lunes, 3 de agosto de 2026


 

BIKINIS

El otro día fui a comprarme un bikini. La verdad es que hacía siglos. Entre lo poco que voy a la piscina y un par de bañadores que me reglaron, mi dos piezas era de principios de los dosmiles. Y no es que esté roto, sino que se ha desgastado la goma y ahora se me pega a la piel y es un poco molesto. Que si no ni de coña me meto yo en ese embolado.

Y es que lo de comprarme ropa, mercadillos aparte, me da un poco de pereza. Y más con los sujetadores, que no das nunca con la talla y este te lo ves enorme y el otro minúsculo y el de más allá te tapa una teta entera y la otra solo a medias por el tema de la asimetría. Y eso que no vas por ahí enseñándole el sostén a todo el mundo.

Cosa que, precisamente, pasa con el del bikini. Y por eso cuesta tanto decidirse. Porque no es plan de hacer un Sabrina en Novchevieja en la piscina del Frontón o en el embarcadero de Ribotas. Y antes de decidir hay que probarse modelos y modelos y aun así el que te llevas no acaba de convencerte.

Pues bien: una vez superada la pereza me planté ante el lineal de la ropa de baño y empecé a mirar, “coño, qué baratos” dije, al ver etiquetas de seis euros. Pero el mosqueo vino al comprobar que la braguita llevaba otra etiqueta. Y que había diferentes modelos de sostenes y braguitas para combinar. Y ahí ya se me desconfiguró el cerebro y hube de buscar ayuda.

“Oye, perdona- le pregunté a una chica- ¿las piezas del bikini van por separado?”

Me respondió que sí y a mí se me vino el mundo encima. Me visioné en el probador con une cesta a rebosar de prendas, mi cuerpazo serrano y esos espejos que lo reflejan todo. Y me invadió una angustia inenarrable y empecé a sudar pese a que el aire acondicionado estaba a toda zapatilla. Y luego pensé en ellos, en los gerifaltes, y en lo que iban a hacer con todos esos sostenes y braguitas que se quedasen sin pareja, en si los meterían en una tolva para reciclarlos, como se dice que se hace con las botellas de plástico, y confeccionar con sus restos prendas para la nueva temporada. Meditaba sobre ello mientras contemplaba la colorida muestra que se exhibía ante mis ojos, inmóvil y con aire ausente, tanto que la misma dependienta que me había atendido con anterioridad, se me acercó y me dijo:

-“¿Necesita que la ayude?”

“Muchas gracias, pero no.- le respondí- Creo que volveré el mes que viene, que lo habréis vendido casi todo y será más fácil elegir”.

Pero vamos, que lo más seguro es que al final me compre un bañador.

#SafeCreative Mina Cb 

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