho tiempo de esto, ya os digo, y no había Internet) y le pidió que aceptara. A partir de entonces empezó un ir y venir de avienes y llamadas telefónicas y un verse a cuentagotas que acabó el día en que él le dijo que se había enamorado de otra. Y ella lo entendió.

Se encuentran cuando pueden, cada vez que ella, ahora una reportera de renombre, recala en la cuidad. Se dan cita en un café. Él llega puntual. Ella aparece más tarde, acelerada y sonriente, pide dos cervezas y descarga sobre la mesa el cuaderno de notas y la vieja Zenit que él hizo traer a un amigo desde Rusia para regalársela, hacía muchos, muchos años, y de la que ella jamás ha querido desprenderse. Y durante unas horas discuten acerca de lo divino y de lo humano hasta que el taxi llega a recogerla y los dos se funden en un abrazo intenso y franco. Un abrazo de hermanos. Un abrazo vacío de nostalgia o de tristeza.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen de J Miguel Jimenez Arcos

miércoles, 29 de octubre de 2014



EL BESO

La reconoció al instante pese a no haberla visto más que en una foto que alguien le tomó durante una fiesta a la que acudió con él después de la catástrofe. Se preguntó qué diablos se le habría perdido aquí, tan lejos de su ciudad. Y se dijo que era una coincidencia enorme que, de todos los lugares por los que podía pasearse, hubiera elegido su barrio precisamente.
Se acercó sin dudarlo. La miró largamente, inquisitiva, mientras la otra se reía y hacía comentarios al oído de la amiga que la acompañaba. La persiguió durante un rato, adelantando el paso y encarándose con ella, formulándole todas las preguntas que él nunca había querido responderle y sin obtener más repuesta que un puñado de sardónicas sonrisas. Finalmente, y ya próxima la hora de entrada al trabajo, se plantó ante ella, la cogió por los hombros y apuntó:
“¿Conocías mi existencia?”
Hubo de repetírselo tres veces antes de que la otra, altiva e insultante, respondiera: “Sí”.
Fue entonces cuando se dispuso a dejarla marchar, no sin antes desearle buena suerte y estamparle dos besos, uno en cada mejilla, momento en que la otra la tomó por el mentón con ambas manos, y aproximando su boca hasta la de ella, depositó en la misma un tibio y húmedo beso al que respondió en principio con desgana, pero que poco a poco la fue atrapando en el recuerdo de esa otra boca que hasta hace pocos meses había sido suya.
La desconocida se apartó de súbito y estalló en carcajadas, diciéndole que se notaba que habían pasado juntos media vida puesto que besaba igual que él. Y a continuación se fue, riéndose con ganas (alegre y chispeante, era así como él se la había descrito) mientras el zumbante timbre del despertador se introducía en su cerebro, plomizo e insistente.

Aún estaba excitada, comprobó. Excitada y triste al mismo tiempo.

#SafeCreative Mina Cb

martes, 28 de octubre de 2014



¿POR QUÉ?

A veces me rebelo,
alzo los ojos hacia el firmamento, inmenso y silencioso,
y pregunto, en silencio:
¿Por qué…?
¿Por qué nosotros
y no aquéllos que tanto lo merecen?
¿Por qué nosotros
y no los egoístas, los tiranos, los maltratadores?
¿Por qué nosotros
y no toda esa chusma malnacida?

A veces me desbordan
el dolor y el hartazgo de toda esta injusticia,
de este reparto al tuntún y sin sentido,
de dolores, de plagas, de cabezas de turco…
de curvas asesinas,
de infecciones letales,
de gatillos, de angustias,
de “ya no puedo más”.

A veces me cabreo,
golpeo las paredes,
y salgo al campo y grito:
grito como una loca… como una poseída,
y vago por las calles por la noche,
sola y perdida,
sombra sin un rumbo…
huyendo del insomnio y del vacío espacio de los sueños…
Y me siento en un banco,
las grises piedras de los viejos muros
que miro ya sin ver… ojos vidriosos…
lágrimas negras, luto en el cerebro.
Y la puta pregunta que resuena insistente,
metálica e hiriente hasta la náusea,
una vez y otra vez… eco infinito…

¿Por qué…? ¿Por qué…?
…¿Por qué?

