miércoles, 9 de septiembre de 2020





UN FRANCÉS CON MASCARILLA

A ver... no me os vengáis arriba los malpensados que esto no va de sexo sino de lengua. Perdón, de lenguas. O sea de idiomas, que en lugar de arreglarlo lo voy empeorando cada vez.

Va de idiomas porque esta mañana he pasado por la puerta de la Escuela de Idiomas y me he dado cuenta de que son los grandes olvidados de la corriente de solidaridad desatada por al vuelta alcole. Porque sí, los profes de primaria lo tienen chungo, claro. Con toda esa chiquillería que controlar. Y con que no se intercambien las gomas ni los lápices ni las mascarillas. Y que no se den mordiscos en el patio. Y que no se abracen ni se besen. De hecho, es tal el concienciamiento que incluso se han creado corrientes que defendían la educación on line de los críos por el tema del riesgo de contagio. Que igual sí es para tanto o igual no. Que digo yo que algún día tendremos que empezar a habituarnos a vivir con el bichejo ese y que sea lo que tenga que ser. Que hay quien en vez de de coronavirus se va a morir de asco, seis meses ya y lo que nos queda...

Pero a lo que iba. Que nadie ha pensado en ellos: en los profes y profas de idiomas. Que lo van a tener complicado para impartir sus enseñanzas. Porque, a ver, si ya de por sí no nos entendemos sin mascarilla y hablando todos en el mismo idioma, no quiero imaginarme lo que va a ser un aula de alemán con toda la peña emitiendo sonidos guturales tras el tapabocas. Y el profesor sin coscarse de la misa la mitad. Y ya ni os cuento cuando, en los primeros días de curso del primer nivel, hay que explicar al alumnado lo de la pronunciación. Que yo me acuerdo que en el Insti tuve una profe de francés que se ponía delante del encerado para enseñarnos cómo había que poner la boca para pronunciar las “e” y con la última, la abierta, parecía Doraemon berreando. Pero mira, que te quedabas con la copla y lo hacías bien. Aunque luego, al repetirlo a coro, en vez de alumnos pareciéramos ovejas: e, E, EEEEEEE. Y la de inglés con el pasado: “wanted”, que te decía “wontit”, y te ponía delante la boca abierta con la lengua pegada a la parte interna de la dentadura, y ya de paso te soltaba un escupitajo en la nariz, que ahora hace eso y se la llevan detenida por terrorismo sanitario. Y los morrichus del diptongo galo “ui”... y otros mil ejemplos de formas de pronunciación que no se aprecian ni en el papel ni en la pizarra. Que ya me veo yo al profesorado poniendo vídeos de youtube y a los alumnos haciendo muecas detrás de la mascarilla, echándose las manos a la cabeza y repitiendo “yenecomprepá, yenecomprepá”, y al final el timbre y todos saliendo en tropel sin haberse enterado de nada. Y el examen oral dentro de una pecera, a muerte y sin red porque no le han visto la boca al profe en todo el año...

En fin, que yo que los docentes, o pedía un plus o presentaba la renuncia.

Porque menudo plan...

#SafeCreative Mina Cb

martes, 8 de septiembre de 2020





SANYTOL

No hay Sanytol que borre
(ni aún en plena pandemia)
las sonrisas colgando del espejo.

Nadie sabe qué vez será la última
hasta ver los indicios

filtrarse grises, entre las cortinas
la primera mañana de abandono

cuando la libertad se vuelve fardo 

y amargan las entrañas.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 7 de septiembre de 2020




ARISTÓTELES Y PLATÓN

Hay por ahí un tío que le tira los tejos a una amiga y que acude con cierta frecuencia al mismo bar que yo. Me gusta ira al garito porque, aparte de que me cae cerca y el camarero es un tío de puta madre, es el típico local al que puedes ir sola y sentarte a leer o a escuchar música sin que te moleste nadie. O sea, ideal para una tía rara como yo.

