sábado, 31 de octubre de 2026



DONJUANES Y DEGOLLADOS
(el Tenorio y Jallogüin)

¡Cuán gritan esos malditos!
exclama Don Juan Tenorio
Y abandona el escritorio
por localizar los gritos

A la calle a toda prisa
sale, airado, del figón
cuando un fantasma burlón
pasa, muerto de la risa.

Es la noche de difuntos:
zombies de morados ojos,
degollados, tuertos, cojos,
todos deambulan juntos

con sus atroces disfraces
que a nadie van a engañar:
funerario lupanar
de penosos antifaces.

Perdido entre tal Babel
don Juan se revuelve, inquieto:
Se está perdiendo el respeto,
sentencia, más para él.

Y don Luis que no aparece
para refrendar la apuesta.
¡Voto a Tal! ¿Qué broma es esta?
Tenorio no la merece.

¡Si al menos la bella Inés
lo recibiera esta noche!
Se oye a lo lejos un coche
de caballos… ¡Don Luis es!

Entran ambos en la tasca
y piden al tabernero
que eche al fogón un madero
porque en la calle hace rasca.

Y después, con sendos vasos
de tintorro peleón
empiezan la relación
de éxitos y de fracasos.

Conquistas, robos, matanzas,
duelos al amanecer…
Dos hidalgos de temer
a juzgar por sus andanzas.

El mozo del mostrador
les va sirviendo más vino
que alimenta el desatino
del relato aterrador.

Hasta que entra en el local,
la cabeza bajo el brazo
y un boquete en el regazo
un malcarado chaval

que, señalando su herida,
se acerca a los bravucones
y les dice: No hay cojones
de terminar con mi vida.

Y los dos, en un momento
y sin mirarse entre sí
salen por patas de allí.

Y aquí se termina el cuento.

#SafeCreative Mina Cb 

 

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