miércoles, 14 de enero de 2026


 

EL CARAMELO

La otra mañana tuve un presentimiento. En fin, no sé si era exactamente eso pero fue parecido. Como una proyección en el futuro lejano.

Muy lejano.

Lejanísimo.

Estaba llenando la lata de los caramelos y se me cayó uno al suelo. Debajo de una estantería. Que no hay mucha profundidad y el hueco es accesible, pero me daba una pereza enorme agacharme para recoger la golosina. Y dije, ya si eso cuando pase la mopa. Pero es que yo paso la mopa más bien poco y más bien mal, de modo que me rumié que el dulce podía pegarse ahí hasta que dentro de mil años, un alcalde que ya no fuese Toquero (espero) decidiera retomar las excavaciones de San Nicolás, ampliando el radio de investigación algunos metros, y un arqueólogo (o arqueóloga o arqueólogue) del siglo XXXI diera con el amasijo pegajoso aún envuelto en celofán y elaborase un perfil histórico muy poco favorable para con la gente de mi época. Y me pareció una responsabilidad tan tremebunda que no sólo lo recogí sino que además me lo metí en la boca de inmediato.

Así en vez de con el caramelo se toparán con la caries de una monia.

#SafeCreative Mina Cb

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