Pues bien: la otra tarde había quedado con un amigo y al llegar vi al tipo sentado en una mesa. Hice lo preceptivo en estos casos, que es saludar y sonreír, aunque con mascarilla la sonrisa no se vea, para después entrar al bar a pedir mi cervecita, echar una pequeña charla con el dueño y salir con mi vaso, rumbo a una mesa vacía, a disfrutar de la música, excelente siempre, que se escucha desde la terraza mientras esperaba a mi amigo, situación que al pretendiente le debió de parecer oportunísima para hacer méritos de cara a la conquista de mi amiga ya que, aprovechando que pasaba cerca, se me aproximó y me dijo: “Acabo de empezar un libro estupendo. Si quieres, cuando lo lea te lo presto”.

Tengo un buen amigo que sostiene la teoría de “no me des nada a ser que yo te lo pida” y tentada estuve de soltarle la frase al mozo, que me parece, la verdad, y lo conozco poco, un tanto cansino, pero como soy medio educada rechacé su ofrecimiento y continué mi camino hacia la mesa, birra en mano. Al llegar al la misma se me volvió a acercar, esta vez vendiéndome las excelencias de la obra, que era una revisión, me dijo, de textos de Aristóteles y Platón, entre otros. Yo comencé a encenderme y respondí que no me interesa la filosofía. Él replicó que no es filosofía. Yo argumenté que sí es filosofía. Y que no me interesa. Él le echó un ojo a la sinopsis de la contraportada y reconoció que bueno, a lo mejor sí que lo era pero que había empezado a leerlo y estaba bastante bien e insistió en prestármelo. Yo le respondí, ya bastante harta, que no quería que me prestase el libro y que no necesitaba manuales que me enseñasen a analizar la vida, cosa que creo ser capaz de hacer por mí misma. Y que era muy feliz y no me hacía falta cambiar el pensamiento. Se lo solté un poco ya de mala hostia, la verdad, pero es que el hombre se estaba poniendo muy pesado, tanto que estuve por decirle que lo que necesitaba no era que me prestase el libro sino que me dejase en paz. Menos mal que se fue antes de que la frase saliera de mi boca, llevándose a otro lado su libro y sus aspiraciones de cara a la conquista de mi amiga, momento tras el que me repantingué en la silla y le di el primer sorbo a la cerveza mientras arrancaban los inconfundibles compases iniciales de “Brigada”, de los León Benavente. Y cerré los ojos, sonriendo, ya sin mascarilla, y pensando que van a venir Aristóteles o Platón o cualquier cansino histórico a enseñarme a mí cómo se disfruta de la vida.

… A estas alturas.

#SafeCreative Mina Cb

domingo, 6 de septiembre de 2020




DOMINGO

Es raro

cuando el domingo avanza plano
despacio y sin tu risa

poniéndole calor a la mañana.

#SafeCreative Mina Cb

viernes, 4 de septiembre de 2020




EFECTOS SECUNDARIOS


Ya está aquí. Ya está sucediendo. Y mira que en marzo lo vaticiné, pero como no dejé constancia escrita pues ahora a ver quién es el guapo que me cree. O la guapa. Y es que yo lo avisé desde el principio: que tanta higiene no es bueeena, que tanta higiene no es bueeena... Pero ni caso, el personal a lo suyo, con el guante, el gel y la puta paranoia. Lo hablé con una amiga. Nunca ha sido mejor momento- le dije- para hacerse ladrón de pisos. Porque con tanto jabón y tanto alcohol y tanta toallita, como esto dure mucho se nos van al guano las huellas digitales. Que corrió mucho el chiste ese del que le había aparecido un sello de Cocorico en la muñeca de tanto lavarse pero a ver... que yo tengo un amigo que llevaba una mariquita en el meñique y se le han ido los puntos.

Claro que yo lo dije sin más, en una teletertulia de estas de whatsapp, que de bares no podíamos salir entonces. Se lo dije a mi amiga y le hizo mucha gracia pero ahí quedó la cosa. Y al poco, cuando ya hubo mascarillas, los especialistas nos dijeron que los guantes no hacían falta porque los gérmenes se amontonan en su superficie y hala, más jabón y más gel y más alcohol. Y como no usas siempre el mismo y además en todas partes te obligan a higienizarte cuando entras, pues al final la piel va perdiendo sustancia y pasa lo que pasa, o sea que vas a renovarte del DNI y tienes que probar con todos los dedos para echar la huella. Que es lo que yo dije desde el minuto cero y una clienta me lo confirmó la otra mañana. Que se quedó perpleja, dedo va dedo viene, mientras el funcionario le decía, un tanto hastiado aunque muy profesional: “No se preocupe, señora, si esto le pasa a mucha gente: tanta higiene tanta higiene y al final hasta la huella se va acabando por borrar.”

