LO DE COMER FUERA
La verdad es que yo no soy muy de comer fuera. Quiero decir de anticiparlo. De decidir con tiempo, planificar y reservar. Me mola más lo de ir a salto de mata, en plan menú del día o triando de garitos que sabes que tienen cosas que te molan.
Pero claro, desde lo del Covid la hostelería ha cambiado las normas y poco a poco lo de improvisar el condumio se va poniendo más difícil. O sea que hay que reservar y no sólo la mesa.
Y eso es lo que me jode.
Porque mira, lo de la mesa se entiende, pero lo del menú no me acaba de cuadrar. Porque, vamos a ver, si yo estoy de paso el Zamora y paro en Casa Zutano porque anuncian el menú en la puerta, y Zutano me toma nota y me da cinco primeros, cinco segundos y otros tantos postres a elegir en el momento… ¿por qué en mi pueblo tengo que decidirme dos semanas antes? Porque a ver, lo mismo elijo pochas y cachopo y el día de autos llevo un cuerpo jotero que está más para sopita y un pescado a la plancha. O a lo mejor resulta que, ya en el comedor, veo pasar al camarero con un plato que me parece interesante y digo: “Quiero eso”. O lo mismo una vez en el sitio en vez de la ensalada se me antoja un risotto porque sí.
Pues no, oiga. Tú reservas la mesa, te pasan el menú y eliges. Y la víspera del ágape puedes haber tenido una descomposición de espanto que el menú es el que es. Y en fin, que yo lo entiendo, las previsiones y eso, y que nadie quiere tener pérdidas, pero… ¿No se ha convertido el cliente en un poquito esclavo de estas prácticas, modernas y un tanto autoritarias? ¿No es bastante que tú decidas elegir un local donde comer (y dejar tus dineritos) como para que este te imponga la obligatoriedad de elegir un menú con tal antelación?
Que yo hablo, desde luego, desde el absoluto desconocimiento, pero, salvo en el caso de guisos muy puntuales (asados, paellas…) que requieren de una previsión ¿tan complicado es tener un fondo de armario culinario que permita al comensal decidir a la llegada? Que entiendo que para el restaurante es más cómodo que tú entres, te den la mesa y sepan lo que hay, pero el ir con un menú cerrado, al menos para mí, le quita a la cosa mucho encanto. Porque mira, antes de este despropósito corrías el riesgo de que cuando llegases ya no les quedaran calamares, pero te ofrecían otra cosa y punto. Y a la vez siguiente ya te ocupabas tú de andar más viva.
En resumen: que cada vez voy teniendo más la impresión de, en este terreno al menos, que es el cliente quien está a la disposición del hostelero.
#SafeCreative Mina Cb
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
sábado, 1 de agosto de 2026
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