jueves, 12 de marzo de 2026


 

ARÁCNIDO

No os había dicho, pero desde hace unos meses tengo una araña de mascota. Es de esas inofensivas, de patas flacas, y aunque creo saber que puede haber establecido su guarida tras el respiradero del baño, la verdad es que no sé muy bien dónde podría empadronarla. Aparece y desaparece como el Guadiana: tan pronto no la ves en varios días como luce toda ufana oteando desde lo alto el plato de la ducha, se pasea en el salón sobre mi punto de lectura o a lo largo del techo bajo el que tejo el sueño.

El otro día se lo comentaba a una amiga a la que le horrorizan los arácnidos y me decía que ella no podría pasar la noche en el dormitorio porque le da miedo que se le pueda llegar a meter en la boca y claro, desde que me lo dijo, yo ya no miro a mi mascota igual. Es más, desde ayer estoy bastante preocupada porque le he perdido el rastro y yo me digo: “Mira que si me la he tragado mientras dormía”. Se lo he comentado a mi amiga y esta me ha respondido que lo mismo, si así ha sido, alumbro un bebé araña. La cosa me ha hecho gracia, pero resulta que al rato, mientras me duchaba, he descubierto que en el lugar que ocupaba mi bichito hay ahora una araña más pequeña. Así que tal vez la suposición de mi amiga se ha materializado y me he convertido en madre de un pequeño ácaro, lo cual tampoco me disgusta demasiado, todo hay que decirlo, puesto que imagino que la manutención de un insecto no tiene que acarrear demasiados gastos: no hay que llevarlos a la escuela, no hacen extraescolares, no tienes que darles paga ni comprarles chándal y uniforme…

Lo único que de verdad me jodería es que, cuando llegue a la adolescencia, me salga con que se siente homínido.

Que entonces de verdad que le doy un zapatazo.

#SafeCreative Mina Cb

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