jueves, 4 de junio de 2020




LA PENÚLTIMA
(poema para leer con un polvorón en la boca)

Otra prórroga prorroga
la prórroga prorrogada
tras la prorrogada prórroga
de la prórroga anterior.

La última prórroga, dicen,
quienes la van prorrogando,
mas esta prórroga actual
fue también la última prórroga.

¿Será esta prórroga próxima
al fin la postrera prórroga
o prorrogarán más tarde
la prórroga prorrogada?

Tal vez durante la prórroga
que prorrogará esta prórroga
(que es la prórroga presente)
sabremos si hay otra prórroga

y esta prórroga que afirman
que será la última prórroga
será prórroga anterior
de una nueva última prórroga.

El caso es que prorrogando
prórrogas finales lleva
don Pedro el prorrogador
seis prórrogas prorrogadas.

Y yo ya, tras tanta prórroga
no me trago que esa prórroga
no sea sino la prórroga
de la penúltima prórroga.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 3 de junio de 2020




TERRAZAS

Si yo fuera la alcaldesa
(cosa altamente improbable) 
cerraría el 24 
de julio todos los bares.

Porque estamos demostrando 
con nuestro comportamiento 
que merecemos quedarnos 
en casita hasta año nuevo.

Los hosteleros me consta 
que se afanan por cumplir,
pues después de haber cerrado 
medio marzo y todo abril 

lo único que quieren ahora 
es que la gente se porte 
y no tengan que cerrar 
en el otoño de golpe.

Ellos te ofrecen el gel, 
se ponen la mascarilla, 
te atienden con unos guantes,
desinfectan la vajilla...

y luego y luego apareces tú,
pedazo de tontolaba,
hablándole a todo el mundo
bien cerquita de la cara.

Que si un gilipollas ya
conlleva bastante riesgo
un gilipollas borracho
puede hacer temblar al miedo.

Así que córtate un poco
y haz caso al dueño del bar,
que si hay un repunte y cierra
tal vez no vuelva a abrir más.

#SafeCreative Mina Cb
Imagen: I love Cliks

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martes, 2 de junio de 2020




LA DE TUS COMPRAS

Se diría que hay algunos
que no han bebido más que agua
durante el confinamiento
de cómo están las terrazas.

De bote en bote las ves
cuando la noche se acerca
de gente dándole al “drinking”
y gastándose las perras.

Y mira que vende el súper
cerveza, vino y café,
pero parece que en casa
no sabe todo tan bien

y por eso el tudelano
y la tudelana media
gustan, y lo veo bien
de salir a beber fuera

y reunirse con amigos
y aldraguear, y dar trabajo
a esta hostelería nuestra
que ha sufrido tanto y tanto.

Perooooo... de la misma forma
que abarrotáis las terrazas
para que vuestros dineros
beneficien a las arcas

del Muyilustre ayuntamiento
de la ciudad de Tudela
en vez de coger el coche
para iros a beber fuera

digo yo que ya podríais
pensar no sólo en los bares
sino también en las tiendas
y los negocios locales

y dejar el Amazón
castigado en una esquina
para que nuestros autónomos
no se vayan a la ruina.

Que me parto cuando os veo
en las tiendas regatear
y luego estáis en los bares
discutiendo por pagar

bien atentos a sacar
el billete antes que nadie
como críos alardeando
de quién la tiene más grande.

Que digo yo que podéis
echar una ronda menos
y compraros un vestido
o un par de zapatos nuevos

o ir a la ferretería
a mirar ese panel
que hasta hace poco pensabais
encargar por internet.

¿Que sale un poco más caro?
Puede, pero, si lo piensas,
antes que en China o Taiwan,
mejor gastarlo en tu tierra.

Dejad los euros aquí
en la tienda del vecino,
que bastantes sinsabores 
nos han dado ya los chinos.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 31 de mayo de 2020




11 DE MARZO

Esta mañana he abrazado a mi vecina.

Es extranjera. Perdió hace unas semanas a su madre y aún no la había visto. Cuando le he dado el pésame se ha echado a llorar como una Magdalena y a mí me ha salido. Me ha salido y la he estrechado entre mis brazos, dándole palmaditas en la espalda como si fuera una niña pequeña. Una mujer que ha pasado un tiempo fuera de España. Que después ha cogido un avión. Y un autobús. O lo que sea. Una mujer que me regala dulces caseros y se preocupa por mí. Y yo por ella. Una mujer vulnerable que ha perdido a su madre y tiene a su familia muy lejos de aquí.

Y después de ese abrazo me he ido a trabajar. Con gente, que es con lo que yo trabajo. Hablando y tocando y no sé si arriesgándome a que cualquier intercambio de moneda me pegue ese maldito virus que nos está volviendo a todos locos. Y entonces me prescriban quedarme prisionera en mi apartamento diminuto sin ver a nadie ni salir al campo. Hartándome de libros y de internet y de Netflix hasta que ya no me quede nada que leer o que mirar o que escribir. Y echando las horas en las redes y pidiendo a cualquiera que me traiga víveres y me los deje en el rellano, como hacían con los leprosos en Ben Hur. Sola. Sin compañía ni contacto. Sin que nadie me abrace ni me bese ni me toque.