Así que al fin me he decidido. Que todavía queda el mes de septiembre y hay mucho personal que se tiene que ir de vacaciones. Y con este curro mío que es de tan tocar llevo las yemas tan quemadas del desinfectante que creo que no me tiene que quedar un surco digital. O sea que me voy a dedicar a vaciar pisos por las noches. Llamaré a un amigo que tengo que se le da bien eso de abrir puertas y que por su ocupación tiene que tener todas las huellas y nos asociaremos: él descerraja y yo desvalijo. Y luego ya pueden venir los forales con los polvos blancos, ya, que no van a encontrar ni un rastro de la Minina y su compinche.

En fin... que ya sabéis: si de aquí a unas semanas dejo de escribir, o estoy hartándome de dar la vuelta al mundo o me han pillado y estoy en el talego.

Que ocasiones como esta es de tontos dejarlas escapar.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 3 de septiembre de 2020




HE CONOCIDO A ALGUIEN

Quien piense que una pandemia es lo peor que le puede pasar a uno está muy equivocado. A ver, que se me entienda que no trato de quitarle méritos al señor Covid, pero el que crea que la existencia de un virus asesino hace que el mundo se detenga y dejan de pasar cosas debería de volver al jardín de infancia, eso sí, con mascarilla, porque la vida es sí es una ruleta en la que lo mismo arrasas que te quedas con el culo al aire.

Y es que lo del virus ha desatado un tsunami emocional en el entorno en que me muevo. No me preguntéis por qué, pero últimamente, la frase de que más oigo hablar no es “He dado positivo”, sino “He conocido a alguien”. Que bueno, mejor estar sano que enfermo, desde luego, no voy a comparar, pero hablemos claro, que un positivo leve se solventa con fiebre y quince días confinado, pero un he conocido a alguien cuesta una buena temporada de llantina hasta que se recupera la autoestima. Y luego que no sé yo qué clase de medidas de seguridad guarda esa gente que “conoce a alguien”. Porque en estos tiempos no está la cosa como para jugársela, pero oye, que pasar pasa. De hecho, en el último mes yo he sido testigo de tres casos. Y de eso no dicen en la tele nada, ni están trabajando para la vacuna, ni exigen mascarilla. Además, me da que para cuando te sueltan la frase ya llevan tiempo saltándose los dos metros de distancia con el otro o con la otra. Porque decir algo así cuesta lo suyo. Tú te pones delante del espejo y lo ensayas mil veces. Pero cuando tienes delante a la persona humana te entra el canguelo y te lo callas. Y sigues conociendo por un lado mientras por el otro guardas las distancias. Hasta que un día la parte contratante se mosquea y cuando llegas a casa te la encuentras en pelota picada junto al microondas y con la PCR negativa colgando de los dientes. Y te pone en un brete y al final lo tienes que soltar. Así, sin anestesia ni preparativos ni delicadeza. Le echas una manta por encima y se lo dices, heconocidoaoalaguien. Y al otro o a la otra se le cae el papel de entre los dientes porque cuando te dicen que han conocido a alguien es porque ese alguien les pone más que tú. Y te cagas en el conocimiento, en la distancia, en los 100 pavos de la PCR y en la botella de cava de la Nochevieja de 2019. Y es entonces cuando coges el papel del resultado del suelo, te lo metes a la boca, lo masticas hasta hacer una bola y luego se lo escupes en la cara y le sueltas, antes de largarte con lo imprescindible:

“Ojalá lo pilles”

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 2 de septiembre de 2020




FUTURO REMOTO

Se arrugara la piel y quedará 
este talento mío para el verso. 

Cuando ya los cabellos 
no conserven en su lustre 

y esos cuerpos lozanos 
junto a los que yacimos
sean sólo una sombra

seguirán las palabras brotando de mis dedos... 

Y entonces 
…....... se verá.

#SafeCreative Mina Cb