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 27 de octubre de 2014



FUNAMBULISMO

Me ha llamado la atención el verla ahí, desubicada y solitaria, bailando sola a merced de las corrientes que levanta el río que discurre no muy lejos, suspendida, colgada del paisaje, majestuosa y ridícula, quién sabe, feliz analfabeta de las leyes físicas, meciéndose, ingrávida y ligera, columpiándose en el hilo transparente que alguna araña dejó caer sobre el vacío y del que ella se quedó prendida, salvándose así, y seguro, sin buscarlo, del húmedo y pegajoso anonimato al que estaba destinada, de ese formar parte del montón de hojas secas que los coches arrastran a su paso y que acaban, cenicientas y sucias, embarrándolo todo al descomponerse y empaparse de rocío.
Me ha costado un buen rato conseguir la imagen y he maldecido, una vez más, el no haber invertido algo más de dinero en el teléfono, de modo que la cámara fuera más precisa y pudiese captar el milagroso movimiento giratorio. No he querido tampoco hacer trampas, esto es, sujetar el hilo con una mano mientras que con la otra accionaba el disparador. Me ha dado miedo romperlo, destrozar la magia con mi vanidad y hacer, (¿quién soy yo para decidir los destinos de los otros?) que la seda se quebrara y la hojita se convirtiera en un elemento más de ese tapiz amarillento que alfombra el gris camino.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 26 de octubre de 2014



TARDE DE DOMINGO

Me gusta esa tediosa anarquía de las tardes de domingo. Ese tirarse en el sofá y dormitar todo el tiempo, como si nada existiera, entreviendo por las rendijas de los ojos somnolientos el polvo que se va acumulando sobre la pantalla del televisor encendido. Me gusta la siesta interminable e indigesta, esa resaca de paella y tinto de verano que nos clava al canapé y que nos hace dormir como si estuviéramos poseídos por la fiebre: ese querer despertarse y que el cerebro continúe en el mundo de los sueños, ese medio recuperar la consciencia y no saber muy bien si estamos en el dormitorio, en la sala o en el camarote de los hermanos Marx, ese sentirnos como muertos, como drogados, el cerebro compacto y los párpados plomizos, ese importarnos una mierda el lunes, el martes, el miércoles y el jueves, ese no saber muy bien cómo hacer para echar un pie al suelo, ponernos a dos patas e ir a buscar una cocacola a la nevera, ese no pensar en cenas, en comidas o en qué vamos a regalarle a la familia en navidad, ese dejarse hacer por unas horas, ese perder el tiempo miserablemente y sin remordimientos, ese llegar a la noche con la pecaminosa y placentera sensación de no haber hecho nada de provecho mientras nos juramos, eso sí, sin mucha convicción y mientras damos la vuelta a la tortilla de la cena, que para el próximo domingo debemos programar una salida al campo, una tarde en el cine, un café con amigas…
En fin. Algo.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: “La siesta”- Antonio Berni

sábado, 25 de octubre de 2014



DE TARDE EN TARDE

Aún me asalta tu ayer por los rincones…
pertinaz, sorpresivo, traicionero,
parásito irritante, infumigable
mosquito zumbador y tocahuevos.

Aún me amohíno a veces… sólo a veces…
Tres veces anteayer, dos ayer… creo…
y hoy esta vez tan sólo, y como es tarde,
la pasaré por alto y diré cero.

Aún me acerco, confieso, por tu puerta
por ver si sin querer verte te veo,
aunque sé que si ves que voy a verte
no has de salir porque me tienes miedo.

Aún me cabrea (¡rayos y centellas!)
que te pasees por mis pensamientos,
aunque lo hagas, cobarde y de puntillas,
de tarde en tarde y con el culo prieto.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen de Mónica Carretero Ilustradora