sábado, 20 de julio de 2013




QUE LA VIDA SEA SUEÑO
 
Hay que buscar demasiado para hallar algo real:
La realidad se escapa…
se diluye en el helado viento convirtiéndose en lágrimas doradas.
 
Es extraño:
es increíblemente extraño:
el cielo está ahí arriba y, sin embargo,
nadie es capaz de construir una escalera para llegar a él…
Nadie puede tan siquiera tocarlo con un dedo,
nadie sabe con certeza si su azul es tan azul como parece desde aquí.
 
Quizá la realidad que deseamos sea tan sólo un sueño,
el producto de una mente desquiciada e infantil;
quizá la realidad no existe o quizá
(¿por qué no?)
quizá simplemente la construimos entre todos…
Aunque a ninguno nos guste.
 
Quizá el amor sea tan sólo una fascinación repentina;
quizá la amistad es únicamente una quimera;
quizá la vida ni siquiera es vida;
quizá todos nosotros seamos un sueño de nosotros mismos
en cuyo caso, la realidad no tiene sentido.

viernes, 19 de julio de 2013




HISTORIA DE UN BESO
 
La vio venir desde bien lejos, y eso que aquella mañana lo llevaban metido en la burbuja a causa de la ventolera y de ese aguacero intermitente que había recubierto el plástico de gotitas, que entre eso y el vaho de su propio aliento iba el pobrecillo más ciego que un pez frito.
 
Pero la vio, no obstante. O la olió tal vez… o a lo mejor es que la adivinaba, que la intuía como los animales del bosque intuyen el incendio y se ponen a salvo de inmediato. Claro que para él era bastante más difícil: todavía no andaba bien y además lo llevaban atado a la silleta. Y tampoco sabía hablar, con lo cual no podía decirle a su madre que diera media vuelta antes de que ella, que no los había visto todavía, pudiera descubrirlos.
 
Se ocultó como pudo. Deslizó el gorro hasta debajo de los ojos, se embozó tras la bufanda y se incrustó bien la capucha en las mejillas. Lo hizo todo por instinto, sin pensarlo, mientras iba notando cómo el taconeo se aproximaba, aceleradamente, y un espantoso grito rasgaba la hermética paz de su burbuja. La intrusa desenganchó los cierres y abrió la protección, arrancándole el gorro y la capucha de un certero y amoroso zarpazo para después pellizcarle los helados mofletes gritándole, como una grulla:
“¿Quién te quiere a tíííííí?”
 
El pequeño rompió a llorar con desespero, azotado su rostro por el viento y la llovizna, mientras su madre le despojaba de la bufanda al tiempo que de la dignidad para obligarle, eso sí, armada de la más dulce de las sonrisas, a depositar un beso en la mejilla de la tipeja aquélla, que siempre le acababa llenando de babas la nariz.

miércoles, 17 de julio de 2013





IDEAS
 
La perseguían las ideas… desde niña… constantemente y de la misma forma que a otras amiguitas las perseguían los cromos de las colecciones de los chicles Nina, o la obsesión por los príncipes azules, o la manía de comerse las hormigas en el patio…
 
Así que la pobre vivía arrinconada, inmersa en su mundo de fábula, colgada siempre de las nubes, eterna inquilina de la luna de Valencia… Sus profesoras no sabían ya qué hacer con ella, tal era la gravedad de su ensimismamiento; y en cuanto a su madre, la pobre mujer la había dado ya por imposible confiando en que, como le decía el pediatra acerca de esa erupción cutánea que la asaltaba cada primavera, esa particular melancolía que la caracterizaba desaparecería al hacer el cambio: al pasar, como cantaba Julio Iglesias, de niña a mujer.
 
Pero fue peor el remedio que la enfermedad, porque al llegar la adolescencia sus fantasías evolucionaron y pasó de querer ser Margarita Gautier a convertirse en una mezcla de Frida Kahlo y Dolores Ibárruri. Y la expulsaron mil veces de clase. Y la llevaron al despacho del jefe de estudios, que era un hueso con fama de cabrón impresentable que la puso a caer de un burro durante cerca de un par de horas mientras ella se aguantaba la risa como podía, porque mientras él le decía de todo, intentando acochinarla, ella echaba mano de su poderosa inventiva para imaginarse al tipo aquél sentado en el retrete, aquejado de una crisis de gastroenteritis y descubriendo con horror que se acababa de terminar el papel higiénico. Al psicólogo le costó aguantar el tipo mientras la chica lo contaba, encerrada en el despacho y en presencia de sus padres, exponiendo sus argumentos como si aquellas reflexiones fueran lo más normal del mundo, cuando su madre, quizá consciente al fin de que lo de su niña no tenía cura conocida, se dejó caer sobre el sofá, la cabeza entre las manos, derrotada y musitando entre sollozos… “Le juro, señor, que no sé de dónde saca esas ideas…”
 
