viernes, 10 de julio de 2026


 

LAS GLORIOSAS TARDES DE INDURAIN

Que no existía el Feisbu ni nos hacía falta. En fin, ni el Feisbu ni internet. Al menos como ahora. De hecho, creo que ni las cámaras digitales existían. Y, de hacerlo, no le daba a cualquiera para una.

Pero nada de eso nos hacía falta, porque aquellas gloriosas sobremesas se nos quedaron en la memoria como el Hola don Pepito. Y eso ya no nos lo quita nadie.

Me acuerdo de una vuelta a Navarra en que mi cuñado anduvo trasteando con la organización. “Hay un chaval muy alto que promete”, nos decía. Pero claro, en los tiempos de Perico prometía todo el mundo. Porque después de ver a un español vestirse de amarillo en París la cosa ya no tenía vuelta atrás. Y el chaval era del Reynolds, que era nuestro equipo, y además de aquí.

Y así comenzó todo, con esa escapada tonta con Ciapucchi que lo vistió de amarillo en Val Louron. Fue en el 91 y con el mismo maillot entró en los Campos Elíseos y se subió al pódium con el leoncito del Crédit Lyonnais. Y durante cinco años, cinco, los navarros y navarras nos quedamos sin siesta el mes de julio por culpa de las ruedas lenticulares de Miguel, que rodaba con el pañuelico rojo el día de San Fermín. Y aprendimos lo que eran un sprint y una pájara y una meta volante. Y les cogimos manía a Rominger y a Bugno. Y botamos del sofá cuando doblaba a sus rivales en las contrarrelojes. Y coreamos, dando botes, el grito de Induráin, Induráin a ritmo de bombo de charanga después del chupinazo. Y cuando ya ganó también el Giro al rosado de Murchante lo empezamos a llamar Induráin. Y nos sentimos orgullosos de compartir con él terruño, y de que un tío de aquí, aunque fuera un poco sieso, llevase el nombre de Navarra por el mundo de una forma tan gloriosa. De que nos representara. De que nos pusiera en el mapa. Y de que lo hiciera, además, con tal modestia y generosidad. De que cediera las victorias de etapa a sus compañeros de aventura. De que hiciera partícipe de sus éxitos al equipo. De que tuviera ese pedazo de actitud ante cualquier rival. De que ocultase el sufrimiento. De que no culpase a nadie de sus errores o desgracias.

De que fuera, en definitiva, un campeón de los que marcan una antes y un después. De los que hacen escuela. De los que asombran.

De los que no se olvidan.

#SafeCreative Mina Cb

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