LO QUE REALMENTE PASÓ
(homenaje a Jane Birkin)
Tras una larga ausencia
y muchas excusas
venías a decirme adiós.
Durante la última visita yo había llorado,
sentada sobre el borde de la cama
el día de mi cumpleaños.
Fue un día horrible.
Y a la tarde siguiente,
cuando iba a despertarte de la siesta
con un beso
me dijiste:
“Deja de molestar”.
Ese día en que volviste
para decirme adiós
yo estaba en el andén
y te abracé entre lágrimas amargas
cuando llegaste a mí.
Fueron dos
(puede que tres)
días oscuros
al final de los cuales
yo te leía a Lorca y a Machado
sentada en el sofá,
tu cabeza apoyada en mis rodillas.
Después nos acostamos
y cuando Mark Knopfler anunció la hora
cargamos en el coche tu mochila
y subiste al vagón
sin tener el coraje de decirme
que llevabas meses engañándome con otra
y no ibas a volver.
Y sí…
Hacía mucho frío aquella madrugada.
#SafeCreative Mina Cb
Cuentos, poemas, historias... Soy Inma y os propongo que hagamos un club de cuentistas. Con imaginación. Con ilusión. Con esperanza. Un club donde pasar el tiempo, donde evadirse... Donde jugar a ser otro.
lunes, 17 de julio de 2023
domingo, 16 de julio de 2023
ESTUPENDA
Madremíademialma. Esto del pinchopote lo llevo cada vez peor. Entre eso y el calor estoy hecha un escombro. Bueno, y todo lo demás. Que anoche, cuando me metí en la cama, me toqué un bulto que yo pensé que era un picotazo de mosquito pero no. Era un señor nudo. O nódulo, que no sé cómo lo llaman los fisios. Lo que viene siendo uno de esos bolos duros que hincas el dedo y duele mogollón. Pues eso. Del brazo derecho ya ni me preocupo, es como si no existiera. Dicen que es codo de tenista pero yo lo llamo codo de cajera. Y la cosa esa del túnel carpiano, que como ya no me volvió a pasar… Y en cuanto a la contractura de la parte izquierda, a la altura del seno (la primera vez pensé que era un infarto, menudo latigazo) ahora de vez en cuando pincha. Digo yo que se estará metamorfoseando. Ah, y los dedos de las manos. Que a veces, según cómo agarre algo, se me bloquean y los tengo que abrir de golpe. Es superdivertido cuando vas remando, mola mogollón. Y lo de no poder girar bien el cuello, que desde hace años estoy en plan Robocop. Cosas del curro: el peso, la postura y las corrientes. Y no me vengas con ergonomías, por favor. Ni con protecciones porque estoy de los zapatos hasta el gorro. Que cuando me toca estar un rato quieta me destrozan los pies. Y hablando de los pies, esta mañana al ponerme en marcha me dolía la otra rodilla. Quiero decir la que no me ha estado doliendo los días pasados. La de la pierna buena. Que es esa que tiene las cicatrices y un sospechoso almohadillado algo insensible sobre la articulación. Pues esa es la buena. Porque la otra es la de la fascitis plantar, que como vino se fue, y la de la cadera más alta porque el tobillo está torcido y a mejor no va a ir y la consiguiente contractura cuando le viene en gana. Que claro, igual es ciática porque de eso a veces también tengo. Y luego que voy oyendo menos que el Goya de los aguafuertes. Y el punto del ojo, que resulta que le pasa a mucha gente y el oculista me dijo que el cerebro se acostumbrará. Bueno, también se ha acostumbrado a todo lo demás. El cerebro a eso y yo a lo otro: el descolgamiento, las manchas y verrugas dérmicas, las canas (un día me las dejo al aire y atomarporculo) y otras cicatrices de batalla. Y el bruxismo, que llevo años durmiendo con una férula porque si no me causo unos dolores de oídos del copetín. Y ese “uffff” que se te escapa cada vez que caes en un asiento. Y el que expeles cuando te levantas, que tampoco es manco. Y los nombres, que ya no los retengo. Y el ir al armario y al llegar no saber a qué has ido. Vamos, que si de un día para otro me despierto con todo lo que tengo, pero de golpe en vez de poco a poco, me corto las venas pero al ras. Y eso por no hablar de los efectos del paso de la meopausia “en esa zona”, en los que no me voy a recrear pero que todas conocemos. Y todo eso para que llegue la graciosa de turno y me suelte:
“¡¡¿¿Que tienes esa edad??!! Pues estás estupenda, chica”
#SafeCreative Mina Cb
sábado, 15 de julio de 2023
EXTRACTOR
Cuando compré el piso (¡bien!)
ya estabas ahí instalado,
reluciente y decorado,
aguardando a la satén.