Fue entonces cuando la muchacha se le acercó, se arrodilló hasta colocar su cara frente a la de ella y le dijo, serena y dulcemente:
 
“De la cabeza, mamá… De la cabeza”


lunes, 15 de julio de 2013




ADIVINA…
 
Adivina, adivinanza…
¿Qué es lo que piensas y callas?
 
Adivina, adivinanza…
¿Qué tengo que adivinar?
 
¿Qué guardas en tu garganta
que te impide respirar?
 
 
 
Adivina, adivinanza…
¿Es hastío o es nostalgia?
 
Adivina, adivinanza…
¿Es cólera o soledad?
 
¿O es acaso la respuesta
que yo no alcanzo a escuchar?
 
 
 
Adivina, adivinanza:
el juego de la verdad…
 
Adivina, adivinanza:
soy humana nada más…
 
Mi pensamiento no es magia:
No adivino tu pensar


jueves, 11 de julio de 2013





NADA
(o la fortuna de haber nacido libres)
 
 
Nada muestras.
Nada veo.
Me aventuro a imaginar…
 
El telón
de tus cabellos
oculta la identidad.
 
El dibujo
de tus senos
esbozados nada más.
 
La ambigüedad
de tu cuerpo,
arco presto a disparar.
 
 
Ángulo
casi perfecto:
geometría sensual
 
 
¡Qué lindo
se ve tu encierro!
¡Que bella es la libertad!

 

 


miércoles, 10 de julio de 2013




CAMINAR
 
Caminar
mi mano en tu mano y la noche
llegando en silencio
 
Caminar
sin destino y sin prisa, las sombras
nos marcan el rumbo.
 
Caminar
escondiendo los pies entre el polvo
como hacen los niños.
 
Caminar
sin sentir nada más que el presente…
Precioso momento.

 

 


lunes, 8 de julio de 2013





EL CORAZÓN DE TRAPO
 
Nunca había tenido buena puntería. De hecho, sus amigos jamás le dejaban jugar a los dardos. Las pocas veces que lo admitían era porque si no los equipos eran impares. E incluso entonces tenía que soportar broncas y chanzas, amén del gesto de horror de todos, que se apartaban de la zona de tiro cada vez que llegaba su turno. Claro que no era para menos, porque en cierta ocasión había llegado a cargarse una bombilla de un dardazo.
Así que cuando pasaron por la feria cogidos de la mano, aquélla primera noche, y ella posó sus lindos ojos verdes sobre el corazoncillo primero y luego sobre él, el chaval se derritió como un terrón al contacto con el café caliente. Y se juró que lo conseguiría para ella. Pero como el amor es ciego, que no gilipollas, no lo intentó en aquél momento. Por nada del mundo se hubiera arriesgado a un ridículo tan espantoso como el de que ella comprobase su torpeza. Así que la invitó a montar en la noria para desviar su atención y a la mañana siguiente se presentó sólo en la garita y se fundió más de tres horas y la totalidad del presupuesto con que contaba para pasar la semana en conseguir el corazón. Y no lo logró por su pericia, sino porque el dueño de la barraca se lo acabó regalando cuando el pobre chico, agotada hasta la última moneda, le contó la historia de la ninfa de los ojos verdes.
 
La llamó por la tarde para dárselo. Lo envolvió en un hermoso papel floreado con un enorme lazo y una etiqueta de “Deseo que te guste” que había recuperado de un viejo paquete. Ella lo abrió con ansia, arrancando los lazos y rasgando el papel, y una expresión de pasmo y de disgusto se dibujó en su rostro al descubrir el corazón de raso:
“Vaya- le dijo- semejante envoltorio para un juguete de feria. Pensaba que sería algo más valioso”
 
Y dejó caer el almohadón al suelo para después darse media vuelta y dejarlo ahí, los ojos llorosos, absorto en la contemplación del corazón de trapo.