Este es un virus inhumano. Por su origen y por el lugar al que nos está llevando. Un virus que salió de alguna especie ajena y que nos lleva hacia donde ellos quieren: el aislamiento de los otros y lo virtual como única forma de contacto. No sé si es algo natural o más bien el fruto de cualquiera de las conspiraciones que se barajan estos días, pero evidentemente es una señal de que, en primer lugar, nos pueden aniquilar cuando y como les dé la gana, y en segundo lugar, el hermetismo es la mejor vacuna. Tal vez sea necesario suspender eventos, desde luego, a los que acudan cientos de personas. Por prevención. Y desde luego que existen grupos a los que hay que proteger especialmente. Para que no les pase nada. Pero esta locura colectiva debe tener algún final. No sé, un momento en que esto se normalice. En que dejemos de tenernos miedo, de desconfiar. En que cuando alguien tose no le hagamos el vacío como si fuera un apestado.

En que un abrazo sea motivo de esta reflexión.

#SafeCreative Mina Cb

Nota de la autora: Escribí este texto un once de marzo, cuando las medidas de distancia social no se habían anunciado y el confinamiento estaba a punto de decretarse. Y no teníamos, creo, ni idea, de lo que se nos venía encima.

sábado, 30 de mayo de 2020




DOS VIDAS

El otro día le decía a una amiga que, si hay gente que te ha tomado con tanta ansiedad lo de los bares como yo lo de la naturaleza, estos días en urgencias tiene que haber comas etílicos por un tubo. 

Y es que no me canso: me levanto al punto de la mañana, desayuno, me pongo las zapatillas y me lanzo a la selva. Este año, entre la lluvia y nuestra ausencia, está todo exuberante. Y los bichos más confiados que de costumbre. Jamás había oído tantos pájaros ni visto volar tan bajo a las rapaces. Es más; está tan cerrada la vegetación que no he podido acceder a lugares a los que antes entraba sin problema y tampoco quiero, qué demonios; que si Natura decide levantar barreras a la vista humana por algo lo habrá hecho. Y además me sucede algo curioso, y es que estos encuentros con el medio natural han acabado por partir mi mundo en dos, hasta el punto en que ahora me da la sensación de tener dos vidas: una la vírica, con la mascarilla y el desinfectante y el riesgo pululando por doquier y otra la salvaje, donde todo está lavado por la lluvia y puede, por tanto, olerse, tocarse o hasta morderse si se da la circunstancia. Un espacio acogedor y amable donde no existe el miedo y al que puedes acudir desnuda y respirar profundamente hasta que los pulmones no den más de sí. Y aunque reconozco que las circunstancias me obligan a recorrer ambos senderos con idéntica atención, el tóxico para evitar el virus y el salvaje para no perderme nada, confieso que el segundo le va ganando posiciones al primero, por el que últimamente me desplazo casi únicamente por necesidad o gajes del oficio, y del que escapo cuanto antes para perderme por caminos que nunca había recorrido sola, muy atenta a todo lo que pasa alrededor, hasta el punto de llegar a inventar algas con forma de dragón, adivinar sin verlas a las rosas silvestres tan sólo por su aroma o salvar a los escarabajos del camino de ser atropellados. Incluso el otro día pasé por delante de lo que fue el huerto familiar y me acerqué hasta un árbol que plantó mi padre y que, como él, pese a estar seco, todavía es capaz de seguir ofreciendo al paisaje un puñado de hojas verdes cada primavera. Y pensé en lo bellos que son los árboles, incluso muertos, mientras me abrazaba a su tronco y sentía cómo la bondad paterna trepaba desde la raíz y me estrechaba entre sus ramas. 

Y entendí una vez más de dónde vengo y adónde me dirijo. 

#‎SafeCreative‬ Mina Cb

viernes, 29 de mayo de 2020




“ESAS COSAS”

Es como los demás. Quiero decir que habla y anda y respira. Y va a la compra y tiene vecinos a los que saluda por la calle. O no. Puede ser hombre o mujer y su edad es en este caso lo de menos. Y tal vez ni lo hizo intencionadamente. O sea que se le cayó y a lo mejor no se dio ni cuenta. O sí. Pero pensó lo que pensamos todos cuando algo se nos cae. Que tampoco es para tanto. Que por no agacharse... Que por no volverse... Y luego hay barrenderos. Y basureros. Y gente que se ocupa de esas cosas.

Esas cosas.

Tal vez tenga hasta hijos. Tal vez. Hijos y puede que pequeños. Hijos a los que quiere y a los que protege. Y a los que no dejaría, porque hasta el más lerdo sabe el peligro que ello entraña, meter la cabeza dentro de una bolsa. Pues si uno lo hiciera, por accidente, jugando como juegan los niños, y después de ponerse la bolsa en la cabeza la atara en torno al cuello y también por accidente no pudiera soltarla el niño moriría por asfixia. Porque así es como suceden las peores cosas. Por descuido. Por dejadez. Por imprudencia.

Así sucede todo.

#‎SafeCreative‬ Mina Cb
Imagen: Roger Millan

jueves, 28 de mayo de 2020




HIPÓTESIS

Si cualquier día 
amarte
se convirtiera en un trabajo duro

tan solo cogería

tantos atardeceres amarillos,
y el nombre de los pájaros,
y esos lugares que, de otra manera,
tal vez 
nunca hubiera llegado a conocer.

Y la libélula azul posándose en mi dedo.

Y el sol a borbotones las mañanas de invierno.

Y un puñado,
quizá,
de canciones antiguas.

Y partiría,
vacía la maleta,

en línea recta y rumbo al horizonte...

libre.

Como llegué.

#‎SafeCreative‬ Mina Cb
Imagen: Mila Marquis