Me gustaba, eso es verdad,
la bombillita amarilla
que alumbraba a la tortilla
en la semioscuridad
y esa mágica virtud
de tragarte las toxinas
que siempre son tan dañinas,
protegiendo mi salud.
Pero escuchar tu zumbido
continuo y desagradable
llega a ser insoportable
mientras estás encendido.
De modo que, por mi sano
equilibrio celular
te dejé de utilizar
y aún así sigues marrano.
#SafeCreative Mina Cb
Te manchas si te utilizo.
Si no te uso te engorrinas.
Te ponen en las cocinas
y haces un ruido enfermizo.
viernes, 14 de julio de 2023
CAMPANA SOBRE CAMPANA
Empezaré diciendo que me encanta el campaneo. Qué vamos a hacerle. Soy una romántica y, aunque bastante anticlerical, creo que el sonido de las campanas dota a los barrios antiguos de un aura señorial, un no sé que como medieval que invita a perderse por sus calles. Además de que en determinadas ocasiones, sobre todo en los días de fiesta mayor, el alboroto de los repiques hace que parezca que hasta el cielo está de fiesta. Pero como los tiempos modernos son lo que son, los campanarios se han adecuado a las necesidades actuales y respetan, como debe hacer todo hijo de vecino (y más desde la edición de la última y polémica Ley del Ruido) las horas de descanso comprendidas entre las diez de la noche y las ocho de la mañana. O sea casi. Quiero decir que todas pero no. Porque con las campanas sucede como con la aldea de Astérix, a saber: que me he dado cuenta de que un campanario resiste al invasor, o más bien a la normativa. Y creo que además es el de la Catedral, que aún está más feo. El caso es que toooodas las mañanas, a eso de las ocho menos cuarto, se escucha desde mi balcón un repiqueteo insistente aunque breve que tiene, imagino, como fin, el de avisar a los fieles del inminente comienzo del oficio religioso.
Pero vamos a ver, señor párroco, señores feligreses: ¿Es posible que a estas alturas, en pleno siglo veintiuno, con los relojes de pulsera, las alarmas del móvil, los despertadores, sigamos con el campaneo intempestivo? Que a ver, a mí las campanas durante el día, ya lo he dicho, no me molestan. Es más, lo de los cuartos y las horas hasta me sirve de orientación cuando algunas mañanas haraganeo entre las sábanas. ¿Pero en serio que es necesario semejante jaleo para las cuatro almas benditas que acuden a la misa de ocho? ¿No sería mejor, propongo, que hagan un grupo de whatsapp y luego cada cual se programe su despertador? O que sea el propio párroco quien les haga una perdida. O los llame directamente en plan, buenos días, Basilisa, espabila que ayer llegaste casi a la hora del padrenuestro. Y no vengas desayunada si vas a comulgar que ya nos conocemos. Detalles de ese estilo, personales y humanos como la propia santamadreiglesia. Y desde luego mucho menos molestos que darle al badajo tan temprano, que al pobre desgraciado que ha currado de noche y se acaba de acostar tras tomarse el colacao lo levantan en el aire. Y que oye, si a esas horas yo no puedo salir por ahí tocando la trompeta (bueno, en el plan que hay ahora mismo en este pueblo ni a esas horas ni a ningunas) no sé yo porque los curas se pueden pasar la normativa por el forro del alzacuellos.
He dicho.
#SafeCreative Mina Cb
miércoles, 12 de julio de 2023
PEGATINAS DE FRUTA
Pongamos que se llamaba Serafín y que era artista. Coincidimos en un recital donde él tocaba y yo leía y el flechazo, como en la canción de Mecano, fue instantáneo. A partir de esa noche a empezó a mandarme audios por telegram a todas horas. Porque él, fiel a su cualidad de ser distinto, consideraba el whatsapp una vulgaridad, además de una forma de colonialismo. Habíamos hablado de tomarnos el asunto con calma pero no fue así. Y desde luego que yo no fui la responsable. Pero era tan meloso, me decía cosas bonitas y me hablaba de la suerte que habíamos tenido en encontrarnos; tanta que le había hecho recuperar la ilusión por el amor. Y que me iba a querer y a cuidar. Y para siempre. Y al final de cada mensaje me llamaba guapa y me repetía que me quería… Y claro, tanto insistió que yo me lo tragué. Bajé la guardia y me enamoré como una gilipollas.
