miércoles, 18 de febrero de 2026


 

LOS CALDEREROS

No me da la vida esta semana para los reconocimientos y eso mola. El lunes el cumpleaños de uno de los artífices de los textos del Paloteao de lo Viejo, ayer el polifacético Mateo y hoy ellos:

Los Caldereros.

Si alguien me llega a decir hace mil años, cuando me iba con ellos de zuritos, que esta cuadrilla se iba a convertir en lo que es ahora, lo primero que hubiera hecho hubiese sido quitarle el cubata al adivino, porque eran de las pandillas más broncas y gamberras de los inicios de los ochenta. Más de una vez y más de dos nos apagaron, yendo yo con ellos, las luces del Aladino y se suspendió la sesión por los follones que montaban. Bueno, ellos y otros. De hecho, eran tan tremendos que hasta llegué a escribir acerca del variopinto grupo un par de romancillos que todavía duermen entre sus carpetas.

El caso es que a mí la vida me llevó por otros derroteros pero, lo que son las cosas, desde hace casi dos décadas comparto barrio con la que fue la cuadrilla de mis primeras juergas y escenario en el Paloteao con un par de sus miembros. Son buena gente que se vuelca en lo festivo y lo social y me consta que unos cuantos trabajan activamente en el programa “Creando Redes”, de Cruz Roja, que promueve actividades para los mayores con el fin de que no se sientan desamparados, tanto que hasta prestan su sede para le celebración de una comida popular, amén de su participación en las fiestas de la Verdura y en otros muchos actos que requieren de más voluntad que ánimo de lucro.

Y es precisamente esa inquietud lo que los ha llevado a preparar el fiestón con que salieron a la calle los pasados Carnavales. Que vale que la idea no es original, pero al nombre de la peña le iba al pelo. Y cuando se cuenta con amistades como las de Balma o los Perez de Obanos todo es mucho más fácil. Porque, aunque la tradición de salir con cacharros a hacer ruido ya exista en otros lares, la partitura y la coreografía son autóctonas. Y me consta que se lo han currado, porque llevan preparándolo (y ensayando) una buena temporada. Aunque claro, es pasaba lo que pasa cuando haces algo nuevo, y es que te da por pensar que lo mismo no viene nadie.

Pero vino gente. Y mucha. Hasta un oso se apuntó al cortejo de cucharas, cazos, faldas, pañuelos zíngaros, sombreros negros y quincallería que llenó de música y color el peculiar desfile. Ojo, y música fetén. La fiesta fue un éxito y la popular cuadrilla demostró que para hacer Tudela no se necesitan insignias ni banderas ni discursos. Solo voluntad, buena gente, entusiasmo y muchas ganas de hacer disfrutar a la población. Porque si hay algo que está bien claro es que podían haber montado el sarao en la sede y que la fiesta fuera particular, como el patio de mi casa. Pero eligieron salir a las calles, e invitar a bailar a los vecinos, y compartir su ocurrencia, regalando al barrio un espectáculo que llenó de color una mañana gélida.

Pues eso: Que bienvenida sea esta nueva tradición y que un hurra enorme por los Caldereros.

#SafeCreative Mina Cb

Eso es amor por Tudela. Y lo demás es postureo.

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