Nos vimos, también como en la canción de Mecano, tres o cuatro veces. No daba para mucho más porque al vivir en localidades diferentes sólo hacíamos planes los fines de semana, cada uno en una casa. Aquel último encuentro se produjo en la suya. Por cierto, que antes se me ha olvidado mencionar un importante detalle, y es que Serafín pasaba hablando (de sí mismo) todo el tiempo que no invertía en estudiar o en tocar la guitarra. Y esa característica es importante para entender lo que relataré a continuación.
Estábamos, como ya he dicho, en su casa. Era domingo y terminaba el fin de semana. Habíamos acabado de a cenar y tocaba sobremesa en la cocina. Él hablaba. Todo el tiempo y de personas a las que yo no conocía. Había intentado, como muchos músicos, la aventura de Madrid, que no le salió muy allá, y le gustaba contarme sus historias en la capital. Ya se había dado la misma circunstancia la semana anterior, también en la cocina pero de mi casa. En esa ocasión, y aún teniendo una mesa alta con taburetes, estuve a punto de quedarme dormida con la cabeza apoyada sobre el puño y no exagero. Por tanto me estaba viendo venir algo parecido. En mi cabeza retumbaba su voz mezclada con los nombres de personas cuyas vidas me importaban un carajo y hacía un rato que no les quitaba ojo a las pegatinas de fruta que decoraban una buena parte del alicatado de la pared. Porque Serafín tenía la manía de pegar los adhesivos de la fruta en las baldosas. Que ese detalle ya me tenía que haber puesto un guardia desde el primer día. Pero el amor es lo que tiene y ahí estaba yo, cabeceando sin que él se apercibiera, con una sonrisa amodorrada y deseando que la charla acabaste de una vez, cosa que no parecía ir a suceder en toda la noche y por la cual, y aprovechando un momento en el que el paró para tomar aliento, argumenté, tímida pero firmemente: “¿Sabes? Yo también soy brillante y tengo cosas interesantes que decir”.
A la mañana siguiente me dejó.
#SafeCreative Mina Cb
Moraleja: Desconfiad de quienes amontonen pegatinas de fruta en los azulejos de la cocina.
Esa gente no es normal.
martes, 11 de julio de 2023
CHICHARRINA
Anuncian los cansinos agoreros
una vez más calor insoportable:
“Beba usted agua y sea responsable”,
te dicen en la tele los voceros.
“Use bermudas, guarde los vaqueros.
Lleve ropa fresquita y confortable
y aunque le entres deseos, sea amable
y no circule por la calle en cueros”.
Y es que tras el diluvio se adivina
como cada verano, y sin remedio,
un tiempo de angustiosa chicharrina.
Toca encerrarse cual quien sufre asedio
y encender más bien poco la cocina.
Aquí, ya sabes, no hay término medio.
#SafeCreative Mina Cb
lunes, 10 de julio de 2023
KAMASUTRA
(de sofá)
Han sido unos días de locos. De viajes y de eventos. De sorpresas y sustos (buenas las primeras, malos los segundos). De alegría y de miedo. Bueno, más que miedo precaución. De ensayos y nervios y sobresaltos y al final puesta en escena y luego esas horas en la nube que te dejan dormir pero no descansar. Y el cielo gris y las tormentas. Y la cada vez menos velada amenaza de la Naturaleza de que nos vamos al carajo por la vía rápida y sin posibilidad de recular. Y los turbios vientos políticos que se van acercando. Y el trabajo con sus pequeñas batallitas. Y entre unas cosas y otras la falta de ese tiempo necesario para abandonarse. Para decir hoy sí, esta es la mía, este es mi reino y de aquí no me va a mover ni dios. Domingo al fin y con una chicharra que es pecado poner un pie en la calle. Sofá, ventilador, móvil, ebook y pelis por un tubo. Que en realidad no le haces caso a nada, o sea el último libro interesante me lo acabé anteayer y ojeo uno de anécdotas, y en cuanto al móvil me dedico a comunicar las novedades (que las hay, y más que buenas) a las amigas que he dejado en el olvido. Y el mando: mil canales y todos una mierda, paso de las plataformas de pago que te roban la vida amarrándote a sus tramas.
Pero vamos, que me da lo mismo. Hoy es mi día. Toca kamasutra de sofá. Cambiar de posición hasta que los huesos se me astillen. Entregarme a la holganza sin pausa ni medida. Disfrutar de la sombra y de la paz. Gozar de la postura horizontal como si a partir de mañana me esperase una ascensión al Everest sin serpa y sin oxígeno. Aburrirme sin ningún plan ni complejo mientras la grasa reluce sobre el embellecedor del extractor de la cocina (el único electrodoméstico que se ensucia sin ser utilizado) y el reloj va marcando, lentamente, el discurrir de los minutos de esta perezosa tarde.
¿He dicho alguna vez que me encantan los domingos?
#SafeCreative Mina Cb




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